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Puerto Rico, una isla en bancarrota y herida por el huracán

Las leyes coloniales perjudican a este estado libre asociado a EE UU

Las leyes coloniales perjudican a este estado libre asociado a EE UU

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Desde que Estados Unidos invadió a Puerto Rico en la guerra hispanoamericana de 1898, los puertorriqueños han tenido que vivir los efectos de ser la colonia más antigua del hemisferio occidental. Con una ciudadanía americana de segunda (conferida en el 1917), que excluye a los puertorriqueños de procesos tan esenciales como la elección del presidente de los Estados Unidos, también vinieron leyes que han destrozado la economía de Puerto Rico hasta estos días. La polémica ley Jones es el mejor ejemplo.

Esta ley establece que solo los navíos estadounidenses pueden llevar mercancía a Puerto Rico, y que cualquier embarcación extranjera que desee tener acceso a la isla primero debe pagar ciertos impuestos y aranceles. ¿El problema con esto? Estos gastos luego son transferidos a los puertorriqueños. La opción más popular es, entonces, transportar los bienes al estado de la Florida; y desde ahí a Puerto Rico.

Sin embargo, los puertorriqueños continúan pagando con sus impuestos estos cambios de mercancía extranjera a embarcaciones norteamericanas. En tiempos de crisis, tras el paso del huracán «María», y aunque el presidente Trump la levantó temporeramente, esta ley complicó en extremo el ingreso de ayuda internacional a Puerto Rico.

Un estudio realizado por economistas de la Universidad de Puerto Rico en 2012 concluyó que, de 1990 a 2010, la ley Jones causó pérdidas económicas de 17.000 millones de dólares. En el estudio también se estima que, de no haber ley Jones, en Puerto Rico no existiría la deuda pública, que hoy asciende a 70.000 millones de dólares sin incluir la deuda de pensiones del Gobierno ni el impacto del huracán «María» en 2017.

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La deuda ha crecido en grandes proporciones porque los gobernantes de la isla históricamente han apostado por la solicitud de préstamos para cubrir los gastos gubernamentales. En esto, se han colado múltiples casos de corrupción que han salpicado de escándalos a todos los líderes en el poder desde los años 70.

Entre el saqueo respaldado por abusivas leyes coloniales, la imposición de una Junta de Control Fiscal que busca a todas luces el pago a bonistas y el aumento a raudales de ciudadanos que todos los días emigran, la crisis se ha vuelto insostenible para los puertorriqueños que permanecen en la isla.

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Con esto en mente, la revolución que se ha despertado no es otra que el grito de un pueblo que ya no aguanta más golpes, y que exige con todo derecho tomar las riendas de su propio destino.