Cine

La película erótica que conmovió a Spielberg

Es la película más sensual y controvertida en tiempo pero, a pesar de la polémica por sus largas secuencias de sexo explícito entre dos mujeres, obtuvo la Palma de Oro del Festival de Cannes

La película no escatima en detalles y planos de desnudez de las amantes
La película no escatima en detalles y planos de desnudez de las amantes

Es la primera vez que ocurría: en Cannes se concedía la Palma de Oro a «La vida de Adèle» recalcando que un buen pedacito del premio pertenecía a sus protagonistas, Adèle Exarchopoulos y Léa Seydoux. Desde su primera y gloriosa proyección, partió como caballo ganador de todas las quinielas, aunque los agoreros –o los que no confiaban en el criterio de Spielberg– decían que contenía demasiado sexo explícito para satisfacer al presidente del jurado. A Spielberg, por el contrario, le faltó tiempo para bautizarla como una de las historias de amor más bellas jamás filmadas. A dos días de la ceremonia, Adèle y Léa hablaban con la prensa cuando aún no había saltado la noticia de que el rodaje con Abdellatif Kechiche no había sido precisamente un camino de rosas.

-Imposible no referirse a las escenas de sexo, de una franqueza incomparable en el cine reciente. ¿Es lo que más les costó filmar?

-Léa Seydoux: Me resulta más difícil desnudar mis sentimientos que mi cuerpo. Eso no significa que resultara sencillo. Kechiche rodaba con tres cámaras, y cuando llevas un día entero desnuda en la cama empieza a ser difícil fingir un orgasmo. Menos mal que la comunicación con Adèle fue estupenda: sólo teníamos que atender a nuestro lenguaje corporal y dejarnos llevar.

-Adèle Exarchopoulos: Es una película sobre la carne, o sobre la carne hecha deseo. Desde el principio estaba claro que íbamos a rodar varias escenas de sexo, pero saberlo tampoco te ayuda a acostumbrarte. Personalmente prefiero los momentos en que la cámara está pegada a nuestra piel, esos grandes primeros planos, que los momentos en que se nos ve de cuerpo entero, en diferentes posiciones.

-Buena parte del público puede creer que son escenas sin trampa ni cartón. ¿La hubo?

-L.S.: Cuando practicamos el cunnilingus. Llevábamos vaginas postizas, de látex.

-Es de sobras conocido que los métodos de Kechiche no son precisamente convencionales. El guión es sólo un punto de partida, le gusta rodear sus proyectos de un cierto secretismo, le cuesta llegar a un montaje definitivo... ¿Cómo fue para ustedes integrarse en un universo tan singular?

-L.S.: El rodaje duró seis meses. Fue una experiencia durísima, pero tenía la sensación de que estábamos haciendo algo único. La respuesta de público y crítica en Cannes nos ha animado mucho. Vi la película por primera vez en la «première» y, en cierto modo, la ausencia de determinadas escenas, muy intensas, extremadamente violentas, que nos costó mucho rodar, me decepcionó. Había dejado algo muy íntimo en ellas, y se han quedado en la sala de montaje. Es verdad que, cuando me veo en pantalla, me cuesta mucho reconocerme, tengo que poner bastante distancia entre la actriz y la espectadora para hacerlo. Y la decepción aparece, pero también se disipa con facilidad.

-A.E.: Abdel nunca te comenta lo que está bien o mal. Sólo dice: «Repetimos la toma». Te obliga a estar en el personaje a todas horas. Si, en un descanso, nos veía tomando una cerveza, nos avisaba de que nos iba a filmar, de que incluso entonces debíamos ser Adèle y Emma. Puede trabajar catorce horas diarias y al día siguiente es el primero en llegar al plató, y no entiende que su equipo no tenga el mismo grado de implicación. Es obsesivo, pero su intensidad se contagia a la película.

-¿Es cierto que rodó 750 horas de material?

-L.S.: Completamente cierto. El momento en que Adèle y yo nos conocemos, cruzando la calle, lo repetimos unas cien veces, y en la película dura apenas veinte segundos. En las últimas tomas, nos mirábamos y no podíamos evitar reírnos y Abdel se enfadaba mucho. Tuvimos una relación de amor-odio. Es un genio, pero está loco. Muchas veces no entendía qué estaba buscando, qué quería de mí. No soy actriz de muchas tomas, siempre creo que estoy mejor en las primeras, pero su método me imponía seguir buscando, intentando. Y, viendo la película, puedo entender qué buscaba.

-A.E.: En mí buscaba la espontaneidad, el instinto, las ganas de comerme el mundo. Una cierta inocencia y una curiosidad insaciable que comparto con él. No siempre lo tuve claro: cuando me escogió, después de hacer pruebas de casting a todas las actrices francesas de mi edad, no tardé en tener una crisis, quería abandonar, no me sentía preparada. Pero él confiaba en mí. Y aquí estoy.

