May deja el Brexit en el limbo

La primera ministra británica afirmó que buscará "garantías adicionales"en Bruselas sobre el mecanismo de salvaguarda previsto para Irlanda del Norte

La primera ministra británica, Theresa May, a su llegada a Downing Street esta mañana
La primera ministra británica, Theresa May, a su llegada a Downing Street esta mañana

La primera ministra británica afirmó que buscará "garantías adicionales"en Bruselas sobre el mecanismo de salvaguarda previsto para Irlanda del Norte

Caos absoluto. Así es como puede resumirse la situación en Westminster después de que la «premier» Theresa May anunciara ayer un aplazamiento sobre la votación del acuerdo de retirada para pedir a Bruselas nuevas «garantías» sobre la polémica salvaguarda con la que se quiere evitar una frontera dura en Irlanda. La «premier» comunicó su decisión a menos de 24 horas de la sesión clave en la que sus señorías debían pronunciarse hoy sobre el pacto de divorcio.

El 11 de diciembre llevaba fijado en el calendario desde hacía semanas, concretamente desde la última cumbre europea del pasado mes de noviembre, donde los Veintisiete dieron luz verde tanto al acuerdo de salida como a la declaración política sobre las futuras relaciones con el bloque. Pero los propios miembros del Gabinete habían reconocido que sería imposible ratificar los textos en última instancia en el Parlamento británico. Los números no salían. Todos los partidos de la oposición e incluso los norirlandeses del DUP, de cuyo apoyo depende el Gobierno en minoría de May, habían adelantado que votarían en contra. Los medios predecían una humillante derrota con una diferencia incluso de 200 de los 650 diputados que forman la Cámara Baja. La aún líder «tory» terminó claudicando a la presión de sus ministros y aplazando la votación aun cuando a primera hora de la mañana un comunicado de Downing Street había dicho lo contrario. Al cierre de esta edición, la «premier» aún no había comunicado la nueva fecha para la votación en Westminster. Eso sí, recalcó que los planes para abandonar el bloque el 29 de marzo siguen adelante.

Su puesto está más cuestionado que nunca, pero se resiste a dimitir y su objetivo ahora es reclamar más garantías a la UE respecto al polémico «backstop». Se trata de la salvaguarda que recoge actualmente el acuerdo de retirada para dejar a Reino Unido dentro de la unión aduanera y a Irlanda del Norte vinculada al mercado único para bienes hasta que se cierre un futuro pacto comercial con la UE a fin de evitar una frontera dura en Irlanda.

El asesoramiento legal que se vio obligado a publicar el Ejecutivo la semana pasada –cuando se convirtió el primero de la historia del país en ser acusado de desacato por la Cámara de los Comunes– deja muy claro que Londres no podrá acabar con esta salvaguarda de manera unilateral, por lo que los diputados temen ahora que Reino Unido se quede «sine die» vinculado a la normativa comunitaria sin tener ya ni voz ni voto.

May podría intentar ahora que en la cumbre europea de esta semana se redactara una misiva similar a la que puso fin a la polémica de Gibraltar, donde se especificara que si para 2020 –cuando finaliza el periodo de transición, siempre que se culmine un acuerdo– Londres y Bruselas no han cerrado aún un pacto comercial, sea Westminster quien decida si el periodo de transición debe extenderse o se debe aplicar el «backstop». También quiere proponer que sus señorías decidan cada año si quieren ampliarlo. Estos cambios podrían efectuarse en la declaración política. Pero este texto no es vinculante y los «brexiters» aseguran que, si finalmente el acuerdo del Brexit se firma, será un tratado internacional en el que la normativa comunitaria primará sobre cualquier procedimiento británico. En definitiva, no le compran la idea.

En caso de que para el 21 de enero Westminster no haya ratificado aún ningún pacto, May deberá explicar ante sus señorías cuáles son los pasos que piensa seguir. Y en este sentido, gracias a una enmienda del «tory» pro UE Dominic Grieve que fue aprobada la semana pasada, los diputados podrían presentarle su propia opción que, aunque no sería vinculante, sí tendría gran peso político. En cualquier caso, durante el intenso debate que tuvo lugar ayer en Westminster, la «premier» volvió a defender que su pacto es «el mejor posible». «Si realmente queréis que Reino Unido salga de la UE es necesario que todas las partes hagan concesiones», matizó.

Todos los partidos de la oposición –los escoceses del SNP, los galeses de Plaid Cymru, los liberal demócratas– anunciaron ayer que apoyarían una moción de confianza contra el Gobierno para forzar elecciones anticipadas, pero el líder de la oposición, Jeremy Corbyn, al cierre de esta edición, seguía sin mover ficha. Los laboristas saben que sin el apoyo de los norirlandeses del DUP, aún socios en el Ejecutivo en minoría de May, no salen las cuentas. No obstante, Corbyn matizó ayer: «Estamos en una situación extremadamente grave y sin precedentes». La Cámara de los Comunes iniciará el 21 de diciembre su receso vacacional, del que no volverá hasta el 7 de enero. El tiempo corre en contra de May. El Brexit sigue a día de hoy en el limbo.