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Shamima: «Quiero regresar a casa»

Con 15 años dejó su hogar en Inglaterra para ser la esposa de un yihadista. Junto a dos amigas del instituto, viajó a Raqa (Siria), donde encontró marido. Hoy, cuatro años después y embarazada de nueve meses, pide volver, pero no se arrepiente.

  • Shamima: «Quiero regresar a casa»
Beirut.

Tiempo de lectura 4 min.

15 de febrero de 2019. 00:30h

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Ethel Bonet.  Beirut. 15/2/2019

¿Es posible con solo 15 años decidir dejarlo todo para convertirse en la mujer de un yihadista del Estado Islámico? Shamima Begum y sus dos compañeras de clase Kadiza Sultana y Amira Abase no dudaron a la hora de abandonar a su familia en Reino Unido para embarcarse en una aventura juvenil en Raqa, la ex capital del EI en Siria. Ahora, cuatro años después de su sueño romántico de ser la esposa de un combatiente yihadista, Begum, embarazada de su tercer hijo, quiere regresar a Londres, pero dice que no se arrepiente en su decisión de haberse unido al califato del desaparecido Abu Bakr al Bagdadi. «La vida era normal en Raqa», describió Begum en una entrevista exclusiva a «The Times» en el centro de detención del campo de refugiados de Al Hol, cerca de Raqa.

La joven británica, de origen bangladesí, se ha quedado hasta el final con el último puñado de yihadistas que resiste en Baghuz, el bastión final del EI en el este de Siria, que pretenden arrebatárselo las fuerzas kurdas. Muy débil, con signos de desnutrición y embarazada de nueve meses, Begum decidió no mirar atrás y seguir su camino a través del desierto para entregarse. «Yo era débil. No pude soportar el sufrimiento y las dificultades que conlleva permanecer en el campo de batalla. Pero también temía que el niño al que daría a luz moriría como mis otros hijos si me quedaba. Así que huí del califato. Ahora todo lo que quiero hacer es volver a casa», declaró esta joven que perdió a sus otros dos hijos. La niña murió hace un mes con un año y nueve meses, mientras que el otro, un niño, perdió la vida hace tres meses con ocho meses de edad.

Begum manifestó su fe ciega al Estado Islámico como muchas otras jóvenes que se prendaron del exotismo de vivir en un país lejano como Siria con un guerrero del islam por esposo. Pero después la realidad que se toparon fue muy distinta: hambre, represión y un califato que dejó de brillar en apenas un par de años de su creación. No obstante, la adolescente británica aseguró que tuvo «una vida normal» y que estaba de acuerdo con las ejecuciones porque cree que se lo merecían. «La primera vez que vi una cabeza decapitada sobre un bidón, ni me inmuté. Me pareció bien porque era un enemigo del islam», arguyó la yihadista.

En febrero de 2015, las tres chicas viajaron desde el aeropuerto londinense de Gatwick con destino a Turquía después de decirle a sus padres que salían de casa para dar un paseo. Una vez en Turquía, las adolescentes cruzaron la frontera hasta alcanzar la capital siria del Estado Islámico. Cuando Begum llegó a Raqa con sus compañeras del Instituto Bethnal Green, creyeron que las iban a llevar a una casa de «solteras» para prepararse y encontrar marido. Sin embargo, describió la joven, «nos metieron en una vivienda con hombres donde permanecimos varias semanas sin que nos informaran de nada más. Luego nos dijeron que era para comprobar que no éramos espías».

Tres semanas después, Begum se casó con su primer y único esposo, un yihadista holandés de 27 años (que se había convertido al islam), que ahora está prisionero y a quien no ve desde hace dos semanas. De sus amigas supo muy poco, ya que como mujer de yihadista del EI tenía bastante restringido cualquier movimiento fuera de casa y siempre bajo el «niqab» (velo íntegro). La esposa del EI supo de la triste noticia de que su amiga Kadiza había muerto en un bombardeo de la coalición internacional contra su vivienda en Raqa. De Amira, la tercera estudiante, no sabe nada desde que huyó de Baghuz, pero espera que siga con vida a pesar de los bombardeos.

Begum es consciente de que su familia, con la que no contactó en cuatro años –una sola vez llamó a su madre cuando estuvo en Al-Kiswah (en la zona rural de Damasco)–, le costará tiempo asimilar todo lo que ha pasado.

Ahora, el regreso de Begum a Londres no será tan fácil. El secretario de Estado de Interior, Ben Wallace, dijo ayer que no se hará nada por Begum: «No pondré en peligro la vida de ciudadanos británicos para ir a buscar terroristas o antiguos terroristas de un Estado fallido». «Los actos tienen consecuencias», apostilló. No obstante, quien tiene la última palabra en este asunto es el ministro del Interior, Sajid Javid, quien deberá cotejar información con los servicios secretos.

Según las estimaciones, unos 850 británicos, incluidas unas 150 mujeres, se habrían unido al grupo yihadista en Siria e Irak. De esas cifras, se cree que alrededor de 80 mujeres y niños han regresado. Los parientes de los yihadistas que vuelven de los feudos del EI han sido detenidos e interrogados al pisar territorio británico. Si Begum tuviera que dar a luz antes de aterrizar en Reino Unido, corre el riesgo de que le quiten a su hijo, como ha ocurrido ya a otras viudas.

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