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Y los nominados a formar parte del Gabinete son...

Criticas a Trump por convertir la formación del Gabinete en un espectáculo. Obama advierte de que intervendrá si se violan los valores de EE UU

Criticas a Trump por convertir la formación del Gabinete en un espectáculo. Obama advierte de que intervendrá si se violan los valores de EE UU

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El presidente electo, Donald Trump, ha pasado el fin de semana en el club de campo Trump National Golf Club, en Bedminster (Nueva Jersey) a 50 kilómetros de Manhattan, para mantener el suspense hasta el final sobre los nombramientos de su Gabinete. Y de paso, ha promocionado este Club que compró en una subasta en 2000. Parece que Trump se ha tomado las nominaciones como uno de sus televisivos concursos, donde no han faltado sus frases de cabecera de hombre-espectáculo. «Hemos hecho un par de tratos. Han sido reuniones increíbles con gente increíble. Lo sabréis todo pronto», auguró Trump, mientras mantenía la expectación igual que un presentador antes de dar paso a los anuncios.

Ya se ha entrevistado con el ex gobernador de Massachusetts, Mitt Romney, candidato presidencial de 2012, el general del Cuerpo de Marines, James Mattis, –conocido en el Ejército como «Perro Loco», «Caos» o «Monje Guerrero»–, el gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie, el ex alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, y la rectora demócrata de las escuelas públicas, Michelle Rhee, con la que debatió el puesto de secretaria de Educación. Romney, enemigo durante la campaña, es uno de los candidatos para ser jefe de Diplomacia, un puesto que también quiere Giuliani, quien sí le apoyó desde el principio. Trump, un hombre que confía en muy poca gente, ha sopesado qué le puede interesar más: un posible puente con el «establishment» republicano con la figura de Romney o premiar la lealtad del ex alcalde.

Sí podría darse ya por hecho que James Mattis se convierta en jefe del Pentágono. Después de su encuentro, Trump escribió en Twitter que «el general James “Perro Loco” Mattis, al que se le considera como secretario de Defensa, fue impresionante. Un general de generales», opinó el magnate. Ayer visitaron la Torre Trump, en Nueva York, el ex gobernador de Texas, Rick Perry, el ex portavoz de la Cámara de Representantes, Newt Gingrich y la gobernadora de Oklahoma, Mary Fallin. Perry suena como secretario de Energía o Agricultura y Fallin como secretaria de Interior. También se entrevistó con el ex senador Scott Brown, quien, según «The Boston Herald», podría ocupar un puesto en el Departamento de Asuntos de los Veteranos. Asimismo, la congresista demócrata Tulsi Gabbard, una veterana de la guerra de Vietnam famosa por sus críticas a Obama, podría ser la nueva embajadora de EE UU en la ONU. Trump había planeado tomar la decisión sobre los nombramientos antes de la Fiesta de Acción de Gracias de este jueves, según una fuente de su equipo de Transición. En principio, el magnate quiere marcharse a su mansión de Florida en Mar-a-Lago hoy o mañana. Mientras, que el vicepresidente electo Mike Pence se desplazará a Mississippi, donde está la base de su hijo, soldado del Cuerpo de Marines. Pero para sorprender al «espectador», algo que se ha convertido en habitual en este proceso de transición a la Casa Blanca –considerado el más caótico de la historia de EE UU y salpicado por el nepotismo–, la agenda puede cambiar en cualquier momento.

En esta nueva era, donde la norma es romper todo tipo de precedentes, el todavía presidente Barack Obama, ha admitido que podría saltarse la tradición de respetar al nuevo inquilino de la Casa Blanca, a la vez que debería mantener un perfil bajo. En su rueda de prensa al final de su gira por Grecia, Alemania y Perú, Obama indicó que quiere «respetar esta oficina y dar al presidente electo una oportunidad. Pero como estadounidense que se preocupa mucho por este país, es necesario que defienda ciertos ideales y valores», reconoció Obama en clara referencia a los comentarios racistas de Trump durante su campaña.

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El abuelo de Trump quería ser alemán

Frederick Trump, el abuelo del presidente electo, luchó sin éxito por recuperar la nacionalidad alemana y quedarse en Alemania después de haber emigrado a EE UU en 1885, revelan documentos de la época que publicó ayer «Bild». Trump (1869-1918) se enamoró de una vecina de Kallstadt, Elisabeth, con quien se casó y se marchó a Nueva York. Pero la joven sentía añoranza y Trump, que amasaba una gran fortuna, se esforzó por instalarse permanentemente en su antigua patria, deseo que le fue negado por fugarse sin haber hecho el servicio militar en su país natal.

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