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Sonsoles Diez de Rivera: «Mi Zara de la época era Balenciaga»

Sonsoles Diez de Rivera posa para LA RAZÓN en su casa de Madrid
Sonsoles Diez de Rivera posa para LA RAZÓN en su casa de Madridlarazon

Vive la alta costura como un arte, por eso la hija de la marquesa de Llanzol ha sido una de las artífices de que el Thyssen haya acogido el genio de Givenchy

Sonsoles Diez de Rivera es hija de la marquesa de Llanzol, la mujer más elegante de la sociedad española, que sólo vestía alta costura. De ahí que se la conozca como Sonsoles Llanzol, aunque el título lo lleve uno de sus dos hermanos pequeños. Se educó con disciplina alemana e inglesa, lo que unido a la improvisación latina, le ha servido para «conseguir lo que he querido en la vida». La prueba es que la exposición «Hubert de Givenchy» en el Thyssen ha sido una realidad en tres meses gracias a Sonsoles y a que el modisto no oculta su cariño por ella: «Je t’aime», acostumbra a decirle.

–Existe quien no está de acuerdo con que la moda entre en los museos. ¿Tienen razón?

–Hay gente para todo, pero tienen que pensar que muchos cuadros se datan gracias a los trajes que llevan los personajes de las pinturas.

–¿Qué diferencia hay entre la «primitiva» alta costura, que consumía su madre, y la de la actualidad?

–La de ahora no sé lo que es, aunque seguro que alta costura no. Es costura porque han usado una aguja y un hilo, pero ya está. Sostengo que no existe porque no creo que sepan descargar costuras para evitar tiranteces, coser los bajos a mano, forrar los corchetes y sobrehilar las costuras, eso ya no lo hace nadie hoy en día. El único que mantiene ese saber hacer es Caprile.

–¿Viste los Balenciaga, Balmain o Givenchy heredados de su madre?

–Es imposible, porque ya no hay sitios para ir vestida así, parecería una mosca en un vaso de leche. La mayoría los he donado al museo Balenciaga. Algo me pongo, pero hoy en día no tengo tiempo para hacer cuatro pruebas hasta que me terminan un traje, debo acudir al «prêt-à-porter» y, como tengo estilo y sé llevar la ropa, hay gente que se pregunta si lo que llevo será un Balenciaga. Pues no, es de Venca, que compro por catálogo.

–Si la Reina Letizia o la mujer del presidente del Gobierno defendieran que la costura es más que taparse, ¿cree que contribuirían a la Marca España?

–Tú no puedes saber de repente lo que te va si toda tu vida has ido en vaqueros y camiseta. Es imposible, si jamás te has puesto un traje de noche no sabes cómo moverte y te sientes como Frankenstein, estás incómoda porque todo hay que aprenderlo. Si no sabes por dónde vas, te tienes que dejar aconsejar.

–Las lentejuelas no son incompatibles con la inteligencia...

–Pero si te encuentras incómoda con ellas no das nada de ti. No puedes ofrecer una imagen tranquila y entregar el máximo de tu inteligencia si estás incómoda con un traje magnífico con el que no sabes moverte. No estás a lo que estás, sino pendiente del vestido.

–Se relaciona con una élite y de ahí que lo rehúyan, ¿no le parece?

–Sí, efectivamente, es que es así. En mi época era totalmente privilegiada porque la sociedad estaba más compartimentada. Había gente que vivía comodísima y a nosotras nos tenían con un protocolo estricto, pero no lo considerábamos encorsetado, era lo que había. Teníamos que hacer una reverencia a todas las personas mayores y en casa, con las niñeras alemanas, comíamos con un palo en la espalda para mantener los brazos juntos. Mi abuela, por ejemplo, jamás se recostó en un sofá porque en su época eso era de «mujer fácil». Mi madre me decía: «Niña, ponte en los catetos, no te pongas en hipotenusa».

–¿Cómo vestía de pequeña?

–De Balenciaga, era mi Zara entonces. Yo casi no pisé El Corte Inglés hasta bien mayor. De pequeña me vestía con los trajes que me hacía la modista que venía a casa a coser y, a partir de mi traje de Comunión, con los del diseñador vasco, quien estuvo muy ocupado con nosotras. En la última casa que vivió mi madre había 35 armarios en los que lo tenía todo perfecto.

¿El colmo para la exquisita Sonsoles Llanzol sería tener una hija como su hermana Carmen, musa de la progresía, vestida con vaqueros y militando en un partido de izquierdas?

–Ella ya era rebelde, Carmen pensaba: «¿Cómo puedo hacer rabiar a mi madre?». El último Balenciaga que tuvo fue el de su puesta de largo. Mi madre se espantaba al verla vestida así, por eso lo hacía.

–Usted es una de las principales promotoras de Givenchy en España, ¿cómo lo pasa él aquí?

–Lleva dos semanas y está encantado porque ha estado yendo todos los días al montaje de su exposición. El primer día tuvo un lío con la cama porque es altísimo y se le salían los pies. Philippe, su pareja, le puso una banqueta y así consiguieron pasar esa noche. Come sobre las 12:30 y luego se echa una larguísima siesta y, claro, así se entiende que no duerma por la noche.