Hariri seguirá en el cargo para «proteger» Líbano

El primer ministro ha puesto como condición para su continuidad que Hizbulá se retire de Irak y Siria y que deje de atacar a Arabia Saudí.

Saad Hariri saluda a sus seguidores desde una ventana de su residencia tras regresar a Líbano
Saad Hariri saluda a sus seguidores desde una ventana de su residencia tras regresar a Líbano

El primer ministro ha puesto como condición para su continuidad que Hizbulá se retire de Irak y Siria y que deje de atacar a Arabia Saudí.

Saad Hariri regresó como el hijo pródigo a Líbano. Tan sonada ha sido su vuelta que ayer le robó todo el protagonismo al Día de la Independencia (la fiesta Nacional), y convirtió este 22 de noviembre en el «Día de Hariri». Más que al desfile militar, todas las miradas se dirigieron a la tribuna en la que se sentaron el presidente de Líbano, Michel Aoun, a su izquierda, Hariri (en condición de jefe de Gobierno ) y a la derecha, el presidente del Parlamento, Nabih Berri. A pesar de los esfuerzos en aparentar normalidad se respiraba indiferencia entre los tres dirigentes, que observaban atentos las acrobacias aéreas. Después, Hariri y el presidente Aoun mantuvieron una reunión en el palacio presidencial de Baabda, mientras decenas de miles de libaneses con las banderas azules del bloque Futuro (el partido de Hariri) se congregaban a las puertas del Gran Serrallo, el palacio de Gobierno, a la espera de su líder.

La rocambolesca renuncia del primer ministro libanés ha dado un giro de 180 grados después de que el presidente le pidiera suspender su dimisión a la espera de futuras negociaciones entre los diferentes grupos políticos. «El presidente Aoun ha propuesto abrir una mesa de negociaciones para discutir el futuro de Hariri y de Líbano», indicó a LA RAZÓN el parlamentario Kazem Kheir, por el bloque Futuro. «Hariri tiene que seguir como primer ministro. Él representa la unidad, sin Hariri no habrá paz ni estabilidad. Ha conseguido mantener a Líbano fuera de los conflictos regionales y está en contra de las injerencias de Hizbulá en Siria, Irak y Yemen», sentenció Kheir.

Hariri ha puesto como condición para regresar al puesto de jefe de Gobierno que «Hizbulá retire a sus milicianos de Irak y Siria y que deje de atacar verbalmente a Arabia Saudí», dijo a LA RAZÓN una fuente cercana a las negociaciones. Precisamente, el acercamiento o la tolerancia del Gobierno libanés al partido-milicia Hizbulá podría haber sido el motivo principal por el que Hariri fue «llamado a consultas» a Riad, donde anunció su sorpresiva dimisión el 4 de noviembre. El reino saudí, que tiene intereses en Líbano, busca contrarrestar el poder de facto de la milicia proiraní Hizbulá, que controla desde las decisiones políticas a las militares en el país del cedro.

Ayer, una horda de adolescentes con fotografías y pancartas de Hariri tomó las calles del centro de Beirut. «Damos nuestra sangre, nuestra vida por ti Hariri», gritaban jóvenes musulmanes suníes. Vestido con una chaqueta sport, el millonario primer ministro, ahogado en deudas, proclamó desde el balcón de su residencia oficial que se quedará en el país para formar, «todos juntos, la línea de defensa de Líbano, su estabilidad y su identidad árabe».

Sus partidarios estuvieron esperándole desde primera hora de la mañana y siguieron sus palabras junto a su residencia o desde las pantallas situadas en la calle con ese propósito, además de portar banderas libanesas y de la Corriente del Futuro, grupo político creado por el padre de Hariri, Rafik, asesinado en 2005, cuando ejercía la jefatura del Gobierno libanés. Por el asesinato de Rafik Hariri un tribunal especial formado en La Haya condenó en rebeldía a cinco miembros del grupo chií libanés Hizbulá, aliado de Irán y en la actualidad socio en la coalición de Gobierno que preside Saad Hariri. «Nunca olvidaré este momento, vuestra lealtad. Gracias a todos. Permaneceremos juntos para hacer frente a los retos en defensa de la nación», aseguró Hariri, quien prometió que visitará todas las regiones libanesas próximamente.