Actualidad

La crisis iraní destapa la debilidad de Reino Unido por el Brexit

La tensión con el régimen de los ayatolás se ha producido con la primera ministra en plena mudanza.

La tensión con el régimen de los ayatolás se ha producido con la primera ministra en plena mudanza.

Publicidad

La tensión entre Londres y Teherán por la detención el pasado viernes del petrolero británico «Stena Impero» en el estrecho de Ormuz crece por momentos. Pero es complicado hacer frente a una crisis internacional cuando Reino Unido lidia con sus propias dificultades internas. El enfrentamiento con la república islámica ha pillado a Downing Street en plena mudanza y a Westminster colapsado ante un Brexit que nadie logra redirigir. Theresa May abandona este miércoles su cargo como primera ministra británica y el Gabinete ha estado más centrado en el desenlace de las primarias del Partido Conservador que en lo que ocurre en un estrecho por el que transita una quinta parte del petróleo que se consume en todo el mundo.

Todas las encuestas sitúan a Boris Johnson como nuevo inquilino del Número 10. Por lo que, aparte de la posible rebelión interna de sus propias filas para detener un divorcio con la UE sin acuerdo, el nuevo primer ministro deberá afrontar un complejo escenario en el Golfo Pérsico con un país con el que, por cierto, ya tuvo sus tensiones durante su breve etapa como ministro de Exteriores, donde no logró mostrar precisamente cualidades diplomáticas. Al fin y al cabo, sus desafortunados comentarios sobre Nazanin Zaghari-Ratcliffe, una ciudadana británica-iraní, explicando erróneamente que estaba en Irán enseñando periodismo, ofrecieron al régimen de Hasan Rohani la excusa perfecta para acusarla de pretender derrocar al Gobierno. En situaciones normales, el ministro británico de Exteriores jugaría en este tipo de episodios un papel crucial. Pero se da la circunstancia de que Jeremy Hunt es el rival de Johnson en las primarias «tories» por lo que la campaña le ha tenido también bastante ocupado. En definitiva, un auténtico caos.

May ni siquiera estuvo en las dos reuniones del Gabinete de Emergencia Cobra que se celebraron durante el fin de semana. Y al no formar parte del actual Gobierno, el favorito para sucederla tampoco pudo estar presente. Aunque Johnson sí ha mantenido estos días una conversación telefónica con Donald Trump. Entre ambos siempre ha existido una química especial. Y está claro que el británico quiere estrechar aún más los lazos con Washington tras el Brexit. Pero si hay algo que el norteamericano ha dejado claro durante toda su legislatura es su lema de «American First». En este sentido, señaló que hablaría del asunto con Reino Unido, pero se mostró frío. «Es un barco británico, no es estadounidense», apuntó, aunque haya sido precisamente su decisión de abandonar el acuerdo nuclear con Irán el año pasado lo que ha provocado estas nuevas tensiones entre Occidente y la república islámica.

Los iraníes ya habían amenazado con capturar un barco con bandera británica como represalia a la detención el pasado 4 de julio del «Grace 1». Las autoridades de Gibraltar –ayudadas por un destacamento de la infantería de marina británica– detuvieron frente a sus costas al tanquero de bandera panameña, bajo sospecha de que transportaba crudo iraní con destino a Siria, lo que sería una violación de las sanciones de la UE contra algunas entidades e individuos sirios. Gibraltar y Reino Unido insistieron en que actuaron legalmente, pero Teherán calificó el episodio como «piratería» y acusó a Londres de seguir órdenes de Washington. El silencio por parte de Bruselas –tanto a este episodio como al más reciente ocurrido el viernes– llama poderosamente la atención. Evidencia la propia tensión que existe entre la UE y Reino Unido con el Brexit y plantea hasta qué punto los británicos van a verse amparados por los que aún son sus socios una vez abandonen el bloque. Un problema que se agrava sobre todo ahora que ha quedado cuestionada su capacidad militar. La fragata «HMS Montrose» –la única embarcación militar que Reino Unido ha destinado a la zona para realizar tareas de protección y disuasión– llegó 60 minutos tarde y no pudo impedir que el «Stena Impero» fuera detenido por las autoridades iraníes. El episodio quizá podría haberse evitado si hubieran estado dos helicópteros de la Royal Navy Wildcat que se encontraban cerca de Omán vigilando el estrecho de Ormuz. Pero en abril se retiraron de la zona al considerarse que no eran necesarios.

Publicidad