Misión: salvar el proyecto europeo

Los líderes de la UE presionan a Londres para que ponga en marcha cuanto antes el mecanismo de salida previsto en el tratado. Juncker insta a París y Berlín a responder a la incertidumbre.

Martin Schulz
Martin Schulz

Los líderes de la UE presionan a Londres para que ponga en marcha cuanto antes el mecanismo de salida previsto en el tratado. Juncker insta a París y Berlín a responder a la incertidumbre. Con artículos de Luciano Monti, David Dunn, Jeremy Jennings y Paul Gordon.

La Unión Europea intentó ayer sacar fuerzas de flaqueza para defender un proyecto con más de cincuenta años de Historia. El periodo más prospero y pacífico que jamás haya vivido el Viejo Continente. Nada volverá a ser como antes, pero el mensaje principal es que este barco de la integración europea ni se puede ni se debe hundir. Hay demasiado que perder. «¿Es éste el principio del fin de la UE?», preguntó ayer una periodista británica al presidente de la Comisión, Jean Claude-Juncker en una rueda de prensa marcada por la expectación.

El ex primer ministro luxemburgués no pronunció un mensaje altisonante y profundo que pase a los libros de historia. Se limitó a responder un rotundo y escueto «no» y a abandonar la sala de prensa de manera precipitada y teatral, en un gesto que consiguió arrancar los calurosos aplausos de los medios internacionales. Como rumbo hacia ese futuro que se presenta de manera sombría y consciente de las tensiones entre el eje franco-alemán, Juncker se limitó a pedir a Berlín y París que den una respuesta a la incertidumbre.

Ésta fue la tónica de casi todas las declaraciones de ayer. Tristeza, desazón e incluso incomprensión hacia un veredicto que no se entiende en la capital comunitaria, pero también fortaleza y unidad. «Lo que no te mata te hace más fuerte», aseguró el presidente del Consejo, Donald Tusk, recordando los consejos de su padre y pidiendo no caer en histerismos ante un proceso impredecible e inédito, pero que también cuenta con fundamentos legales.

Desde esa posición, los presidentes de la Comisión, el Consejo, el Parlamento y el primer ministro holandés, Mark Rutte, como representante de la presidencia rotatoria, hicieron público un comunicado en el que de manera contundente se pide a David Cameron que no juegue con los tempos políticos a su antojo y que active lo antes posible el mecanismo de salida previsto en el artículo 50 del Tratado de Lisboa. Hasta que Reino Unido no envíe esta notificación de abandono, este proceso con una duración mínima de dos años prorrogables no puede comenzar. «Ahora esperamos que el Gobierno de Reino Unido haga efectiva esta decisión del pueblo británico tan pronto como sea posible por muy doloroso que sea este proceso. Cualquier retraso prolongaría la incertidumbre de manera innecesaria», reza el texto acordado por las instituciones europeas. En cuanto a los posibles interrogantes que levante este periodo intermedio de negociación, se dice que «hasta que este proceso de ratificación termine, Reino Unido sigue siendo miembro de la Unión Europa, con todos sus deberes y derechos y las leyes europeas continúan aplicándose de manera plena en Reino Unido hasta que deje de ser miembro».

Como señal de conciliación, una vez que Reino Unido se haya convertido en un Estado tercero, la UE pretende que cualquier posible acuerdo futuro refleje «los intereses de las dos partes» con unos «términos equilibrados de obligaciones y derechos».

Tras una mañana de infarto, las habituales reuniones extraordinarias de los líderes europeos ya han sido convocadas en lo que es el prolegómeno de una nueva crisis que viene para quedarse. En Bruselas ya se empieza hablar a Veintisiete y no a Veintiocho. Tusk convocó ayer una cumbre informal de los jefes de Estado y de Gobierno el miércoles, paralela al encuentro ordinario ya previsto para el martes. Cameron volverá a Bruselas en su peor momento político, participará en la cumbre oficial, donde se espera las presiones sin cuartel de sus todavía socios europeos, que en febrero le concedieron una serie de contrapartidas para evitar, por todos los medios, este desenlace.

El aún «premier» británico, sin embargo, como muestra de que se avecina un nuevo periodo histórico de la UE, participará en este segundo encuentro paralelo, en el que ya se comenzará a hablar del divorcio. Martin Schulz también ha convocado una sesión extraordinaria en Bruselas antes de la cumbre. El presidente de la Eurocámara también mostró su confianza en que éste no sea el principio del fin y no se produzca «una reacción en cadena».