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«Millenials high class»: Así es la nobleza más joven de España

Futuros poseedores de títulos nobiliarios, aunque Han heredado la fama de sus padres, intentarán manejarla de otro modo

A los «millennials high class», Victoria Federica, Felipe Froilán, Tana Rivera o la duquesa de Medinaceli no se les estudia en las estadísticas sociológicas, pero sí interesan mediáticamente por ser «hijos de».

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A los «millennials high class», Victoria Federica, Felipe Froilán, Tana Rivera o la duquesa de Medinaceli no se les estudia en las estadísticas sociológicas, pero sí interesan mediáticamente por ser «hijos de». Al contrario que sus antecesores, como pudieran ser, por ejemplo, los hermanos Medina, Luis y Rafa, Diego Osorio y Tamara Falcó, candidatos a rentabilizar esos orígenes, entre estos jóvenes que ahora entran en la mayoría de edad o que aún no llegan a los 30 años es difícil encontrar quienes se ofrezcan a explotar su imagen en los «photocalls» o en campañas publicitarias. Los contemporáneos de Alba Díaz Martín Berrocal, Sofía Palazuelo y Fernando Fitz-James Stuart, son «hijos de» nacidos en la última década del siglo pasado o a principios de este, pero, a diferencia de otros «millennials», como las hijas de Belén Esteban y de Terelu Campos, a estos se les añade el componente aristocrático y no se les hacen estudios de mercado porque no interesan, según el profesor de Sociología Javier Callejo: «Es difícil estudiarlos y ningún encuestador va a las urbanizaciones de lujo de La Moraleja o Puerta de Hierro a preguntarles sus gustos. No interesan como consumidores porque son muy pocos y escasamente representativos del consumo en serie. Todo lo más se les puede contratar para algún evento o para representar a una marca».

Las tarifas han bajado

El especialista en comunicación Paco Caro, de Equipo Singular, ahonda en la idea de esta generación como referencia para las marcas. «Los “millennials high class” son testimoniales, son los que dan imagen a una marca, pero no hay que confundirlos con los “influencers”, que tienen una poderosa comunidad de seguidores. Cuando buscamos un testimonial, ellos nos resultan muy interesantes, aunque aún no han querido ser contratados».

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Entonces, ¿los «millennials high class» tienen precio? Claro lo tiene claro: «Sí, pero es inestimable porque la mayoría aún no ha entrado en el mercado de la contratación. Sin embargo, no creo que puedan superar a los padres. Las tarifas testimoniales han bajado mucho porque ahora la influencia de la Prensa social hay que compartirla con la digital». Genoveva Casanova, Francisco Rivera, Eugenia Martínez de Irujo, Isabel Preysler, Naty Abascal, Vicky Martín Berrocal, por ejemplo, vivieron la época de los contratos suculentos. Sin embargo, para sus hijos la tarta tiene más porciones. Por contra, hay otros «millennials high class» que no son contratables, como sería el caso de Victoria Federica y Felipe Froilán, excepto que apoyen una causa benéfica, como Froilán con la Fundación Aladina. «También –amplía Caro– a estos jóvenes les influye el haber visto cómo sus padres eran arrojados a los leones sin la ayuda profesional de un publicista que les asesorase. De ahí que casi todos huyan de esa forma de vida. Pero si alguno quisiera dedicarse a esto tendría mucho campo. Por ejemplo, Tana Rivera es un personaje con bastante gancho y padres ultrafamosos». Los «high class» tienen extremados algunos rasgos con respecto al resto de “millennials”. Por ejemplo, van a ser herederos de un ingente patrimonio. Unos porque lo tienen de familia, como el duque de Huéscar, y otros, como Alba Díaz, porque sus padres lo han acumulado aprovechando los buenos momentos económicos antes de la crisis. A esto se une que, al tener menos hermanos, excepto Duarte y Aldara Falcó, hijos del marques de Griñón y Fátima de la Cierva, o los hijos de Julio Iglesias, que son familia numerosa de varias relaciones, el resto son menos a repartir. A todos ellos, el profesor Callejo les llama los herederos «porque van a heredar mucho. Su papel podría ser el de mantener el patrimonio más que agrandarlo y, como saben que tiene que durar a largo plazo porque van a vivir de él, ya se cuidarán muy mucho de malgastarlo».

