Salmond sitúa la independencia de Escocia en 2016

Presenta mañana un informe en el que detalla cómo será el nuevo Estado

El «premier» escocés, Alex Salmond, en el Parlamento de Edimburgo
El «premier» escocés, Alex Salmond, en el Parlamento de Edimburgo

Alex Salmond siempre ha vivido como la protagonista del cuento de la lechera. Lleva tantos años soñando con una Escocia independiente que ya ha planeado incluso hasta cómo y cuándo pondría fecha tan señalada en el calendario. Se trataría del 24 marzo de 2016, para hacerlo coincidir con el aniversario de la unión de las coronas de 1603. No puede ser más poético, aunque hay un pequeño detalle que se le ha pasado por alto al líder nacionalista. Y es que, para cortar el cordón umbilical con Londres, aún tiene que celebrarse un histórico referéndum. El plebiscito tendrá lugar el 18 de septiembre del año que viene y, a día de hoy, alrededor del 47% apoya la permanencia en Reino Unido.

La fecha de la independencia la anunció ayer el Gobierno regional como antesala a la publicación mañana del llamado «Libro Blanco». Se trata de un documento donde, supuestamente, Salmond va a explicar cómo quedarían cuestiones clave como la moneda, la defensa o las pensiones. Los escoceses llevan meses exigiendo respuestas. Al fin y al cabo, queda menos de un año para la consulta, pero parece que desde Edimburgo siguen más preocupados por la forma que por el fondo. La viceministra del Ejecutivo regional, Nicola Sturgeon, recalcó ayer que se va a presentar un «documento histórico», la guía «más completa y detallada que se ha elaborado hasta la fecha sobre un país independiente», con datos sobre el crecimiento y el empleo. Sturgeon señaló además que el «Libro blanco» «demostrará la fortaleza financiera de Escocia y los detalles de cómo se declararía la independencia, las negociaciones, las preparaciones y los acuerdos que serán necesarios en el periodo de transición desde el voto de septiembre».

Sin embargo, desde Londres tienen sus dudas. Alistair Carmichael, el ministro para Escocia, aseguró que «la gente en Escocia todavía no conoce los términos completos que Salmond trataría de negociar, pero los 28 miembros de la UE, la OTAN y el resto de Reino Unido podrían coincidir en que para él es más importante la fecha que el acuerdo en sí». Carmichael, que ha sido nombrado hace apenas seis semanas para endurecer el mensaje de Downing Street en la recta final antes del plebiscito, acusó a los independentistas de «deshonestos» por querer dejar Reino Unido manteniendo sus ventajas como la libra, el Banco de Inglaterra y los astilleros militares.

Por otra parte, el ministro señaló que los independentistas presentan el debate «como una cuestión entre Edimburgo y Londres, entre la socialdemocracia escocesa y los conservadores ingleses, pero no hay tal cosa». Quizá la demagogia soberanista atiende a la falta de argumentos para defender su postura. «Lo que tratamos de transmitir es que la secesión supone un peligro muy real para el futuro de Reino Unido. De hecho, la unión es buena, no sólo para los escoceses, sino para ingleses, galeses y norirlandeses», matizó Carmichael en la BBC.

El «Libro Blanco», que cuenta con 670 páginas, se presentará en Glasgow y no ante el Parlamento escocés, un gesto muy criticado desde Londres. De ganar la opción de la independencia, Escocia se declararía Estado en la primavera de 2016 –un día después de disolver el Parlamento actual– y en mayo de ese año se convocarían elecciones por primera vez para una Escocia independiente.