La xenofobia se multiplica por seis en Alemania en 2015

Renzi alerta a Berlín del fin de Schengen y el 40% de los alemanes pide la salida de Merkel

Cordón policial en un centro de refugiados de Alemania.
Cordón policial en un centro de refugiados de Alemania.

La bomba de mano fue descubierta por un guardia de seguridad que alertó a las autoridades.

Quién le diría a la canciller Angela Merkel hace sólo un año, cuando sus cifras de popularidad eran positivas, que cuatro de cada diez alemanes querrían verla lejos del poder. Un 39,9% de los ciudadanos germanos con derecho a voto creen que la líder del Ejecutivo debería dimitir por las decisiones adoptadas en la crisis migratoria y un 45,2% de los encuestados se mostraron en desacuerdo con su renuncia, según los resultados de la encuesta del Instituto Insa divulgados ayer. Entre los ciudadanos que piden su dimisión no hay sólo simpatizantes de otros partidos, sino que una cuarta parte (26,6%) del ala conservadora formada por la CDU y la CSU bávara piden su dimisión. A la espera del 13 de marzo, cuando se celebrarán unas elecciones en tres grandes estados alemanes que darán muchas respuestas, Merkel reacciona suavizando su férrea política aperturista en el contexto migratorio y anuncia una reforma en las leyes de asilo que se llevará al Parlamento por la vía rápida, según se acordó ayer. Se endurecerán las normas de asilo y se agilizará la expulsión de aquellos refugiados que no hayan obtenido el permiso de permanencia.

Se trata de un ligero cambio de tendencia propiciado por las agresiones sexuales de Año Nuevo en Colonia, aunque, pese a las distancias cada vez más insalvables con sus socios, Merkel continúa abanderando una política de puertas abiertas y se niega a cerrar las fronteras o a fijar un límite máximo de entradas. 2.000 solicitantes de asilo llegan cada día a Alemania, lo que causa cada vez más crispación desde los estados fronterizos que soportan gran parte del peso migratorio, como Baviera.

Al tiempo que la canciller pierde apoyos, aumentan de forma vertiginosa los actos de violencia contra los refugiados y lo hacen alcanzando nuevas y más graves dimensiones. El lanzamiento de una granada de mano a un albergue para inmigrantes de la localidad de Villigen-Schwenningen, próxima a la Selva Negra, ha alarmado a las autoridades, que lo definen como «un acto de extrema gravedad, al ser la primera vez que se usa un arma explosiva en una residencia para solicitantes de asilo». El artefacto, lanzado sin seguro, no llegó a explotar y las 170 personas residentes en el refugio fueron rápidamente evacuadas, aunque la Policía no tiene aún indicios sobre los autores. Este nuevo ataque, ya definido por políticos alemanes como «terrorismo callejero», ha propiciado que el ministro de Justicia germano, Heiko Maas, asegure que «no vamos a esperar a que haya los primeros muertos para actuar». En 2015, los ataques contra albergues para inmigrantes se multiplicaron a razón de seis veces más que el año anterior, alcanzando el récord de 163.

En este contexto, Berlín intenta buscar soluciones para hacer frente a la crisis migratoria que está desestabilizando Europa. Angela Merkel, que ya se reunió con su homónimo turco hace una semana en la primera cumbre intergubernamental entre ambos países, apuesta por destinar a Ankara un presupuesto de 3.000 millones de euros para contener la oleada migratoria desde Turquía, aunque Bruselas debe aún aprobar el desbloqueo de esta suma. El primer ministro italiano, Matteo Renzi, aseguró ayer desde Berlín tras un encuentro con la canciller que «Italia cumplirá con su parte en el plan de acción de la Unión Europea hacia Turquía», pero que aún espera una serie de preguntas que su Gobierno planteó a la Comisión Europea. Además, el presidente italiano aboga por no abandonar el acuerdo de circulación de fronteras de Schengen. Si lo hace, «Europa se estará dando por vencida», aseguró. Hace unos días, su ministro de Finanzas dijo que el dinero destinado a Ankara tenía que ser cubierto con el presupuesto comunitario que los Estados miembros tuvieran que aportar sumas adicionales.

A pesar de que Angela Merkel esté atravesando el bache político más difícil desde que asumiera el timón del Gobierno alemán hace una década, otras encuestas muestran que el bloque conservador que lidera sigue contando con el apoyo mayoritario. El 37% votarían hoy a la Unión Cristianodemócrata (CSU), mientras el otro partido de la coalición, el socialdemócrata (SPD), obtendría un 24%. La alarma crece, sin embargo, tras saberse que el partido populista y antiinmigración Alternative für Deutschland (AfD) se impone como tercera fuerza política del país.