La nueva vida de Irene Villa tras el fin de su matrimonio

La periodista habla sobre la separación de Juan Pablo Lauro tras diez años juntos, ambos compartirán la custodia de sus hijos

«Tengo muy claro que ahora», asegura Irene Villa, «debo centrarme en mis hijos y mi trabajo»
«Tengo muy claro que ahora», asegura Irene Villa, «debo centrarme en mis hijos y mi trabajo»

La última vez que coincidí con Irene Villa y Juan Pablo Lauro nada hacía presagiar una cercana ruptura matrimonial. Tras diez años juntos llevaban muy en secreto la crisis que ha degenerado en una separación amistosa.

La última vez que coincidí con Irene Villa y Juan Pablo Lauro nada hacía presagiar una cercana ruptura matrimonial. Tras diez años juntos llevaban muy en secreto la crisis que ha degenerado en una separación amistosa. La periodista se muestra tranquila cuando habla para LA RAZÓN, huye de dramatismos y de rencores, no tiene ni una mala frase para el empresario y encara su nueva vida con positivismo y dignidad. Pero, evidentemente, no es fácil borrar de un plumazo esa década de amor, de un sentimiento que se fue enfriando en este último año hasta acabar en un adiós sorpresivo para casi todos los que pertenecemos a su círculo de amigos. Irene se confiesa con la sinceridad que le caracteriza, entra en la ruptura sin tapujos ni secretismos, y nos dice que «estos diez años han sido los mejores de mi vida. Y ahora tengo muy claro que debo centrarme en mis hijos y mi trabajo. Aunque, emocionalmente, no puedo estar bien, profesionalmente no puedo dejar que este episodio tan triste afecte a mi trabajo».

Habla sin titubeos: «Fue hace un mes cuando tomamos la decisión de separarnos, no ha sido nada fácil, pero no había otra que tomar caminos distintos. Pero civilizadamente, sin gritos. Tenemos tres hijos en común y hay que evitarles el sufrimiento». De hecho, estas Navidades, si Lauro no se marcha con su familia a Argentina, pasará las fiestas con su ex mujer, su suegra, María Jesús, y sus tres hijos. Irene lo deja claro: «No tenemos necesidad de pedir el divorcio de momento. Todo se ha hecho a través de unas mediadoras y ratificaremos el acuerdo de separación ante un notario en los próximos días. No me canso de decir que los dos somos muy generosos». Aun así no le queda más remedio que reconocer que «lo estoy pasando mal, cualquiera en mi situación lo estaría, pero gracias a Dios no ha sido una separación traumática, sino de mutuo acuerdo y amistosa. Seguimos siendo muy buenos amigos, la amistad no se acabará nunca». Y es posible que tampoco el matrimonio, porque nuestra interlocutora así lo manifiesta: «Quién sabe lo que ocurrirá más adelante, lo mismo nos divorciamos o damos la sorpresa de una reconciliación, ya veremos». La distancia servirá para tomar sensatas decisiones. Necesitan tiempo y espacio, analizar las cosas para ver si existe un atisbo de posibilidad para un futuro reencuentro. Las malas lenguas han llegado a rumorear que podría haber una tercera persona desencadenante de una crisis que, por el momento, no encuentra solución.

Pero Irene niega «rotundamente que exista una tercera persona que ha influido en nuestra ruptura. En todos estos años de matrimonio, la fidelidad y el respeto han sido una de las bases de nuestra relación. Que no busquen ahora cosas donde no las hay. Son ganas de hacer daño». La periodista y escritora no ha dejado su rutina profesional, colabora en varias publicaciones, incluida LA RAZÓN, está al frente de su fundación e imparte conferencias por toda España. Juan Pablo ahora ha estudiado la carrera de piloto y a ello quiere dedicar su tiempo. El domicilio conyugal es propiedad de María Jesús, la suegra del argentino, y éste le dijo a Irene que se quedara con todos los muebles que compraron juntos, él ha alquilado un apartamento en Madrid. La pareja ha acordado que la custodia de sus hijos sea compartida, los niños viven con su madre y su padre puede visitarles cuando quiera sin problemas. Cuando él comenzó la carrera de piloto se multiplicaron los viajes, que unido a los continuos desplazamientos profesionales de Irene, fueron mermando una relación que parecía idílica: «Es una pena, pero es así. Poco a poco nos fuimos distanciando y llegó el momento de separarse antes de que la convivencia se convirtiera en un conflicto. Las mediadoras nos dijeron que era muy difícil que dos personas rompieran de una forma tan respetuosa como la nuestra». María Jesús es la persona que más directamente ha vivido este deterioro: «A nadie le gusta que un hijo rompa su matrimonio, pero si Irene lo ha decidido así, ahora debe mirar al futuro por el bien de sus hijos. Después de todo lo que pasamos con el atentado, mi hija se ha convertido en una mujer muy fuerte. Es una superviviente y una luchadora, y me siento orgullosa de ella. Todos haremos lo imposible para que su nueva vida sea lo más tranquila y esperanzadora posible».