La tragedia de Smolensk vuelve a dividir a Polonia

La portavoz del nuevo Gobierno ultraconservador pide que Tusk sea juzgado por el accidente aéreo que costó la vida al ex presidente Lech Kackzynski y a otras 95 personas en 2010

La RazónLa Razón

El nuevo Gobierno polaco se muestra decidido a reabrir la investigación sobre el accidente aéreo de Smolensk (Rusia) en el que murió el entonces presidente, Lech Kaczyinski, y otras 95 personas el 10 de abril de 2010. Pese a que las pesquisas realizadas tanto por Rusia como por Polonia atribuyeron el suceso a un error humano, los ultraconservadores de Ley y Justicia, vencedores de las elecciones del pasado 25 octubre, y en especial su líder, Jaroslaw Kaczinski, hermano gemelo del fallecido presidente, no han dejado de dar pábulo a una supuesta conspiración de Moscú para acabar con la vida del jefe de Estado y la cúpula militar polacos.

Ayer, la portavoz del Gobierno, Elzbieta Witek, dio un paso más al pedir que el ex primer ministro liberal Donald Tusk, desde hace un año presidente del Consejo Europeo, sea juzgado en el Tribunal del Estado, competente de las causas contra los responsables de las altas instituciones polacas, por su actuación negligente en aquellos momentos. En declaraciones a la cadena TVN24, Witek, que aseguró no hablar en nombre del Gobierno, criticó que Tusk permitiera a las autoridades rusas realizar las primeras investigaciones tras el accidente, por lo que, en su opinión, tiene “mucho que responder”.

El informe ruso de diciembre de 2010 culpaba a los pilotos polacos del accidente, mientras que el llevado a cabo por Varsovia, publicado en julio de 2011, repartía los errores entre sus pilotos y la torre de control de Smolensk. El desastre ocurrió en medio de una espesa niebla, mientras el avión descendía hacia la pista de aterrizaje del aeródromo militar de Smolensk, y después de que la delegación polaca hubiese declinado la posibilidad de dirigirse a otro aeropuerto. Kaczynski y el resto de fallecidos viajaban a Rusia para participar en un homenaje a los miles de polacos asesinados durante la matanza de Katyn en 1940 a manos de la policía secreta soviética (NKVD).

Precisamente, la polémica arrancó cuando a principios de esta semana, el Gobierno decidió cerrar dos páginas web sobre la investigación sobre el accidente que fueron abiertas durante el mandato de Tusk. “Las webs han sido cerradas y permanecerán cerradas”, se limitó a decir a la Prensa la primera ministra, Beata Szydlo.

Antes de ser nombrado ministro de Asuntos Exteriores, Witold Waszczykowski, pidió ayuda al Consejo de Europa para que Rusia entregue a las autoridades polacas el avión presidencial siniestrado. “Elevaremos nuestras quejas a Estrasburgo contra las investigaciones rusas por demorar el proceso, y ante los tribunales de arbitraje por la retención de nuestros bienes; para que sea dado un veredicto que obligue a rusa a devolver los restos del avión Tu-154M”, declaró. Una vez satisfecha su demanda, Waszczykowski pretende que una comisión internacional vuelva a analizar las causas del accidente. Lejos de abrir un enfrentamiento con Moscú, Waszczykowski aseguró que su iniciativa no supone “ninguna guerra con los rusos, no es necesario desenvainar el sable y dar patadas”. Por ahora, la actitud del nuevo Ejecutivo ultranacionalista sólo ha servido para reabrir en Polonia la división entre los defensores y los detractores de las teorías de la conspiración en la tragedia de Smolensk.