La agenda internacional pasa factura al «zar»

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Rusia celebra el próximo 18 de septiembre comicios parlamentarios para elegir a los 450 diputados de la Duma y ayer arrancó la campaña electoral, marcada por el desgaste del partido de Putin, Rusia Unida, por la gestión de la crisis económica. El presidente se ha centrado los dos últimos años en la agenda internacional (Ucrania, Siria), delegando estructuralmente en el Gabinete del primer ministro, Dimitri Medvedev, todos los anuncios incómodos, los de recortes, despidos y congelación de salarios públicos. De ahí que Rusia Unida no tenga asegurado renovar la mayoría absoluta en la cámara, pese a contar con el amplio aparato de propaganda del Estado y a que la popularidad de Putin sigue alrededor del 90%, si bien está prohibido por la ley electoral utilizar la imagen del presidente en campaña.

A finales de mayo, durante una visita a Crimea, una pensionista preguntó a Medvedev que cuándo pensaba revisar las pensiones, que con 8.000 rublos al mes (120 euros) no alcanza. «No hay dinero», se limitó a responder el primer ministro, que vuelve a encabezar la lista de Rusia Unida, una frase que incendió las redes sociales. La devaluación del rublo unida a la inflación y a la congelación de salarios ha supuesto una sensible pérdida de poder adquisitivo para el ruso medio. El PIB del país cayó un 3,7% el año pasado y parece que hay recesión para largo, sin visos de una recuperación del precio del petróleo o un levantamiento de las sanciones occidentales por Donbás. Según el opositor y economista Vladímir Mílov, una participación por encima del 60% «representará un grave problema para Rusia Unida, cuyo granero de votos (funcionarios) no supera el 20% del electorado». Es por eso que los medios estatales tratan de no atraer demasiada atención sobre los comicios, que además se adelantaron de diciembre a finales de verano, cuando muchos rusos pasan los fines de semana en la casa de campo. Rusia Unida ya sufrió en diciembre de 2011, pese a las «vacas gordas» de la economía entonces, para obtener mayoría absoluta, entre generalizadas sospechas de fraude electoral, que desató las mayores protestas en las calles de la era Putin. En todo caso, la oposición vuelve a acudir dividida y diezmada, sin un segundo partido que suponga una verdadera alternativa de gobierno a Rusia Unida. Las otras tres fuerzas representadas en la cámara son los comunistas, los ultranacionalistas del polémico Zhirinovski y los socialdemócratas de Rusia Justa, ninguna de las cuales alcanza el 20 de intención de voto.