En principio, estos jóvenes no son carne de «photocall» porque tienen que cuidar el capital simbólico que representa el nombre de familia y, por ende, ese misterio que rodea a algunos apellidos, como los Alba. Los «millennials high class», como ya están avisados por la experiencia de otros sobre lo fácil que resulta malgastar su capital simbólico, evitarán ponerlo en riesgo. Como afirma Javier Callejo: «Son herederos de patrimonio inmobiliario y financiero, y un capital formativo respaldado con títulos universitarios de relevancia». Ellos saben que queda muy mal vender el apellido porque así se desgasta y tienen que alimentarlo con perfiles profesionales, aunque sean forjados en empresas familiares. Sin embargo, a los nuevos «millennials» se les supone una buena preparación porque han asistido a reconocidos centros educativos. Posiblemente, como vaticina el profesor de Sociología, «los que van a dominar entre la “high class” van a ser las mujeres».

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Nativos digitales

En lo que coinciden con el resto de «millennials» es que son nativos digitales y se comunican por las redes sociales. Sin embargo, no son «influencers», como afirma Paco Caro: «No son activos en redes de forma profesional. Lo hacen como “hobby” con sus amigos y las cuidan poco. Quizá, Brianda Fitz-James podría aunar las dos facetas, dado que es hija de Jacobo Fitz-James y de María Eugenia de Castro, e “influencer” porque sí que cuida sus redes». Los hijos de Julio Iglesias son un caso de evolución curiosa porque los tres mayores, de su matrimonio con Isabel Preysler, han interesado mediáticamente desde el momento de su nacimiento y cuando cumplieron la mayoría de edad explotaron económicamente ese filón. Sin embargo, y de momento, los cinco que ha tenido con Miranda Rijnsburger no parecen llamar la atención: «Y en esto –apunta Caro–, tienen mucho que ver los padres porque hay una máxima no escrita en este campo que dice: “Quien no quiere salir no sale”».

Alba Díaz Martín Berrocal

Sus padres disponen de un generoso patrimonio y su interés mediático es similar al de Tana Rivera, aunque, de momento, no tiene ni ganas ni necesidad de explotarlo.

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Tana Rivera

Al ser hija única su herencia por parte materna será cuantiosa, a lo que hay que añadir el generoso patrimonio de su padre, que tendrá que compartir con sus hermanastros Rivera-Montes.

Mencía Soto Sartorius

Estudió en internados en el extranjero y vive alejada del foco mediático en el que ha visto toda su vida a su madre. Posiblemente herede más patrimonio simbólico que real.

Victoria Federica

Quizá no herede un gran patrimonio inmobiliario. Sin embargo, al igual que Felipe Froilán, sí obtendrá un importante legado simbólico de la Infanta Elena.

Amina Martínez de Irujo

Amina ha salido a su madre en cuestión de estudio. En principio el patrimonio les vendrá por línea paterna, empezando por la casa en la urbanización La Finca de Madrid.

Luis Martínez de Irujo

Comparte con su padre la afición a la hípica. No es buen estudiante. Él y Amina herederán el palacio de Arbaizenea en San Sebastián y el cortijo Las Arroyuelas de Sevilla.

Felipe Froilán

Cuarto en la sucesión al trono tras sus primas, Leonor y Sofía, y su madre, la Infanta Elena. Sus padres tienen buenos pisos en Madrid, acciones y bonos, pero poco más.

Victoria Hohenlohe

La duquesa de Medinaceli, que aún es universitaria, además de 40 títulos nobiliarios, ha heredado un inmenso patrimonio que se gestiona por medio de una fundación.