La transición más incierta de Argelia

El Consejo Constitucional acepta la decisión de Buteflika tras seis semanas de masivas protestas. Los argelinos exigen un cambio de régimen, mientras afloran las tensiones entre el Ejército y el clan presidencial para designar al sucesor.

Varios hombres leyendo durante la jornada de ayer los periódicos que informaban sobre la renuncia del ya ex presidente  Buteflika en Argel
Varios hombres leyendo durante la jornada de ayer los periódicos que informaban sobre la renuncia del ya ex presidente Buteflika en Argel

El Consejo Constitucional acepta la decisión de Buteflika tras seis semanas de masivas protestas. Los argelinos exigen un cambio de régimen, mientras afloran las tensiones entre el Ejército y el clan presidencial para designar al sucesor.

El Consejo Constitucional argelino aceptó ayer la dimisión del hasta ahora presidente del país, Abdelaziz Buteflika, e informó al Parlamento de la vacancia del cargo, dando así el pistoletazo de salida hacia una transición en Argelia que, por el momento, se presenta tan frenética como incierta. La reunión del órgano jurisdiccional se celebró la mañana siguiente de que Buteflika les presentara personalmente su dimisión, tras seis semanas de masivas movilizaciones en el país. Para calmar los ánimos, el ex «rais» pidió perdón» al pueblo argelino por los «incumplimientos» en su última carta.

Ahora, las dos cámaras legislativas del país deberán reunirse y nombrar al presidente del Senado, por ahora Abdelkader Bensalah, como presidente interino del Estado, un cargo que ostentaría por un máximo de 90 días hasta que se celebren nuevas elecciones presidenciales. La jurista especializada en derecho Fatiha Benabbou, sin embargo, señaló al medio local TSA que el encuentro entre Parlamento y Senado podría llevar algún tiempo, sobre todo a causa de la impopularidad de Bensalah, quien ha sido criticado por la oposición como una figura demasiado cercana al círculo de Buteflika para liderar la transición hacia unos nuevos comicios. En este sentido, si se optase por sustituir a Bensalah, el proceso se dilataría hasta que se encuentre un candidato que genere consenso. Mientras tanto, y según Benabbou, sería aún Buteflika quien mantendría temporalmente los poderes reservados a la Presidencia. Algunos partidos políticos, incluido el Frente de Liberación Nacional (FLN), no tardaron en expresar su satisfacción tras conocerse la caída del «rais», aunque la oposición sigue insistiendo en que figuras de su círculo más cercano continúan ocupando importantes posiciones en las instituciones del Estado, lo que podría entorpecer la transición en curso. Entre ellas, destacan no solo Bensalah sino también el primer ministro en funciones del Gobierno formado el domingo, Nouredine Bedoui, así como el presidente del Consejo Constitucional, Tayeb Belaiz. Todos ellos asumirían un papel central en los preparativos de las futuras elecciones presidenciales. «El personal oficial sigue siendo el mismo», señala a LA RAZÓN, Rachid Tlemcani, profesor en la Universidad de Argel, y «el nuevo Gobierno está formado por elementos del clan Buteflika», por lo que «los argelinos están muy descontentos con esta reorganización». Conscientes de que aún queda un largo camino por recorrer, las calles argelinas pasaron de las celebraciones vividas la noche del martes, siguiendo el anuncio de la dimisión del «rais», a nuevas protestas ayer, que prometen mantener el pulso y seguir exigiendo una renovación total del sistema.

Además de la calle, el principal enemigo del clan Buteflika es el jefe del Ejército, Ahmed Gaid Salah, con quien mantienen una guerra abierta de la que, por ahora, las filas castrenses están saliendo vencedoras. «En los últimos días hemos sido testigos de una terrible lucha entre grupos dentro de la clase dominante, a saber, el grupo de Gaid y el de Buteflika», expresa Tlemcani. «Desde el 6 de marzo, Gaid ha intentado empujar a Buteflika hacia un final feliz, [pero] este último se negó», añade, constatando que, al final, «Gaid ha tenido éxito en su golpe de fuerza mientras intenta recuperar el movimiento popular en beneficio del Ejército». Por este motivo, buena parte de las miradas se centran ahora en los próximos movimientos de las Fuerzas Armadas, quienes ayer guardaron silencio. En esta línea, sus siguientes pasos son un misterio, especialmente teniendo en cuenta que las demandas de los argelinos engloban una limpieza total del régimen, lo que incluye también los altos cargos de las filas castrenses. En la memoria de muchos se encuentra la posibilidad de que Argelia repita el camino de Egipto tras la Primavera Árabe de 2011, donde el Ejército secuestró el levantamiento popular para luego iniciar una cruenta contrarrevolución. «Excluyo un resultado como en Egipto porque Gaid está muy aislado y bajo la presión de sus propias tropas, que están alineadas con la revolución», interpreta Akram Kharief, especialista en seguridad.