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El voto católico en Europa: Un proyecto europeo con alma

El bipartidismo, marcadamente europeísta, batalla contra las fuerzas eurófobas y nacionalistas por la confianza de los electores cristianos.

  • Una niña mira hacia atrás mientras se celebra la misa por la visita del Papa Francisco a Rumanía en la catedral de Bucarest
    Una niña mira hacia atrás mientras se celebra la misa por la visita del Papa Francisco a Rumanía en la catedral de Bucarest
Bruselas.

Tiempo de lectura 2 min.

22 de mayo de 2019. 02:29h

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Mirentxu Arroqui Bruselas. 22/5/2019

Nadie duda de que la UE se encuentra sumida en un dilema existencial sobre su propia supervivencia, debido a su menor peso en el mundo y la multiplicación de crisis internas durante la última década. Sin embargo, aunque el «club» comunitario intenta apelar al pasado para encontrar la brújula que le guíe en el futuro, hay un debate que no copa excesivos titulares: el de sus raíces cristianas. No siempre ha sido así: durante la redacción de la nonata Constitución europea, este tema fue recurrente en la agenda política y el «club» comunitario se dividió entre aquellos que estaban de acuerdo con esta mención y los que estaban en contra. El Partido Popular Europeo (PPE) fue la familia política que defendió con mayor contundencia esta referencia a las raíces cristianas. Según explica a LA RAZÓN Federico Ottavio Reho, intvestigador del «think tank» Wilfried Martens Centre, esta mención en ningún momento excluía otros valores no exclusivamente religiosos o la herencia grecolatina.

Al final, en el preámbulo del texto hubo una referencia a las «herencias culturales, religiosas y humanistas de Europa, cuyos valores, aún presentes en su patrimonio, han hecho arraigar en la vida de la sociedad el lugar de la personas y sus derechos inviolables e inalienables», sin mencionar de manera expresa ningún credo, ya que Francia, Bélgica, Eslovenia, Suecia, Finlandia, Dinamarca y España se opusieron a que apareciera de manera explícita el cristianismo. Tras el fracaso de la Carta Marga europea, el Tratado de Lisboa –de naturaleza menos ambiciosa– no se planteó este dilema, si bien recoge la necesidad de dialogar con las diferentes confesiones religiosas.

Cuando llegan las elecciones europeas, organizaciones católicas piden a los futuros eurodiputados que no olviden estas raíces cristianas dentro del proyecto de integración europeo. Uniapac, una asociación de empresarios europeos cristianos, ha publicado una misiva en la que se aboga por la reducción de las desigualdades, la construcción de una sociedad inclusiva y el apoyo a la familia como ejes de la doctrina cristiana. Para el secretario general de Cáritas Internacional, Jorge Nuño Mayer, el papel de los cristianos dentro del proyecto de integración europeo debe centrase en «ser sal y levadura. Es decir, como parte de la sociedad civil y en espíritu de diálogo, contribuir a una Europa de valores de convivencia y de atención a las personas, tal y como la experiencia de encuentro con los desfavorecidos y la doctrina y el pensamiento social cristiano nos indican».

En plena campaña electoral, fuerzas de carácter eurófobo y nacionalista como Salvini han hecho del catolicismo una seña de identidad. Reho reconoce el malestar en el PPE, una fuerza marcadamente europeísta con esta «extraña mezcla». «La religión es compatible con el patriotismo, pero no con el nacionalismo que se contrapone al universalismo cristiano», concluye.

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