María Teresa Campos regresa en septiembre con programa nuevo

«Me aburro como una ostra fuera de un plató», comenta la ya «excelentísima», que aún no sabe cuál será la temática de su próximo espacio televisivo

«Me aburro como una ostra fuera de un plató», comenta la ya «excelentísima», que aún no sabe cuál será la temática de su próximo espacio televisivo.

Entre Mariano Rajoy y María Teresa Campos hubo buena sintonía al juntarse la retranca gallega y la gracia andaluza, que a ella se le acentúa en momentos de grandes emociones. Lo fue grande, justificada y llenadora recibir del presidente la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo. Y no dejó de reconocerlo y hasta exaltarlo, incluso echando mano de su retranca tan de la «terra nosa». Teresa vistió un perfecto dos piezas azul cielo, muy de aire Balenciaga hasta en su cuello desbocado, un invento del de Guetaria hoy imitado y usado por todos y que da libertad al cuello que enmarcándolo favorece. Llevaba, además, unos zapatos blanco roto con dos cadenitas en el empeine y un tacón pequeño ancho, pensando en la incomodidad de estar de pie. Por un día, se olvidó de sus taconazos.

Como llegada de una cura de reposo, Campos deslumbró por su aspecto físico, casi plenamente recuperada del ictus. «Solo tengo dolores de cabeza de cuando en cuando», apuntó. Y aunque no es seguidora de Rajoy, brilló y casi se palpó la sintonía. «Aunque no soy del PP ni lo voto, debo reseñar que mas mérito que yo tiene el señor Rajoy tras los últimos datos tan alentadores de que bajó el paro. Él lo ha logrado y hay que reconocerlo y valorarlo. Ojalá, presidente, esto permita que usted reciba algún día la Medalla de Oro al Mérito trabajador», magnificó Campos en medio de una emoción indisimulada. La compartieron sus hijas, Terelu y Carmen, el marido de la segunda, José Carlos Bernal, Edmundo, cómo no –«mi pareja, presidente»–, y sus nietas, menos Alejandra, la de estupenda figura, que tenía exámenes. También quiso acompañarla en un día tan señalado Paolo Vasile, optimista por ver encumbrar aún más a una de sus grandes estrellas, que anuncia reaparición en septiembre. Habrán pasado cuatro meses desde el adiós de «¡Qué tiempo tan feliz!», tan añorado los fines de semana.

No es la fórmula lo que llega sino quién lo comunica, la arrolladora personalidad de quien lo presentó durante ocho años. Eso comentaban en los corrillos de La Moncloca mientras felicitaban a la maestra malagueña –y tengo derecho a llamarla así porque, además de amiga, me lo enseñó todo televisivamente– junto a Tico Medina, quien ya escribió sabiendo mucho de la biografía de Julio Iglesias y ensalzándole en «Entre el cielo y el infierno». Desmentía ser el posible autor de la nueva con la que Julio Iglesias magnificará el cincuentenario de su debú, cuando el 23 de septiembre cumpla 74 años llenos de éxitos y un cuerpo maltratado hasta tenerlo semi doblado. Igual cuenta algo nuevo, ojalá.

«¿Y como será el programa de tu rentré?», acosaban a María Teresa, apenas entrevista por los fotógrafos, que no tuvieron facilidades para trabajar. Eso hizo que Carmen Borrego usara su camarita, pese a ir en calidad de invitada. «Es que además estoy trabajando», arguyó sin dejar de retratar dejándolos sin réplica mientras los interrogantes seguían sobre Teresa.

–¿El programa será parecido a «¡Qué tiempo...» o pretenden darle un giro a tu archiprobada personalidad?

–No sé de qué va, tienen aún que decírmelo, pero ya me conocen en la casa. Desde los l5 años, que empecé en la radio y al poco gané mi primer Ondas, vengo haciendo de todo. El segundo lo merecí por difundir en televisión la música popular. Este es a toda una carrera y no sé si me gustó más aquel remoto o éste tras una vida entregada a entretener.

–Medio siglo a tus espaldas, carrera admirable, experiencias de todo tipo... ¿Te han tratado o maltratado, Teresa?

–Ha habido de todo. Salió bien cuando me dejaron hacer las cosas a mi aire y eso tengo que agradecérselo a Telecinco. Me ha dado todas las oportunidades y nadie se ha metido en los contenidos.

–Inventaste las tertulias políticas. Eran inimaginables y menos llevadas por una mujer.

–Rompieron un tabú. Funcionaron y todos las imitan.

–Te vemos espléndida y con zapatos diseñados por ti, que se venden ya en muchos establecimientos. Estás relanzando lo que es más que una experiencia. Qué pareja creativa: tu diseñando con las hormas y Edmundo imparable pintando camisetas. Dicen que el público lo ve diferente y mas próximo tras «Supervivientes».

–Es que no me conocían. Yo tenía una estrategia –tercia y justifica el galán, ya no teñido– que conté al poco de iniciarse el concurso y me limité a desarrollarla: primero reconocí el entorno y a sus personajes, después decidí actuar.

–Pareces completamente recuperada.

–Yo solo estaré bien cuando ponga los pies en un plató.

Imaginamos que calzando stiletos o cuñas enormes que prodiga como nadie, ya otra de sus señas de identidad, al igual que sus floreados trajes, siempre de personalísimo buen gusto, o su sonrisa, que rompe distancia y modera ánimos. Nadie la utiliza como ella consciente de su impacto en un plato. «Fuera me aburro como una ostra», confiesa esta ya excelentísima señora, que ya era «ilustrísima, algo que me recuerdan cada 28 de febrero cuando me mandan la invitación al Día de Andalucía».