Estados Unidos e Irán se encaminan hacia una guerra total

La escalada sin precedentes entre Estados Unidos e Irán ha disparado las alarmas sobre el riesgo a un enfrentamiento directo y abierto en la convulsa región

La escalada sin precedentes entre Estados Unidos e Irán ha disparado las alarmas sobre el riesgo a un enfrentamiento directo y abierto en la convulsa región. Los observadores temen un descarrilamiento de la crisis por un error de cálculo en el Estrecho de Ormuz.

De camino a Camp David un Trump exultante y relajado atendió ayer a la prensa. A gritos, para hacerse escuchar por sobre el estruendo del helicóptero que le esperaba, pero meridiano en cuanto a sus opiniones. El asunto estrella fue Irán. El presidente aseguró que habrá más sanciones, y que de he hecho tenía previsto mantener varias reuniones al respecto en las siguientes horas. Del país comentó que «ahora mismo es un desastre, las sanciones les están haciendo mucho daño, y hay más sanciones en camino». Sobre el acuerdo nuclear firmado por Obama insistió en que los inspectores nucleares nunca lograron escrutar el programa iraní al completo y añadió «que el acuerdo no fue aprobado por el Congreso». «Hagamos Irán grande otra vez», dijo, «pero no si quiere tener la bomba en cinco años. No lo permitiremos. Y cuando lo acepten tendrán un país rico y feliz». En cuanto a la opción militar aseguró que «sigue sobre la mesa». La presión al régimen de los ayatolás se mantiene intacta.

El derribo de un avión no tripulado estadounidense por Irán ha agravado el riesgo de una confrontación directa entre estos viejos adversarios. El incidente se produce en medio de la escalada de tensión en el Golfo Pérsico, donde dos petroleros, japonés y noruego fueron atacados en en los últimos días. En esta guerra no declarada contra los intereses del petróleo mundial, Irán se sitúa en el punto de mira. Los precios del crudo volvieron a subir en un 3%, llegando este viernes a los 64 dólares por barril.

Las autoridades iraníes han adquirido el papel de víctima, de que hay una conspiración instigada por Washington, Tel Aviv y Riad para acabar con la economía de Irán. Teherán ha negado, y seguirá negando todas las veces que sea necesario, su implicación en los últimos incidentes regionales que han coincidido con una mayor presión de EE UU al régimen iraní, a través de nuevas sanciones. Y advierte de que si se produce finalmente el ataque a su territorio «las consecuencias serán devastadoras».

No es algo nuevo que Irán emplee sus capacidades terroristas para conseguir sus objetivos diplomáticos. Es una estrategia habitual de Teherán emplear su denominada política de «defensa» para negociar a través de sus propias fuerzas en la región o de intermediarios como es el caso de los hutíes o Hezbolá en el Líbano e Irak. Esto se ha venido demostrando con una serie de incidentes en el último mes. Los Emiratos Árabes Unidos (EAU) fueron objetivo con los ataques contra petroleros en Golfo; Arabia Saudí con el ataque hutí en las instalaciones petroleras de Aramco o el aeropuerto de Abha. Asimismo, en la franja de Gaza, Irán se sirvió de la Yihad Islámica para organizar ataques contra Israel el día en que EE UU retiró la exención de sanciones a los países que todavía compraban petróleo a Irán. Y en Irak, con el lanzamiento de cohetes en la zona verde en Bagdad, que alberga embajadas extranjeras.

Según analistas, el objetivo de estos ataques ha sido presionar a EE UU para negociar indirectamente con Irán, y de esta manera poderse asegurar del levantamiento de las sanciones o al menos un alivio de las mismas. Si bien Teherán consiguió que la diplomacia internacional moviera sus fichas para mediar y rebajar las tensiones, como se vio con las visitas del ministro de Exteriores de Alemania, Heiko Maas, y la del primer ministro japonés, Abe Shinzo, en cuanto las sanciones, parece que es poco probable que el presidente Trump sucumba a la presión iraní.

«Los europeos no tiene capacidad disuasoria para hacer que la Administración Trump cambie de parecer y levante las sanciones. Solo queda esperar a ver quien mueve ficha primero», lamentó a LA RAZÓN un diplomático europeo, sin revelar su nombre. El moderado presidente de Irán, Hasan Rohani, quien firmó el acuerdo nuclear con las superpotencias, está bajo presión . El mes pasado dijo que su gobierno «reduciría sus compromisos» nucleares sin retirarse por completo. Y esta semana, anunció que reanudaría sus actividades de enriquecimiento de uranio pero no habló de salirse del acuerdo. No obstante, Trump no se lo está poniendo fácil a Teherán. Los partidarios de la línea dura ven una ventaja en la actual escalada con Washington para aumentar la presión sobre Rohani. Lo más probable es que EE UU no se arriesgue a una confrontación total y recurra a ataques aéreos selectivos. Con la economía de Irán tambaleándose por el efecto de las sanciones, una eventual agresión de EE UU unirá a todos los iraníes bajo la bandera de la revolución islámica. También abriría una brecha entre Washington y la Unión Europea, que está luchando para mantener el acuerdo nuclear. Sin este objetivo cumplido, solo se puede esperar de Irán que renueve sus ataques contra el comercio mundial de petróleo y continúe presionando a sus rivales regionales.

Para Arabia Saudí una escalada bélica en el Golfo le proporcionaría el apoyo necesario para enfrentarse a Irán y Qatar, -su incómodo vecino-, con el objetivo de limitar el poder iraní y qatarí y volver a resurgir como primera potencia regional. Riad de momento ha optado por la contención pero la pregunta es hasta cuándo.