La Justicia italiana deja en libertad a Rackete, la capitana de Sea Watch

Carola Rackete fue puesta en libertad después de ser arrestada en Italia por llevar sin permiso a 40 inmigrantes que había salvado en el Mediterráneo central al puerto italiano de Lampedusa.

Carola Rackete saludando antes de declarar ante el juez por navegación en zonas prohibidas / Efe
Carola Rackete saludando antes de declarar ante el juez por navegación en zonas prohibidas / Efe

Carola Rackete fue puesta en libertad después de ser arrestada en Italia por llevar sin permiso a 40 inmigrantes que había salvado en el Mediterráneo central al puerto italiano de Lampedusa.

La capitana de la ONG alemana Sea Watch, Carola Rackete, vuelve a moverse libremente por Italia. La jueza de la ciudad de Agrigento que ha investigado su caso desestimó ayer la acusación de resistencia o violencia contra un barco militar italiano, como había solicitado la Fiscalía, por lo que consideró que la activista germana debe quedar en libertad. Rackete se encontraba bajo arresto domiciliario desde que la madrugada del pasado sábado fue detenida tras atracar en el puerto de Lampedusa, sin permiso de las autoridades, para devolver a tierra a 40 migrantes que había rescatado en el Mediterráneo más de dos semanas antes. En las maniobras golpeó a un barco de la Guardia de Finanza italiana, por lo que se le imputaban varios delitos que podrían llegar a diez años de cárcel, pero a los que la Justicia no da validez. Se mantiene sin embargo abierta una acusación por desembarco forzoso y otra por favorecimiento de la inmigración clandestina, por lo que el futuro de la activista es todavía una incógnita.

Lo que es seguro es que hasta que no haya una sentencia contra ella, queda en libertad. La imagen de la joven de 31 años saliendo de los juzgados promete convertirse en un nuevo símbolo de la oposición a las políticas migratorias del Gobierno italiano, como lo fue la fotografía del arresto. En aquel momento, como una mártir: esposada, rodeada de agentes y recibiendo los insultos de un grupo de ultras que habían acudido allí de madrugada a desearle que fuera «violada por negros».

La decisión de no prolongar el arresto domiciliario se esperó durante todo el día de ayer, aunque no se produjo hasta última hora. El Gobierno, deseoso de dar ejemplo con el caso, tenía preparado un procedimiento de expulsión a Alemania con carácter inmediato, en el caso de que la Justicia dictara la libertad provisional, pero se espera que Rackete tenga que testificar por otro de los delitos que se le imputan la próxima semana, de modo que podría permanecer en Italia hasta entonces, ya que nada se lo impide.

El día anterior, la activista había pedido disculpas ante el tribunal por haber chocado con el barco de las autoridades italianas. «El impacto fue fortuito», dijo. Y así lo ha estimado la jueza Alessandra Vella. Rackete también manifestó, durante el interrogatorio –que se prolongó durante tres horas– que había desobedecido las órdenes del Gobierno italiano de atracar en el puerto de Lampedusa por el «estado de necesidad» de los migrantes a bordo. La Fiscalía no lo consideraba así, pero la magistrada competente consideró que la elección de desembarcar en la isla italiana se debió a que no tuvo otra alternativa, ya que los puertos de Libia y Túnez no son seguros.

La decisión de la Justicia no gustó nada al ministro del Interior italiano, Matteo Salvini, que dijo: «Para la magistratura italiana ignorar las leyes e investir un barco de la Guardia de Finanza no son motivos suficientes para ir a la cárcel. Ningún problema. Para la comandante criminal Carola Rackete está listo un procedimiento para devolverla a su país, ya que es peligrosa para la seguridad nacional». La expatriación conlleva un procedimiento administrativo que debe ser convalidado por Interior, aunque la activista tuviera que volver de nuevo a Agrigento la próxima semana para testificar. Según fuentes del Ministerio, la policía de la ciudad siciliana ha emitido una orden de alejamiento del territorio nacional con acompañamiento a la frontera, pero éste deberá ser ratificado por las autoridades judiciales.

La crisis de la capitana del «Sea Watch» ha vuelto a levantar ampollas entre Italia y otros países europeos, principalmente Francia y Alemania. Ayer, la portavoz del Gobierno galo, Sibeth Ndiaye, dijo en una entrevista en una radio de su país que «Italia no es un país indigno», pero el comportamiento de Matteo Salvini en la gestión de los asuntos migratorios «no es aceptable». Según Ndiyaye, el ministro italiano «no está a la altura cuando se trata de vidas humanas». Anteriormente, Alemania había pedido expresamente la liberación de su ciudadana y había señalado que rescatar vidas en el Mediterráneo no puede ser considerado un delito.