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Los liberales abren un nuevo ciclo en Canadá

El joven Justin Trudeau, hijo de un carismático primer ministro, se impone con mayoría absoluta al Gobierno de Harper, en el poder desde 2006.

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Había anunciado una campaña larga de 78 días, en los que el primer ministro de Canadá, Stephen Harper, tenía previsto aprovechar sus ventajas financieras para renovar mandato. En cambio, Justin Trudeau, de 43 años, utilizó la campaña más larga de la historia de Canadá presentarse al electorado. Conocían su apellido bien: es el hijo de Pierre Trudeau, considerado el padre de la Canadá moderna. De hecho, su primer gran discurso político fue durante el funeral de su padre.

Trudeau, liberal de centro-izquierda, será el nuevo primer ministro de Canadá. Con esto se pone fin a casi diez años de gobiernos conservadores liderados por Harper. Trudeau llega al poder con mayoría absoluta, de forma firme y por encima de las encuestas. El Partido Liberal obtuvo el 39,5 % de los votos emitidos y 184 de los 338 escaños de la Cámara Baja del Parlamento. En segundo lugar quedó el Partido Conservador, del primer ministro saliente, con el 31,9% de los votos y 99 escaños. En tercer lugar se situó el socialdemócrata Nuevo Partido Democrático (NPD) con un 19,7% y 44 diputados.

Ahora Trudeau tendrá que demostrar que sabe gobernar además de ganar las elecciones: ha prometido recortar los impuestos a la clase media, subirlos a los ricos, abandonar la campaña de bombardeos liderada por Estados Unidos contra el Estado Islámico en Siria, aceptar refugiados del mismo país, una política de inversiones para reactivar la economía y reconstruir las infraestructuras, abordar las preocupaciones medioambientales ante la cuestión del oleoducto de Keystone y legalizar la marihuana. Sus promesas serán difíciles de realizar, por lo que la presión tras su llegada a Sussex Drive 24, la residencia del primer ministro, será enorme.

Justin Trudeau, atractivo, carismático y padre de tres hijos, «el político con el pelo bien» –le bautizaron en campaña– compareció ante centenares de seguidores en un hotel de Montreal y afirmó que los ciudadanos han decidido que «es el momento para el cambio, el cambio real», y se comprometió a gobernar para todos los canadienses. «Vencemos el miedo con esperanza, vencemos el cinismo con trabajo duro. Sobre todo, hemos vencido la idea de que los canadienses deben estar satisfechos con menos. Esto es lo que la política positiva puede hacer», indicó Trudeau. Los comicios estuvieron, asimismo, marcados por una alta participación. De hecho, el número de votantes subió hasta el 68,5%, la mayor participación desde las lecciones federales de 1993. El Partido Liberal de Canadá de Trudeau pone fin a los nueve años y ocho meses de mandato del Partido Conservador de Stephen Harper. La decisión del electorado destaca sobre todo un cambio para los liberales, que parecieron verse reducidos a cenizas tras las elecciones generales de 2011. Aquel año, terminaron en un lejano tercer puesto por detrás de la mayoría de los Conservadores y un Nuevo Partido Democrático en ascenso. Hace cuatro años, el Partido Liberal obtuvo el peor resultado de su historia con 34 diputados. Al comienzo de esta campaña iban en tercera posición. Fue un duro golpe, sobre todo después de que los liberales hubiesen gobernado durante casi 70 años en el siglo XX tiempo en el que se convirtieron en los artífices del modelo democrático en Canadá que hizo universal el derecho a la Sanidad, implantó el sistema de pensiones públicas y fomentó la igualdad de oportunidades.

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Pero en estas elecciones, fueron a ellos a quienes quitaron gran parte de los votos. Trudeau consiguió retirarle parte del electorado con una campaña que giró a la izquierda sobre todo en los asuntos económicos. De esta forma, el líder del NPD, Thomas Mulcair, se presentó como un administrador responsable, mientras, Trudeau prometió una plan más ambicioso con gasto en infraestructuras a costa del déficit presupuestario, apoyo a la clase media y subida de impuestos a la acaudalada, como ya se ha indicado antes.

Dimisión de Harper

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Tras su derrota, Stephen Harper, que dimitió, mostró la gracia que le faltó durante sus años en el poder. Lo hizo además con ganadores y perdedores. «La gente nunca se equivoca», indicó en referencia al electorado que le había retirado del poder y le había dado su puesto a su contrincante. Harper ofreció a Trudeau su «total cooperación» para proceder con el traspaso de poder, lo que normalmente dura entre 10 y 14 días en Canadá. Entre los diputados que han perdido su escaño se encuentran varias figuras controvertidas del gabinete de Harper, como su ministro de Finanzas, Joe Oliver; el ministro de Ciudadanía e Inmigración, Chris Alexander, y el secretario del ex primer ministro, Paul Calandra.

Desde su partido no se perdió el tiempo. En un comunicado, se reconoció que empieza la búsqueda de un nuevo líder. ¿Qué había ocurrido? Había bajado los impuestos como prometió. Había sido audaz sin ser del todo visionario en política exterior. En cambio, sus tácticas habían alienado a sus amigos y fortalecido a sus enemigos. Tras casi diez años, los votantes han dejado claro que no le quieren. Más que nada querían que ganase cualquiera. Y parece que si eso ha significado que gane un liberal, de momento lo aceptan.