Japón

«¡Que vengan ellos a vivir aquí!»

La Razón
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Fukushima es uno de esos lugares en los que el nombre quedará marcado para siempre por la tragedia. Sin embargo, antes de que el terremoto de marzo de 2011 y el posterior tsunami provocaran la catástrofe nuclear, Fukushima era de hecho un enclave natural precioso, considerado en las guías turísticas como uno de los «reinos de las frutas» en los que se deben visitar tanto templos y museos tradicionales, así como más de 130 cascadas naturales. En la Organización Nacional de Turismo de Japón se describe así: «La ciudad de Fukushima no se puede explicar sin mencionar su fruta, hay una zona llamada ‘línea frutal’ salpicada de huertos de árboles en los que se pueden coger cerezas a principios del estío, melocotones en verano, peras y uvas en otoño y manzanas desde otoño al invierno». Pero, ¿se comerían una pieza de fruta que podría estar contaminada? El Gobierno de Japón insiste en que hay zonas que ya no son tóxicas y que en 2017, en el sexto aniversario del desastre, un tercio de los 80.000 desplazados forzosos podrán volver a sus hogares en la región de Iitate, al noreste del archipiélago. Los ex residentes que vivían en los alrededores de la planta de Fukushima Daichi se encuentran divididos sobre la decisión de volver. Tan sólo unas 5.300 personas estarían dispuestas a regresar a sus casas y granjas después del plan de limpieza masivo llevado a cabo por el Gobierno nipón. Una desinfección nuclear que ha costado unos 10.000 millones de dólares a la Administración del primer ministro, Shinzo Abe.

«Si las autoridades nacionales piensan que es seguro, entonces deberían venir ellos a vivir aquí», se quejó Kenichi Hasegawa a «The New York Times». Hasegawa, un ex granjero de Iitate, ha reunido ya a más de 3.000 evacuados para que se opongan al plan de retorno. «El Gobierno sólo quiere proclamar que el accidente está terminado y cambiar el foco de atención hacia los Juegos Olímpicos [de 2020]», manifiesta Hasegawa, quien tenía una vaquería en Iitate.

La mayoría de las familias con niños, que son los más expuestos al riesgo de radiación, ya han rehecho sus vidas en otros lugares y no tienen intención de volver. Pero como indica el diario «The New York Times», también los mayores piensan que es demasiado pronto para retornar sin la perspectiva de poder plantar arroz o vivir de sus granjas en el suelo contaminado. Desde el desastre, la mayoría de los evacuados recibe una compensación de 800 dólares por adulto al mes por parte de la empresa Tepco (responsable de la gestión de la planta). Pero Hasegawa, de 62 años, se ha tenido que ir a vivir con sus padres a un apartamento prefabricado a una hora de la zona de evacuación.