Salvini tumba el Gobierno de Italia

La coalición populista se fractura. El líder ultraderechista rompe con sus socios del M5E y reclama elecciones. Mattarella, árbitro de la crisis política, explorará una nueva mayoría para evitar ir a las urnas en otoño

Horas después de haber infligido su última humillación a sus socios del Movimiento 5 Estrellas (M5E) rompió el Gobierno de coalición italiano con los antisistema

Horas después de haber infligido su última humillación a sus socios del Movimiento 5 Estrellas (M5E) uniéndose a la oposición para reiniciar las obras del tren de alta velocidad entre Turín y Lyon, Matteo Salvini dio ayer un golpe en la mesa y rompió el Gobierno de coalición italiano con los antisistema del vicepresidente Luigi Di Maio.

«Vayamos directos al Parlamento para reconocer que ya no hay una mayoría y demos rápidamente la palabra a los votantes», declaró el líder de Liga tras una reunión con el primer ministro, Giuseppe Conte. «Las vacaciones no pueden ser una excusa para perder tiempo y los parlamentarios pueden volver a trabajar la semana que viene, como hacen millones de italianos, salvo que quieran salvar su escaño a toda costa», remarcó Salvini en declaraciones a «La Repubblica».

En lo que mucho vieron como un ultimátum a sus socios, la Liga publicó por la mañana un comunicado en el que se lamentaba de que «cada día que pasa es un día desperdiciado» y ponía condiciones al M5E para no hacer descarrilar la coalición. En el texto, Salvini exigía a los «grillinos» medidas «valientes» si querían evitar la convocatoria de elecciones como «única alternativa».

«Italia necesita certezas y elecciones valientes y compartidas. Es inútil seguir adelante en medios de noes, retrasos, bloqueos y broncas cotidianas», aseguraba el comunicado, que remataba con que «para nosotros, la única alternativa a este Gobierno es devolver la palabra a los italianos con nuevas elecciones».

Tras suspender sus respectivas agendas, los vicepresidentes Salvini y Di Maio mantuvieron después por la tarde una larga reunión en el Palacio Chigi junto al primer ministro, erigido una vez más en el mediador entre un matrimonio político que se detesta desde que pactaron unirse en un inédito Gobierno populista el 1 de junio del pasado año. Previamente, Conte había visitado en el Quirinal al presidente de la República, Sergio Mattarella, que se ha visto obligado a suspender sus vacaciones ante los tambores de crisis política que sonaban una vez más en Roma. El jefe del Estado también recibió al presidente de la Cámara de Diputados, el «grillino» Roberto Fico.

Conte esperó a la noche para lanzar sus dardos contra el líder de la Liga, al que conminó a explicar a los italianos sus razones para dejar caer el Gobierno. «Depende de Salvini, en su capacidad como senador, explicar al país [la situación] y justificar ante los votantes que creyeron en la posibilidad de cambio las razones», aseguró. Horas antes, el viministro aseguró que una remodelación de Gobierno ya no bastaba para recuperar la confianza.

Sin embargo, la caída del Gobierno no significa necesariamente el final de la legislatura, que concluye oficialmente en 2023, y la convocatoria inmediata de elecciones, una decisión que depende exclusivamente del jefe del Estado. Conte tratará de buscar nuevos apoyos en el Parlamento tras la salida de la Liga. De no conseguirlo, Mattarella, partidario de garantizar la estabilidad política del país, mediará con los partidos para intentar formar una mayoría alternativa, que podría pasar por un pacto entre el M5E y el Partido Democrático (PD, centro izquierda). En caso de fracasar ambas opciones, Mattarella aún podría optar por todo un clásico de la política italiana: un Gobierno técnico que apruebe los cruciales presupuestos de 2020 y gestione el día a día hasta la primavera, cuando se podrían disolver las Cámaras y convocar elecciones entre 45 y 70 días.

Según un sondeo elaborado el 31 de julio por el Instituto Ipsos para el diario «Corriere della Sera» y publicado ayer, la Liga de tendría el 36% de los votos en unas próximas elecciones y alcanzaría el 50,6% en coalición con la ultraderecha de Hermanos de Italia (7,5%) y la conservadora Forza Italia de Silvio Berlusconi (7,1%). Precisamente, con estos dos partidos, Salvini concurrió en coalición en las pasadas legislativas, pero el fragmentado Parlamento que surgió obligó a la formación de una inédita coalición entre antisistema y ultraderechistas que ha saltado por los aires catorce meses después por las diferencias irreconciliables entre sus líderes. Estos meses solo han servido a Salvini para forzar unas nuevas elecciones que le permitan dirigir una coalición de centro derecha que gobierna en numerosas regiones.

Desde el M5E, Di Maio aseguró que «estamos preparados, el poder no nos interesa y nunca lo ha hecho. Pero una cosa es cierta: cuando tomas el pelo al país y a los ciudadanos, antes o después lo pagas». Los «grillinos», según las encuestas, perderían la mitad de sus apoyos y caerían al 17,8% superados por el PD, que se convertiría en la segunda fuerza más votada con el 20,5%.

Según los medios, Salvini había exigido condiciones imposibles para permanecer en la coalición: la salida de tres ministros y un nuevo pacto que incluía la reforma para aplicar un impuesto único sobre la renta y mayor autonomía de las regiones. «No estoy hecho para medias tintas», dijo el miércoles. Entre los ministros a los que enfiló Salvini, estaban el «grillino» Danilo Toninelli (Transportes); Elisabetta Trenta (Defensa, cercana al M5E); Sergio Costa (Medio Ambiente) y Giovanni Tria (Economía).