La espada que todo lo tapa

Manzanares corta dos orejas en Sevilla.

Manzanares toreando con la diestra, en Sevilla, ayer
Manzanares toreando con la diestra, en Sevilla, ayer

Manzanares corta dos orejas en Sevilla.

Sevilla. Quinta de abono. Se lidiaron toros de Juan Pedro Domecq, bien presentados. El 1º, desrazado; el 2º, bravo y encastado; el 3º, noble y paradote; el 4º, noble, soso y paradote; el 5º, de buen juego; el 6º, bravo y a menos. Casi lleno.

Enrique Ponce, de blanco y oro, estocada corta (silencio); dos pinchazo, metisaca, estocada (silencio).

José María Manzanares, de azul marino y oro, estocada punto contraria (oreja); estocada (oreja).

López Simón, de coral y oro, pinchazo, estocada contraria y trasera (saludos); estocada (ovación).

La tarde era de suspensión. Pero se dio. Parecieron estar confabuladas las nubes con la empresa porque a las seis y media no caía gota. Y no había parado desde la tarde anterior. Sin tregua. Tardó en caer lo mismo que en deshacerse el paseíllo. Para adelante los toreros. Insólito en otro espectáculo lo del público. Un dineral y dos horas y media bajo la lluvia. Decíamos de ayer. Ponce se topó con un primero que tardó en desmoronar las ilusiones más o menos lo mismo que en abrir un paraguas. Falto de raza y soso el juampedro no levantaba clamores. Noble el cuarto, con una sosería tan descomunal que echaba por tierra cualquier atisbo de lucimiento. Fue el lote de Ponce. Visto y no visto a la fuerza.

Paco María lo bordó en varas. Bien el toro. Cumbre el picador. Se desmonteraron Suso y Blázquez después. Iba rodada la cosa porque, además, «Gruñón» se empeñaba en hacerlo bien. Hagamos un paréntesis hasta llegar a la suerte suprema. Brutal la transmisión al hacerla, la fuerza de esa estocada recibiendo al tercer intento de cite (no pinchó). Y fue eso lo que maquilló todo lo anterior que fue una faena deslavazada, sin querer apostar porque para ello hay que quedarse y ligar los suficientes muletazos para que aquello se incendie. Y con tres y el de pecho y la infinidad entre tanda y tanda no deambula la emoción del toreo. Bravo el toro. Otra más, con otra estocada a la primera, se llevó del quinto. El lote de la tarde. Hubo tal vez tres o cuatro naturales, despaciosos y templadísimos pero la faena no tuvo ni intensidad ni enjundia. Pero la gente había venido a la fiesta y parte de eso era pedir las orejas.

Relajación fue lo que quiso imprimir López Simón ante el tercero. En todo lo que hizo. De principio a fin. El toro tenía nobleza pero le faltaba ímpetu por querer seguir y así acabó la faena de Simón de manera unilateral. De rodillas al final. Pero el toro no iba y la faena ya tampoco. Revolucionaria creímos que iba a ser la del sexto, que iba al engaño como un tren. Bravo el toro a pesar de que fue a menos. Fueron rápidos y punto mecanizados los comienzos y poco a poco se ahogaron uno y otro en la voluntad de plomo del torero. Ni qué decir la ilusión. Nos respetó al final más la lluvia que los acontecimientos.