Francia avisa al sultán turco: «No es un cheque en blanco»

Kerry rechaza la implicación de EE UU en la asonada militar

La Razón
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Todo indica que el intento de golpe de Estado en Turquía, lejos de interpretarse por el régimen de Erdogan como un freno a su deriva autoritaria, tiene visos de convertirse en la excusa perfecta para todo lo contrario. Un giro aún más pronunciado hacia el radicalismo que pone en un serio aprieto a una UE débil, que en los últimos meses ha tenido que taparse varias veces la nariz en sus negociaciones con Ankara.

Los Veintiocho firmaron en marzo un controvertido acuerdo con Turquía que convierte al país en un Estado-tapón en el freno de los flujos irregulares de personas. Este acuerdo también pone en marcha las devoluciones estandarizadas de demandantes de asilo interceptados en las islas griegas, la mayoría de ellos sirios e iraquíes que huyen de la guerra, bajo la premisa de que Turquía es un tercer país seguro garante de los Derechos Humanos. Todo indica que una radicalización por parte del régimen tan sólo pondría en una situación aún más tensa al bloque comunitario, condenado a entenderse con un aliado incómodo.

Los mensajes de apelación a la calma son un presagio de lo que puede suceder. El ministro de Exteriores francés, Jean-Marc Ayrault, advirtió ayer al presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, de que el fracaso de la asonada no le confiere «un cheque en blanco» para saltarse los principios democráticos. Unas declaraciones que van en la misma dirección que los mensajes de la canciller Angela Merkel y la alta representante, Federica Mogherini, que piden el respeto al Estado de Derecho en la respuesta ante los golpistas.

Su situación como puente entre Oriente y Occidente y su poderoso ejército, el segundo más numeroso de la OTAN, ha convertido al país en un aliado no sólo de los Veintiocho sino también de EE UU, que utiliza la base de Incirlik para sus bombardeos contra el Estado Islámico. A pesar de esta fuerte interdependencia, Ayrault cuestionó ayer que Ankara sea un socio lo suficientemente fiable en la lucha contra los yihadistas.

Las tensiones no terminan aquí. En las últimas horas, Ankara ha acusado a EE UU de estar detrás de esta intentona golpista. El secretario de Estado de EE UU, John Kerry, ha negado de manera contundente que su país haya colaborado de alguna manera con los golpistas y consideró esa insinuaciones «falsas y dañinas» para las relaciones bilaterales entre ambos países. «Ha dejado claro que Estados Unidos dará toda la asistencia a las autoridades turcas para que conduzcan la investigación, pero las insinuaciones públicas sobre un papel de EE UU en el golpe fallido son completamente falsas y dañinas para las relaciones bilaterales», aseguró el portavoz del Departamento de Estado, John Kirby.

Hoy los Veintiocho se reúnen en Bruselas con Kerry en un encuentro ya previsto de antemano que servirá para calibrar las relaciones con Ankara y para conocer si Occidente está dispuesto a mirar para otro lado ante un socio imprescindible en el tablero geoestratégico.

Finalmente, el golpe parece haber acercado a Turquía y Rusia, cuyas relaciones se habían congelado tras el derribo de un caza ruso por el Ejército turco. Erdogan y su homólogo ruso, Vladimir Putin, acordaron reunirse en la primera semana de agosto tras una conversación telefónica en la que el líder del Kremlin condenó la asonada militar.