-L.S.: Yo tenía miedo de perder el control, de sufrir, y creo que eso le molestaba particularmente.

-¿Cree que ese miedo ha perjudicado el resultado final de su trabajo?

-L.S.: Mi intención era llegar al corazón de Emma. Es la primera vez que estoy completamente feliz con lo que he hecho. Normalmente me veo demasiado a mí misma en mis personajes, pero, en esta ocasión, siento que Emma es real.

-Es la primera vez que Kechiche trabaja con una actriz famosa. ¿Le explicó por qué?

-L.S.: No, en absoluto. Quedamos en un bar, nos tomamos unas cervezas y me dijo que el papel era mío. Lo cierto es que no había visto ninguna de mis películas, porque no le gusta lidiar con la carga simbólica que lleva toda celebridad. Para él era una completa «amateur».

-¿Podrían decirme lo que les enamora de cada una de ustedes?

-L.S.: Adèle me encanta. No tiene tics, no tiene vicios como actriz. No es consciente de sí misma, no se mira al ombligo. Me gusta su lado chico, es valiente, es auténtica.

-A.E.: Admiro su capacidad de dedicación y de trabajo. Hay algo muy racional en Léa, muy sensato. Y quizás porque yo soy todo lo contrario, es algo que me atrae de ella. Nos complementamos. Abdel lo supo antes de empezar a rodar.

Por cierto que, a modo de epílogo, y tras los reproches de la actriz sobre los «tiránicos» métodos del director, Kechiche no tardó en responderle: «No se habría sentido así si no hubiera nacido entre algodones», aludiendo a la ascendencia burguesa de Seydoux. Algunos periódicos franceses, como «Libération», han aprovechado para criticar a la actriz y su doble moral, que le ha llevado a ocupar portadas de suplementos y revistas femeninas vendiendo sus opiniones, y para elogiar la integridad artística de Kechiche («¿qué cineasta no es un poco despótico con los actores?»).

¿Es lo mismo «La vida de Adèle» que «2Guns?»

No, no lo es, pero en la cartelera ambas aparecen calificadas como «No recomendadas para menores de 16 años», aunque los contenidos de ambas están en las antípodas. «La vida de Adèle» posee una fuerte carga sexual; «2Guns» es una cinta de acción, mucha acción y mucha menos calidad también. En febrero de 2010 se aprobó una resolución del Instituto de Cinematografía y Artes Audiovisuales (ICAA) por la que se modificaba los grupos de edad para la calificación de películas, lo que significaba la creación de dos nuevas categorías: «No recomedada para menores de 16 años» y «No recomendada para menores de 12 años», es sustitución de las de 13, que se unían a las existentes de «Apta para todos los públicos», «No recomendada para menores de 7 años» y «No recomendada para menores de 18 años. «La vida de Adèle» está calificada como «No recomendada para menores de 16 años» lo que implica que no hay prohibición de que accedan a la sala quienes no hayan cumplido esta edad (tampoco se les exigirá en ningún momento la presentación del DNI), sino que se trata de una mera y simple recomendación. Única y exclusivamente una recomendación. Dentro de esta categoría de «No recomendada para menores de 16 años», y actualmente en cartelera, están la citada «2Guns», con Denzel Washington, el «thriller» español «After party» (en el medio), «Asalto al poder», «Caníbal» (arriba), dirigida por Manuel Martín Cuenca, «Las brujas de Zugarramurdi» (abajo), o los estrenos de la semana pasada «Mujer conejo» y «Prisioneros». Sólo tres cintas se exhiben actualmente bajo el epígrafe de «No recomendadas para menores de 18 años»: «Paraíso: Fe», «Paraíso: Amor» y «Springbreakers».

Las feministas, contra la película

Poco después del pasado Festival de Cannes empezaron a aparecer voces disidentes –sobre todo de adalides de la crítica feminista, como las conocidas Amy Taubin o Manohla Dargis– que acusaban a «La vida de Adèle» de responder a los parámetros de la fantasía masculina de lo que se supone que debe de ser una historia de amor entre mujeres. El talón de Aquiles de la Palma de Oro 2013 eran, precisamente, sus publicitadas escenas de sexo. Se unió a la causa, desde su propio blog, Julie Maroh, la autora del cómic en que se inspiró Kechiche, titulado «El azul es un color cálido». Maroh aseguraba que no estaba molesta por las muchas licencias que el cineasta tunecino se había tomado a la hora de adaptar su obra, sino con la frivolidad con que había concebido las escenas de amor lésbico. «Me parece bastante claro lo más importante que faltaba en el set: lesbianas», afirmaba rotunda. «Todo lo que me evoca es un despliegue brutal y quirúrgico, demostrativo y frío, de sexo supuestamente lésbico que deriva hacia el porno y que me hizo sentir muy incómoda», aseguró.