Trump rompe el pacto con Irán y le impone sanciones

Asegura que el acuerdo «no trajo calma ni paz y nunca lo hará» y advierte de que si Teherán mantiene su aspiración atómico, se buscará «los problemas más grandes».

Asegura que el acuerdo «no trajo calma ni paz y nunca lo hará» y advierte de que si Teherán mantiene su aspiración atómico, se buscará «los problemas más grandes».

Donald Trump estaba decidido a sacar a su país del acuerdo nuclear con Irán, y lo hizo. La noticia la había filtrado el periódico New York Times pocas horas antes de hacerse oficial. El presidente de EEUU se lo habría anunciado a Emmanel Macron por teléfono. Una cortesía con el amigo europeo antes del gran bombazo. Apenas restaba formalizar la hecatombe.

Con voz firme, un Trump consciente de hablar para la Historia dijo que «este fue un acuerdo horrible que nunca debió de haberse hecho. No trajo tranquilidad, no trajo la paz, y nunca lo hará». «De hecho», añadió, «el acuerdo permitió a Irán continuar enriqueciendo uranio y, con el tiempo, llegar al borde de la ruptura nuclear. Levantó sanciones económicas severas a cambio de unos límites muy débiles en la actividad nuclear del régimen».

Según Trump, el acuerdo concedió al régimen iraní «muchos miles de millones de dólares, algunos de ellos en efectivo, lo que constituye una gran vergüenza para mí como ciudadano y para todos los ciudadanos de los Estados Unidos». Tras insistir en que el acuerdo estaba viciado en su base, explicó que existen pruebas de que sus «promesas eran mentira».

«La acción de hoy envía un mensaje crítico, dijo, «Estados Unidos ya no hace amenazas vacías. Cuando hago promesas, las mantengo». Trump anunció que trabajaría con los aliados en busca de una solución «real, integral y duradera». Incluidos «intentos de eliminar la amenaza del programa de misiles balísticos de Irán, detener sus actividades terroristas en todo el mundo y bloquear su amenazadora actividad en todo el Medio Oriente. Mientras tanto, las duras sanciones entran plenamente en vigor. Si el régimen continúa con sus aspiraciones nucleares tendrá mayores problemas que nunca».

De nada sirvieron los esfuerzos diplomáticos del propio Macron y de Angela Merkel. Ni siquiera el postrero intento de un presunto aliado natural, el polémico ministro de Asuntos Exteriores de Reino Unido, Boris Johnson, que en la noche del domingo, entrevistado por los periodistas de la cadena Fox, había expresado su temor a que la previsible ruptura del pacto desencadene una carrera armamentística en una zona geográfica de gran volatilidad. «Los saudíes también querrán [la bomba atómica]», comentó apesadumbrado, «los egipcios, los emiratíes. La situación ya es muy, muy peligrosa en este momento, no queremos ir por ese camino. [Y] no me parece en este momento ser una solución viable militar».

Firmado en 2015 por Irán, EEUU, Rusia, China, Reino Unido, Francia y Alemania, el pacto nuclear garantizaba que la república islámica no usaría sus miles de plantas centrifugadoras durante durante un plazo de 10 años, ni siquiera con fines civiles, y no enriquecería uranio en un mínimo de 15 años. Suficiente, consideraban los negociadores, liderados Obama, para que Irán encontrará más fructífero renunciar definitivamente al desarrollo de un arsenal nuclear. A cambio, las potencias acordaron levantar las duras sanciones económicas en vigor de 2012. La consecuencia, casi inmediata, fue la revitalización de las exportaciones de crudo iraní. Al mismo tiempo el país abrió sus puertas a la inversión extranjera, fundamental para una industria petrolera nacional envejecida, y volvía a acceder a los cuantiosos fondos que tenía bloqueados en el extranjero.

Durante meses, si no años, Trump condenó siempre que pudo un pacto que considera «horrible». En su opinión los iraníes estarían engañando a la comunidad internacional y a los inspectores de la Agencia Mundial de la Energía. De ahí que celebrara la alocución de Benjamin Netanyahu la pasada semana, cuando acusó a Irán de trabajar en secreto en el desarrollo de su programa nuclear. Una denuncia que coincide con el sentir del nuevo secretario de Estado, Mike Pompeo, y el flamante el consejero de Seguridad Nacional, John Bolton. Dos halcones, nombrados en sustitución del que fuera director de Exxon, Rex Tillerson, y del general H. R. McMaster. Tanto Tillerson como McMaster eran contrarios a la idea de abandonar el acuerdo. El propio Pompeo lo había dejado claro durante una conferencia de prensa en Bruselas el pasado 27 de abril. Si no se alcanzaba un acuerdo que prorrogue de forma sustancial, o preferiblemente definitiva, los vetos de 10 y 15 años a las centrifugadoras y el enriquecimiento de uranio, resulta casi seguro que EEUU se levantaría de la mesa, dejando a sus aliados en una situación de extrema incomodidad. En opinión de Pompeo, el acuerdo ha fallado a la hora de moderar las posturas de Irán en otras muchas áreas. Pero como recuerda la columnista conservadora del Washington Post, Jennifer Rubin, «Dado que estas otras áreas no estaban cubiertas por el plan, Estados Unidos podría haber abordado esos asuntos mediante sanciones y/o acción diplomáticas», pero, añade Rubin, eligió no hacer «nada».

Eso sí, nadie negará que la decisión de Trump es, al menos, consecuente. Recuérdense, por ejemplo, las palabras del entonces candidato a la presidencia en un mitin en Virginia, septiembre de 2016: «Si echas un vistazo a Irán a hace cuatro, cinco años, se estaban muriendo. Las sanciones los estaban estrangulando y empujando hacia la muerte. Ni siquiera representaban ya una gran amenaza. No tenían nada en marcha y ahora son un poder. De la noche a la mañana, los convertimos en un poder. En su opinión, el acuerdo revelaba «el más alto nivel de incompetencia jamás visto» en la política exterior de las últimas décadas. Apenas 5 días antes, el 1 de septiembre, el hombre entonces llamado a ser Consejero de Seguridad Nacional en la administración Trump, el general jubilado Michael Flynn, comentó que el «presidente Obama regaló todo con tal de asegurar un acuerdo débil y lleno de lagunas, que no bloquea a Irán [en su deseo de desarrollar armas nucleares], envalentona a nuestros enemigos y financia el terrorismo».

«Si Trump renuncia al acuerdo nuclear, nunca logrará llegar a otro similar», comentaba el ministro de Asuntos Exteriores de Irán Mohammed Javad Zarif. Sabe que mientras resten potencias interesadas en mantener la creciente relación comercial con su país, mientras China, por ejemplo, les compre petróleo, y mientras se considere viable la posibilidad de beneficiarse de sus descomunales reservas de gas, la economía resistirá parcheada. Pero en el largo plazo, una vez entren en vigor las sanciones, será difícil convencer a las grandes multinacionales para que arriesguen la posibilidad de ser castigadas por EEUU.