Xi Jinping, el intocable

El presidente chino ha logrado acumular casi tanto poder como Mao Zedong y hacer que sus decisiones sean indiscutibles en el partido.

Un cartel con la imagen del presidente Xi Jinping en una calle de Pekín

El presidente chino ha logrado acumular casi tanto poder como Mao Zedong y hacer que sus decisiones sean indiscutibles en el partido.

Se avecina una temporada agitada en el seno del Partido Comunista chino (PCCh). En su particular «Juego de tronos», tres facciones luchan por hacerse con el poder de la formación política más grande del planeta. La incertidumbre, los desafíos y las luchas de poder entre bambalinas marcarán un 2017 en el que finalmente se sabrá quién será el heredero político –si es que lo hay– del actual presidente de China, Xi Jinping.

El momento cumbre en el que cristalizarán esas pugnas será el próximo otoño, cuando tenga lugar el XIX Congreso del partido, una reunión clave que tiene lugar cada cinco años y en la que cerca de 2.000 delegados tienen la tarea de nombrar a los nuevos representantes de los principales órganos de poder del partido: el Comité Permanente, de siete miembros; el Politburó, de 25; y el Comité Central, de 400. Un cónclave crucial en el que se designará qué clan político se apodera de los puestos más relevantes en la estructura del Estado.

Algunas de las batallas que se esperan hasta ese momento ya se están librando. Es el caso de la propia facción que encabeza Xi, cuya figura ha salido fortalecida esta semana del encuentro que durante cuatro días ha reunido a puerta cerrada a los 370 hombres y mujeres más poderosos de China. A los títulos de presidente, secretario general y jefe de las Fuerzas Armadas, ahora se suma el honorífico de «núcleo» del Partido, una nominación que lo encumbra a la altura de líderes históricos como Mao Zendong o Deng Xiaoping.

Este nuevo galón –que lo sitúa como líder indiscutible de su país– sirve para reforzar aún más su posición frente a unos rivales que desde que Xi accediera al poder han sufrido las consecuencias de la lucha anticorrupción que él mismo abandera. Precisamente, el documento que fue emitido al término del pleno ordenaba a los 88,7 millones de militantes del PCCh a «unirse firmemente en torno al Comité Central, con el camarada Xi Jinping como núcleo».

El nombramiento servirá para apoyar las decisiones de Xi, algunas de las cuales ya han hecho mella entre las filas de la oposición. Entre ellas, la inclemente campaña anticorrupción que inició el mandatario y que ha hecho caer a algunos «grandes tigres», como es el caso de Ling Jihua, hombre de confianza del ex presidente, Hu Jintao.

El propio Hu procede de otra de las facciones en liza por el poder, la Liga de Jóvenes Comunistas –conocida como «tuanpai»– y actualmente encabezada por el primer ministro Li Keqiang. Si tradicionalmente éste debía ser quien se encargara de los asuntos económicos, su papel ha sido secundario acaparando Xi el protagonismo a la hora de tomar las decisiones en materia de finanzas. Esa evidente rivalidad entre ambos así como la caída en desgracia de Ling han supuesto un fuerte revés para este bando.

La «camarilla de Shanghái», el otro grupo a batir, también ha sufrido el asedio de Xi. Encabezado por el ex presidente Jiang Zemin, cuenta entre sus miembros con el presidente del Legislativo, Zhang Dejiang, quien también ha sido foco de las críticas de Xi por su gestión de la región autónoma especial de Hong Kong. La ex colonia británica celebró unas elecciones legislativas el mes pasado en las que seis diputados pro independencia se hicieron con un escaño, un hecho que sirvió a Xi para culpar a Zhang de no haber puesto fin al incremento del sentimiento independentista entre la población hongkonesa.

«Xi ha apartado con éxito tanto al grupo de Shanghái como a la Liga Juvenil. El clan de Xi Jinping podría convertirse en la mayor facción del partido tras el congreso del próximo año», señaló a este diario el profesor de la Universidad de Hong Kong, Willy Lam. Xi usará su nuevo poder para reclutar a aliados leales a su facción – la gran mayoría provenientes de las provincias de Zhejiang y Fujian– y colocarlos en puestos de confianza, explica Lam. Con este procedimiento tratará de eliminar a los funcionarios de mayor relevancia dentro del régimen, que fueron impuestos por sus dos últimos predecesores y que lo han situado en una desventajosa posición, al no gozar todavía su red de contactos de cargos de suficiente nivel.

Según la regla no escrita del PCCh, el secretario del partido sólo puede gobernar dos legislaturas y a mitad de su mandato suele anunciar quién será su sucesor. Sin embargo, la cuestión a la que ahora todos apuntan es si Xi tratará de perpetuarse en el poder. Mientras el partido ha manifestado que el sistema «siempre debe ser seguido y no debe ser violado por cualquier organización o individuo bajo cualquier circunstancia o por cualquier motivo», Lam afirma que «Xi es el Mao Zedong del siglo XXI. No hay facciones políticas que se atrevan a desafiar a un núcleo de dirección».