El portazo de Trump empuja a Europa a una alianza con China

El presidente de la Comisión Europea (CE), Jean-Claude Juncker, le da la bienvenida al primer ministro chino, Li Keqiang, en Bruselas

El anuncio de Donald Trump de abandonar el acuerdo de París supone un paso quizás sin retorno hacía el aislacionismo internacional de EE UU.

El anuncio de Donald Trump de abandonar el acuerdo de París supone un paso quizás sin retorno hacía el aislacionismo internacional de EE UU. Una escenificación perfecta e hiperbólica del «América First» que incluso sorprendió en los pasillos comunitarios por la fecha elegida: el comienzo de una cumbre entre EE UU y Pekín como pistoletazo de salida de nuevas alianzas alternativas tanto en el terreno del cambio climático como en otros. Unas alianzas que llevaban forjándose meses y de las que la Administración estadounidense era conocedora.

Pero el nuevo orden mundial no puede escapar de viejas rutinas y las preguntas e incógnitas son demasiadas. «La UE y China seguirán con o sin Estados Unidos en la lucha contra el calentamiento global», proclamó el presidente permanente del Consejo Donald Tusk al término de la reunión en una rueda de prensa conjunta con el presidente de la Comisión Europea Jean Claude Juncker y el primer ministro chino, Li Kequiang en una comparecencia ante los medios de comunicación cuyo comienzo se retrasó tres horas debido a las discrepancias entre ambas delegaciones en el capítulo comercial. Fruto de estas desavenencias, la negativa de Pekín a firmar la declaración final del encuentro. El nuevo orden se parece mucho al viejo que no ha acabado de morir.

Los desencuentros entre las dos potencias en este capítulo no son nuevos. China pretende que la Unión Europea reconozca al país como una economía social de mercado 15 años después de su adhesión a la Organización Mundial del Comercio, algo a lo que el bloque comunitario se opone porque no le permitiría poner en marcha ciertas medidas antidumping en casos como lo que Bruselas considera sobreproducción china de acero.

Aunque ayer se daba por sentado que estos últimos obstáculos no ponían en cuestión el compromiso en la reducción de emisiones de gases contaminantes, sí que evidencian que las diferencias larvadas durante años no van a desaparecer por arte de magia. Fruto de esta ambivalencia, las palabras de Tusk que si bien definió la cumbre celebrada ayer «como la más prometedora de la Historia» no olvidó seguir tendiendo la mano a EE UU. «Mientras China y la UE se comprometen con las futuras generaciones, EE UU comete un error histórico», aseguró el polaco para después apostillar que «sin embargo, unos lazos transatlánticos fuertes son mucho más importantes y mucho más duraderos que las decisiones desafortunadas decisiones de la nueva Administración». «Es la mejor garantía para las personas y naciones que defienden la libertad y un orden pacífico que no les dejará solos y sin ayuda», aseveró.

Por si el mensaje no había quedado claro, inmediatamente después se refirió a otro de los capítulos más espinosos de las relaciones entre Pekín y los Veintiocho: el respeto a los Derechos Humanos. Tusk expresó su «preocupación» por la libertad de expresión y asociación en China y la situación vivida por minorías como los tibetanos y los uigures.

En la misma línea de separar a la Administración Trump del conjunto del pueblo americano, el Comisario de Energía y Cambio Climático, Miguel Arias Cañete, aseguró que la lucha contra el cambio climático «no puede depender de los resultados electorales» ya que compromete al país y no a un partido y a otro. A pesar del portazo de Trump, Bruselas confía en poder seguir manteniendo acuerdos con otros actores dentro de EE UU como «los ciudadanos, las empresas, las comunidades y los Estados, que han sido muy claros apoyando París y tomando acciones climáticas». En los pasillos comunitarios se pone como ejemplo el Estado de California –uno de los mayores del país–- campeón en energías limpias y con el propósito de seguir hacía adelante a pesar de la nueva Administración.

Sobre el futuro, Cañete aseguró que «llegarán otras Administraciones» a la vez que recordó que Washington también se retiró en su día del protocolo de Kioto. La UE permaneció en al pacto, aunque se produjo el efecto arrastre de Japón y Canadá. El Comisario también apuntó que legalmente Washington no puede retirarse del acuerdo antes de tres años desde la firma del acuerdo, más uno entre la notificación y el abandono definitivo. A pesar de esto, no están previstos elemento coercitivos que impidan a Estados Unidos romper la baraja ya que esto podría ocasionar un efecto arrastre.

Bruselas confía ahora en poder contener cualquier efecto dominó fruto de la indignación internacional suscitada por el anuncio de Trump, aunque haya potencias como Rusia y Turquía que todavía no hayan refrendado el Acuerdo de París y los objetivos pactados hasta el momento sean claramente insuficientes para conseguir la meta de evitar el calentamiento de 2ºC del planeta. Sin EE UU, será aún más difícil. Fuentes diplomáticas reconocen que el liderazgo europeo no puede suplir por sí solo los compromisos que Washington acaba de arrojar a la basura.