Un filibustero consigue que el control de armas vuelva al Senado

Tras casi 15 horas de discurso, los republicanos se comprometen a votar dos medidas demócratas

El presidente de EEUU, Barack Obama, se reunió hoy en Orlando con supervivientes y familiares de las víctimas de la matanza perpetrada el pasado domingo en la ciudad, además de con miembros de las fuerzas de seguridad.

Se había convertido en un asunto algo más que personal para el senador demócrata de Connecticut Christopher S. Murphy, que había sido testigo de la incapacidad del Senado de aprobar una ley para reducir el acceso a las armas tras la matanza en la escuela infantil de Newtown (Connecticut). Allí murieron a tiros en diciembre de 2012 veinte niños y seis profesores después de que Adam Lanza, de 19 años, entrase en la escuela y disparase clase por clase. Por ello, no ha dudado en esta ocasión en ponerse al frente de un «filibuster» de 15 horas para forzar a que la Cámara Alta vote dos enmiendas sobre armas: evitar que las personas que están en las listas terroristas puedan comprar armamento y ampliar el proceso de investigación de los posibles compradores. De esta forma, tomó la palabra el miércoles a las 11:21 de la mañana y no paró –junto con otros 40 senadores que le ayudaron en su tarea– hasta que el líder de la mayoría republicana, Mitch McConnell, accedió a la votación de estas dos enmiendas a las 2:00 de la madrugada ya de ayer.

Así, según las reglas del Senado, cualquiera de sus representantes puede hablar hasta que sea humanamente posible dentro de la larga tradición de mantener debates sin límites. No pueden dejar de hablar. Tampoco sentarse. En esta ocasión, Murphy, para forzar a McConnell, se sirvió de la ayuda de otros 40 colegas, ya que les puede ceder el turno, según las normas, para hacer preguntas y comentarios. Una estrategia que se utilizó de manera repetitiva la madrugada del miércoles al jueves. «Si no actuamos, estamos enviando una clara señal a aquellas personas que están trastornadas. Prácticamente todos nosotros hemos hablado con personas que han perdido un hijo o una hija por la violencia con pistolas», reconoció Murphy ayer. «Ya sólo hablando por mí tengo que decirles algo. Tienen que escuchar algo que les ayude en su duelo», apuntó el senador en clara referencia al fracaso de Washington de haber aprobado algún tipo de ley que limite el acceso a la compra de armas.

Aun así, McConnell dejó ayer vía libre a Murphy al no intentar boicotear de ninguna manera sus esfuerzos de filibustero, debido a la tensión política creada en Estados Unidos desde el tiroteo de Orlando, donde 49 personas murieron asesinadas en el club gay Pulse. El terrorista Omar Mateen, de 29 años, compró sin problemas la pistola y el rifle de asalto con los que les quitó la vida a sus víctimas a pesar de haber sido interrogado en dos ocasiones por el FBI. Y esto es lo que Murphy quiere cambiar. No obstante, en esta ocasión como en las anteriores, se encontrará con la oposición de los republicanos, los senadores demócratas de los estados del oeste –donde hay una gran cultura de armas– y el poderoso «lobby» de las armas en Estados Unidos.

Precisamente desde el lugar donde tuvo lugar el peor tiroteo de la historia de EE UU, el presidente Barack Obama valoró que los líderes republicanos del Senado se hayan comprometido a celebrar una votación sobre dos propuestas demócratas centradas en endurecer el control de armas. «Me alegra escuchar que el Senado mantendrá votos para prevenir que los individuos con posibles lazos terroristas puedan comprar armas, incluidas armas de asalto», sostuvo Obama. «Verdaderamente espero que los senadores estén a la altura del momento y hagan lo correcto. Espero que los senadores que votaron ‘‘no’’ a los controles de seguridad (a compradores de armas) después de Newtown cambien de idea», sostuvo. El tiroteo en Newtown espoleó esfuerzos para un mayor control de armas en el Senado, pero esas medidas fracasaron, algo que Obama ha calificado como la mayor frustración de su presidencia.

Tenía previsto no pronunciar palabra en su visita a Orlando. En cambio, Barack Obama no pudo evitar realizar unos comentarios ante los periodistas después de reunirse con las familias de las víctimas y los dueños del local Pulse. «El dolor es indescriptible», reconoció el presidente sobre el trance que están pasando las familias de las víctimas. «Algunos de ellos están luchando por sus vidas», indicó. «La ciudad ha sido zarandeada por el demonio, por un acto de odio», apuntó Obama ayer.