El golpe de suerte que ansiaba el sultán

Tras el fracaso de la asonada, Erdogan tiene más argumentos para ahondar en su modelo de Estado autocrático

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, ayer, a su llegada a Estambul tras el fracaso del golpe
El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, ayer, a su llegada a Estambul tras el fracaso del golpe

Tras el fracaso de la asonada, Erdogan tiene más argumentos para ahondar en su modelo de Estado autocrático

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, sueña y gobierna a lo grande. La inauguración de un suntuoso palacio con mil habitaciones para rendir culto a su propia personalidad queda como una anécdota comparado con su desmedida ambición por moldear a su antojo un país hegemónico con raíces islamistas.

Las primeras declaraciones del mandatario tras el fracaso de la asonada dan una pista de la deriva que puede tomar la situación en las próximas semanas. «Este levantamiento es un gran regalo de Dios para nosotros. Porque el Ejército será limpiado», advirtió poco tiempo después de aterrizar en Estambul. Los golpistas «pagarán un precio muy alto por la traición», añadió. El mandatario tiene una larga experiencia en purgar el Ejército. Desde que llegó al poder en 2003 ha venido impulsando una criba entre los militares para eliminar a los rivales y colocar a generales islamistas de su agrado.

Aunque muchos turcos y todos los partidos políticos renegaron del golpe en la madrugada del sábado, está por ver si el presidente entenderá la intentona golpista como un tarjeta amarilla, abriendo mayores espacios democráticos o, en cambio, profundizará en el modelo autocrático que inauguró poco después de llegar al poder en 2003, un proceso en el que han sido silenciados y perseguidos jueces, policías, militares, medios de comunicación incómodos y todo aquel que se pusieran enfrente del Gobierno.

Uno de ellos fue Fetullah Gülen, un poderoso clérigo turco que ayudó a ganar las elecciones al partido de Erdogan, el AKP, pero que tras un caso de corrupción acabó rompiendo la relación hasta el punto de convertirse en la bestia negra del jefe del Estado. «Tengo un mensaje para Pensilvania (el lugar donde vive exiliado Gülen). Has traicionado a esta nación. Si te atreves, regresa a tu país», amenazó Erdogan ayer a su otrora aliado, al que acusa de estar detrás del golpe. Erdogan gobernó entre 2003 y 2014 como primer ministro y después se postuló como presidente, un cargo simbólico hasta entonces pero que él se encargó de cambiar para dotarlo de mayor autoridad. La oposición le acusa de erosionar la democracia y doblegar a los otros poderes del Estado. También de haber islamizado los resortes institucionales y sociales del país. Sus seguidores, en cambio, recuerdan que en estos años ha acometido profundas reformas económicas, inaugurado grandes obras viarias y mantenido viva la aspiración de convertir al país en miembro de la Unión Europea.

Su sueño de relanzar Turquía ha hecho que a menudo se le compare con la gran figura de la política nacional del siglo XX, Mustafa Kemal «Atatürk», conocido como el padre de la República turca, pero en sentido contrario. Mientras el uno miró hacia Europa e implantó un modelo laico, el otro lo hace hacia Oriente Medio y prioriza el islamismo.

Desde su llegada al poder, ha intentado hacer del país un actor clave en la región, erigiéndose en valedor de las causas suníes y disputando la hegemonía regional a Egipto. Pero la posición de Turquía se ha visto amenazada por los ataques del Estado Islámico en su propio territorio y por la reactivación de la guerra contra las milicias separatistas kurdas del PKK, en verano del año pasado, dos hechos que han desestabilizado al país y que podrían haber encendido la llama de la sublevación militar del viernes.

En los últimos meses, el presidente ha tratado de reparar las malas relaciones con países clave como Rusia (Turquía derribó el año pasado un caza ruso que intervenía en la guerra siria) e Israel, cuyos contactos permanecían congelados desde el ataque israelí en 2010 a una flotilla turca que navegaba con ayuda humanitaria hacia Gaza.

Conocido por sus seguidores como «El Sultán», Erdogan ha sabido sobrevivir a las masivas revueltas sociales de 2013 y a numerosos casos de escándalos de corrupción relacionados con abuso de poder en su entorno. Desde ayer, también se puede decir que ha sobrevivido a un golpe de Estado.