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Miedo latino al odio blanco en El Paso

LA RAZÓN viaja al epicentro del ataque supremacista al oeste de Texas que ha roto la convivencia en esta ciudad diversa y fronteriza

Todos los autobuses urbanos de El Paso parecen ir al mismo lugar. A pesar de que siguen haciendo las rutas de siempre, estos días lucen un mismo número, el 22, y un mismo mensaje en los letreros luminosos: «En recuerdo de Arturo Benavides y las 22 víctimas» del tiroteo masivo que ha conmocionado profundamente a esta tranquila localidad del sur de Estados Unidos. El mensaje termina con un lema que se repite por toda la ciudad, pintado en paredes y estampado en camisetas «El Paso Strong» (El Paso Firme). Una coletilla para espantar el miedo que ha generado un atentado dirigido expresamente contra la comunidad latina en una ciudad donde ocho de cada diez personas es de origen hispano y que hasta ahora se sentía a salvo de la violencia supremacista.

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Arturo Benavides era conductor de autobuses y sus compañeros le quisieron rendir así un homenaje póstumo. Le quedaba poco para jubilarse, tenía 59 años, residía en El Paso y era veterano del Ejército estadounidense. En el momento del tiroteo, en un centro comercial muy popular entre la comunidad mexicana, pagaba en la caja mientras su esposa estaba en el baño. Las ocho víctimas de nacionalidad mexicana habían ido a comprar esa mañana al Walmart por la proximidad a la frontera con Ciudad Juárez que cada día cruzan miles de personas en ambos sentidos. Una semana después del suceso los efectos se notan en las calles. «Hay menos gente paseando y menos carros», dice Miriam Vizcarra de 30 años y origen juarense, aunque desde niña vive en El Paso. Afirma no sentirse segura «en ningún lado» y relata cómo ha cambiado sus hábitos: «Sigo saliendo porque hay cosas que comprar, pero ya no me llevo a mis hijos a lugares públicos», algo que solía hacer con frecuencia.

La masacre supremacista ha golpeado muy fuerte a una comunidad que se sentía a salvo hasta hace poco, en una suerte de burbuja de seguridad con bajos índices de violencia. En todo 2018 se registraron 23 asesinatos en El Paso, casi los mismos que en la masacre del sábado. Por el contrario, en lo que va de 2019 hubo al menos 17 tiroteos múltiples en otras ciudades de Estados Unidos y al otro lado de la frontera más de 800 homicidios solo en Ciudad Juárez. «Ves que (la violencia) ocurre en otras partes, pero aquí nada que ver; es un ''shock''», reconoce Vizcarra, aún horrorizada por lo sucedido.

La misma idea de aldea gala la comparte Alejandro Noel, un joven puertorriqueño que se muestra agradecido con su ciudad de acogida, donde trabaja como conductor de Uber. «El Paso es famosa en Estados Unidos por ser una de las ciudades más seguras y más acogedoras». Así era al menos hasta ahora, aunque pareciera que todo está cambiando.

Si las calles del centro donde se levantan los grandes edificios de los bancos y el gobierno están semivacías, el mayor ajetreo se concentra ahora a las afueras, en los alrededores del centro comercial donde disparó Patrick Crusius, 21 años, caucásico, tras viajar desde la otra punta del estado. Horas antes había publicado en internet un manifiesto en el que criticaba una supuesta «invasión hispana de Texas». Chris Grant, superviviente del atentado, le dijo a «El Paso Times» que el tirador permitía salir del establecimiento a blancos y afroamericanos, mientras disparaba contra los latinos.

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Cerca del Walmart se ha instalado un mausoleo improvisado que muchos vecinos visitan a diario. María es una de ellas. Tiene 22 años, pelo rubio y tez clara, y no puede contener las lágrimas mientras observa las flores, las velas y los mensajes que ha ido dejando la gente. Ningún conocido figura entre las víctimas, pero sufre por «un ataque contra toda la comunidad». «Aquí convive gente de todas las razas y ahora los latinos tienen miedo, han quedado señalados».

Las emociones están a flor de piel en El Paso. La tristeza se mezcla con el enfado y muchos encuentran en el presidente Donald Trump, el centro de sus iras. Le acusan abiertamente de exacerbar los sentimientos racistas y nacionalistas que han desembocado en la masacre.

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«Gente inocente murió porque hay alguien en la Casa Blanca que está metiendo ese racismo y ese odio y está utilizando mentiras que alguien escuchó y se creyó y en esto terminaron», denuncia Gabriela Castañeda, líder de una organización en defensa de los migrantes. «Queremos que el presidente reconozca que sus palabras tuvieron consecuencias», dice la activista en referencia a las múltiples alusiones de Trump a una «invasión» de migrantes o cuando se refirió a los mexicanos como «violadores» y «criminales». Cristina García, es abogada de la asociación Las Américas dedicada a la defensa jurídica de los migrantes y desde el tiroteo está inmersa en ayudar a afectados en los complicados trámites jurídicos: visas y permisos para testigos. «No vamos a combatir esto con enojo o violencia, seguiremos siendo acogedores». Piensa que el discurso de Trump ha generado muchas divisiones y siente que desde que llegó a la Presidencia hay más odio contra los mexicanos en todo el país. «Me siento un objetivo», reconoce.

Trump fue muy criticado por sus visitas el pasado miércoles a El Paso y Dayton (Ohio) donde murieron 9 personas en otro tiroteo el pasado fin de semana. No necesitamos palabras de aliento, necesitamos que detenga la venta indiscriminada de armas, señala Castañeda con escepticismo. «Pero no vino a hacer eso, solo a tomarse la foto con las víctimas para su campaña electoral».

Miriam Vizcarra

Recepcionista de hotel

Asegura que se enteró del tiroteo «por su hermana». Nació en Ciudad Juárez pero vive en El Paso desde hace más de dos décadas. Ahora no quiere salir con sus hijos a la calle y opta por dejarlos en casa hasta «que se calmen las cosas».

Gabriela Castañeda

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Activista mexicana

Es de la Red Fronteriza por los Derechos Humanos y sigue conmocionada por un ataque «horrible, surrealista». De origen mexicano y con tres hijos estadounidenses describe como el tirador solo vio el color de la piel» y «empezó a disparar».

Cristina García

Abogada de inmigrantes

La abogada de la asociación Las Américas (defensa jurídica de migrantes) piensa que el discurso de Trump «ha generado muchas divisiones». Nacida en El Paso pero de origen mexicano, cree que hay «más odio» y confiesa sentirse «insegura».

La polémica colea tras la visita de Trump

El presidente Trump se fotografió junto a su mujer Melania con el pulgar hacia arriba mientras sostenían a un bebé huérfano tras el tiroteo de El Paso. El neonato era hijo de dos de las 22 víctimas que fallecieron en el ataque del pasado sábado. Los padres murieron protegiendo a su pequeño de los disparos. La imagen colgada ayer por la primera dama ha levantado ampollas por el gesto frívolo.