Kurz, las siete vidas del niño prodigio de la política austriaca

«El Parlamento ha decidido hoy, pero en septiembre es la gente la que decide en una democracia». Así de convencido de volver al poder se mostraba Sebastian Kurz el 27 de septiembre, cuando fue derrotado por una moción de censura. Concluían así los 525 días del Gobierno más breve presidido por el canciller más joven de la historia de Austria.

Amado y odiado a partes iguales, el líder conservador se ha labrado una meteórica carrera política gracias a su dominio de la imagen y de las relaciones públicas y un discurso populista y anti inmigración arrebatado sin complejos a la ultraderecha. «La gente se acerca a mí en los mítines y me dice que no se siente en casa en su propio vecindario. Por eso, debemos seguir luchando contra la inmigración ilegal», aseguró en campaña.

«Kurz es un producto artificial perfectamente escenificado, que aún goza del nimbo del ganador y que ha descubierto que puede recurrir a un tipo de populismo de derecha socialmente aceptado como un instrumento de movilización», resume el politólogo Thomas Schmidinger.

Nacido en un barrio obrero de Viena en 1986, Kurz se interesó desde muy joven por la política. Con 17 años se afilió a las juventudes conservadoras, de las que se convirtió en presidente a los 23. Su desembarco en el ÖVP coincidió con el Gobierno de coalición entre los populares y la extrema derecha, una alianza que le llevó al poder en diciembre de 2017.

Kurz inició su ascenso como secretario de Estado de Integración, un primer puesto en el Gobierno que lo catapultaría dos años más tarde a dirigir la diplomacia austriaca. Se hizo con las riendas del ÖVP en 2017 imponiéndose a la vieja guardia. Cambió los estatutos para decidir personalmente cargos, candidaturas y estrategias. Un lavado de imagen que no respetó ni el color de las siglas.