La ONU envía otros 5.500 soldados para frenar la escalada de violencia

Unos rebeldes fieles a Machar pasan junto a los cadáveres en la cuneta de la carretera hacia el aeropuerto de Bor, a 180 kilómetros de la capital, Yuba
Unos rebeldes fieles a Machar pasan junto a los cadáveres en la cuneta de la carretera hacia el aeropuerto de Bor, a 180 kilómetros de la capital, Yuba

YUBA- El presidente sursudanés, Salva Kiir, hizo un llamamiento para poner fin a las atroces muertes entre grupos tribales ayer, mientras las tropas del Gobierno se enfrentaron a los rebeldes leales a su ex número dos en una región petrolera del país. Occidente teme que la espiral de violencia termine en una guerra civil étnica en el país más joven del mundo. En este sentido, el Consejo de Seguridad de la ONU aceptó duplicar la cantidad de «cascos azules» en el terreno. «Gente inocente ha sido asesinada gratuitamente. Están apuntándose unos a otros por su filiación tribal. Esto es inaceptable», escribió Kiir a través de su cuenta oficial en Twitter. «Estas atrocidades deben terminar inmediatamente», añadió el presidente. La violencia emergió en la capital, Yuba, el 15 de diciembre y ha costado la vida de miles de sursudaneses, según la ONU. Tanto Occidente como los países africanos han tratado de mediar entre Kiir, un dinka, y el líder rebelde Riek Machar, un nuer, que era el vicepresidente hasta que Kiir lo depuso en julio. Kiir y Machar aseguran que la disputa es política, no tribal. Pero lo cierto es que la mayoría de los 45.000 civiles que buscan refugio dentro de las bases de la ONU a lo largo del país reconocen que han sido objetivo de ataques debido a su etnia. «Definitivamente, no son unas buenas Navidades en pleno abismo hacia la guerra», aseguró Chan Awol, de 30 años. Su familia se ha dispersado por todo Sudán del Sur, después de que empezaran los combates étnicos.

A pesar de los intentos de la Unión Africana por un alto el fuego durante el día de Navidad, los rebeldes y los soldados sursudaneses se enfrentaron ayer en Malakal, la capital del estado petrolero de Alto Nilo. Reuters