Los migrantes rompen el cerco en Tijuana

La Policía de EE UU responde a los manifestantes con gases lacrimógenos y cierra la frontera. Trump pacta con Obrador dejarlos en México hasta que la Justicia decida su futuro.

Una familia de migrantes huye de los gases lacrimógenos en la frontera entre México y Estados Unidos
Una familia de migrantes huye de los gases lacrimógenos en la frontera entre México y Estados Unidos

La Policía de EE UU responde a los manifestantes con gases lacrimógenos y cierra la frontera. Trump pacta con Obrador dejarlos en México hasta que la Justicia decida su futuro.

La tensión en Tijuana, en el norte de México, aumenta con el paso de los días. La frustración de los migrantes se mezcla con el creciente rechazo de la sociedad mexicana y en especial de los habitantes de una ciudad fronteriza que se siente desbordada.

A mediodía de ayer comenzó una manifestación en la que participaron prácticamente los 5.000 centroamericanos varados en esta localidad. Se dirigieron hacia el puente que da acceso a Estados Unidos desde el albergue Benito Juárez, donde llevan una semana alojados en condiciones muy difíciles. La tensión estalló cuando decenas de personas rompieron el cerco de seguridad y trataron de alcanzar suelo estadounidense por otros puntos de la frontera, provocando algunos enfrentamientos. A lo largo del recorrido se escucharon frases como «los migrantes no somos criminales», algo que ha asegurado Donald Trump en varias ocasiones.

Un grupo de migrantes treparon la primera valla fronteriza que divide ambos países, mientras las patrullas estadounidenses les lanzaban gases lacrimógenos, lo que obligó a la mayoría de ellos a replegarse. Ante la tensión, el Gobierno de EE UU decidió cerrar el puesto fronterizo de San Ysidro, entre San Diego y Tijuana.

En medio de esta crispación, este fin de semana se han difundido sondeos que ponen de relieve el creciente rechazo de muchos mexicanos contra los migrantes. Lejos queda el apoyo que muchos les brindaban al paso de la caravana con alimentos, agua o viajes en sus vehículos.

Hoy siete de cada diez mexicanos ven negativamente al contingente de migrantes; casi la mitad (46%) piensa que su presencia puede aumentar la delincuencia y el 27% cree que pueden quitar trabajo a los locales, según un estudio publicado ayer por el diario «El Universal».

¿Qué queréis conseguir con esta marcha? «Meter presión a Estados Unidos y a Donald Trump», decía ayer Andrés, hondureño de apenas 20 años en declaraciones a LA RAZÓN. El alcalde de Tijuana, Juan Manuel Gastélum, afirmó este fin de semana que la ciudad no puede hacer frente a esta situación «que cuesta medio millón de pesos diarios» (20.000 euros). Declaró la situación de crisis humanitaria y pidió la intervención de la ONU y del Gobierno federal a través de la Secretaría deGobernación. «No me voy a gastar el dinero de los tijuanenses, no voy a endeudar Tijuana», advirtió. La crispación está al alza y en los últimos días se han organizado varias marchas en contra de la caravana migrante. «Sabemos que es difícil que nos dejen pasar a todos hoy [por ayer], pero al menos que entremos al proceso de asilo, se supone que Estados Unidos es un país de ley», afirmaba Andrés.

Tijuana es un polvorín que puede estallar en cualquier momento, sobre todo si se confirma que la Administración Trump habría alcanzado un acuerdo con el Gobierno mexicano para que los inmigrantes aguarden al sur de la frontera hasta que su solicitud sea procesada.

Los frutos de esta negociación, inmediatamente negada por oficiales próximos al presidente Andrés Manuel López Obrador, fueron adelantados el viernes por la noche por el «Washington Post». Por si acaso, y tal y como explicaba el periódico estadounidense, un portavoz de la Casa Blanca, Hogan Gidley, endulzó la filtración comentando que «Trump ha desarrollado una fuerte relación con la Administración del presidente entrante López Obrador y estamos preparados para trabajar juntos en muchos asuntos».

La medida aliviaría enormemente la presión sobre el sistema migratorio de EE UU, al que Trump considera un fracaso sin paliativos. Su principal objeción tiene que ver con las políticas que permiten quedarse en el país mientras se resuelve la tramitación del asilo. Al decir del presidente, muchos inmigrantes aprovechan la ley para desaparecer del rádar y establecerse de forma ilegal. Claro que, al mismo tiempo, la responsabilidad y los problemas caerían todos del lado de México, que se ve obligado a lidiar con las crecientes dificultades logísticas que le plantea dar cobijo a miles de inmigrantes.

Olga Sánchez Cordero, secretaria de Gobernación de México, comentó que el Ejecutivo entrante aún no puede «hacer ningún pacto, ningún acuerdo, porque no estamos como Gobierno, pero sí va a haber un espacio de colaboración y cooperación mucho más fluido e intenso».

Después, entrevistada por «The Washington Post», Sánchez Cordero habría admitido que «de momento hemos llegado a un acuerdo para que permanezcan en México». Sería una medida «a corto plazo», pues «en el medio y largo plazo la solución es que la gente no emigre. México tiene los brazos abiertos, pero imagine una caravana tras otra».

Entretanto, Trump publicó tuits donde afirma que «los migrantes no podrán ingresar a EE UU hasta que sus peticiones se aprueben individualmente en los tribunales». Pero sus palabras no se detuvieron en el supuesto pacto y volvió a amenazar al país vecino. «Sería muy inteligente», escribió, «si México detuviera las caravanas, mucho antes de que lleguen a nuestra frontera sur, o si los países de origen no las dejaran formarse (es una forma de sacar a ciertas personas de su país). Los demócratas crearon este problema. ¡No más cruces [de la frontera]!».