Alto a la gripe. Cambio en las terapias antivirales

Una de las máquinas de matar más perfectas diseñadas por la naturaleza es un virus. No tiene órganos, no siente, apenas tiene genoma, no puede vivir aisladamente... incluso es difícil catalogarlo como ser vivo. Pero está fabricado para infectar. Y lo hace muy bien. En ocasiones, su infección es tan imparable que acaba matando al organismo huésped. Otras veces es una infección más leve pero tan molesta como una mala gripe. Ahora, un equipo de científicos de la Universidad de San Diego en California ha desentrañado uno de los mayores misterios que guardaba la maquinaria infecciosa de los virus: cómo se las apaña para superar las defensas en forma de mucosa de nuestra nariz y boca y penetrar impunemente en nuestras vías respiratorias.