Almodóvar y Carmen Franco aplaudieron juntos

Entraron a la par en el Teatro de la Zarzuela para asistir al estreno de «El cantor de México» y fueron sentados a una silla el uno del otro

Entraron a la par en el Teatro de la Zarzuela para asistir al estreno de «El cantor de México» y fueron sentados a una silla el uno del otro.

Causó revuelo y gran sorpresa verlos entrar juntos para este revival de Luis Mariano, el de «Canastos». Confesaron también añoranza por el actor y tenor vasco que conquistó Francia en los años cincuenta, época difícil con Europa dándonos la espalda. Impuso su simpatía y vozarrón gracias al éxito de la película «Violetas imperiales», gran suceso romántico de aquel tiempo. Rememoraba el también reinado de otra española, la granadina Eugenia de Montijo como emperatriz de la República francesa. Siendo tan contrarios, verlos entrar juntos en este estreno causó asombro ante los 90 años de la hija de Franco, en traje de suaves flores rosas. Algo muy de tarde, nada que ver con los florones enormes paseados por Eugenia Silva en una cita matinal. Pareció exceso, pero buen soporte a su bellezón con pelo recogido, como vestida para cantarle a México. Con la mirada la repasó o censuró Nati Abascal. Llegaba del Algarve y se marchaba a Londres, siempre perfecta con un conjunto en cuadros gales, muy todo terreno tal los musicales de Mariano-Marianó en Francia. Duraban años en la cartelera vecina y, entre nosotros, creó para Celia Gámez la milenaria «El águila de fuego», «S. E. la embajadora» y, finalmente, «La estrella trae cola», que reunió durante tres años los grandes éxitos de la argentina como «La Lola dicen que no duerme sola», cantada por Luisa de Córdoba, a «Tabaco y cerillas», en la voz de una Florinda Chico que, muy delgada, fue joven de conjunto.

Éxito memorable admirado puntualmente por Lucero Tena, que me contó su triunfo en La Scala acompañando con sus castañuelas a Plácido Domingo. «Pusimos de pie», me dijo. Es la única concertista que universalizó los palillos tan típicos. Llegó a incluirlos en un concierto de Beethoven. Reducida de figura, sigue como siempre, «pero ya tengo 80 años», me confesó ante una Bibiana Fernández llamativa con toda la espalda al aire. Se despegaba de su traje rojo bajo melena alborotada. Fernando León la admiró alucinado y enseguida hizo aparte con Pedro Almodóvar y Manuel Bandera, que continúa haciendo dúos con la imponente actriz. El director siguió el enredo desde su sexta fila-pasillo con las manos entrelazadas sosteniendole la barbilla y Carmen Franco con la misma sonrisa de principio a fin. Espectáculo dentro del espectáculo, doble también para mí sentado entre ellos. Emilio Sagi recurre al barroquismo de enormes flores calas para componer un decorado folclórico alusivo al querido país azteca. Casi colorista tarjeta postal. Propiedad en los atuendos y ovaciones inspiradas ante el conocido «México, México, benditas tus mujeres, bendita es la canción que al mundo le enseñó su corazón». Éxito de hace 70 años modernizado y buen prólogo.

Otra sintonía tuvo, ya lo dije, el desfile matinal que para niños, «The Petite Fashion Week», organiza Belén Junco. Nuria González disculpó a Fernández Tapias, que está en el despacho y saberlo alegró. María Palacios prodigó dulzura en contraste blanquinegro, Clemente Lequio posó –¡y hasta habló!– promocionando «el sueño de los peques», él tan grandote. Dijo que mejoró el padre de mami Obregón. Myriam Yébenes contrastó blusón de cuadros con pantalón de ancha raya, mientras madre e hija Massumeh destacaron en negro y rojo, Cari Lapique vistió floreada de Jorge Vázquez, al que mucho ayudó en sus principios, mientras Carla –estupenda– lució tipazo, al igual que Fabiola Martínez, en rayado marinero sobre falda pantalón. Contaba que con Bertín solo se ven a través del portátil. María Rey, más suelta, era felicitada por su swing cantando jazz, dejando atrás su modeleo de miss España. También destacaron Amalia Bono y Estefanía Luyk, pero fue Nati «forever», sobre altísimos tacones en granate aterciopelado –calculaban de 15 cms.–, la que sobresalió, lo de siempre, pese a la masculina discreción de sus grises cuadros de gales. Ella puede con todo. Quería ir a la manifestación de hoy en Barcelona y se lo desaconsejaron sus hermanos y su hijo Rafael Medina. Al final fue ayer a la de Madrid, envuelta en la rojigualda, igual que Cari Lapique y Carla Goyanes.

Algunos se frotaron los ojos. Aunque igualmente nostálgicos, parecía una visión. ¿Era posible ver a la nonagenaria duquesa de Franco y a Pedro Almodóvar entrar juntos para recordar a Luis Mariano?. Setenta años después de ser mito en París, donde fue ídolo hasta su muerte, incluso con bustos callejeros repletos de ofrendas florales, tras la película España conoce «El cantor de México», en su versión escénica, montada por el buen gusto de Emilio Sagi en el Teatro de la Zarzuela. Convierte el tablado en una Rambla de las Flores. La hace Rossy de Palma. Lamentan que solo imponga su personalidad física bajo enormes peinetas. No hay más, apenas baila y no se la oye al cantar. Desaprovechada oportunidad.