Preysler y Vargas Llosa compran casa en NY

El escritor posee ya un apartamento familiar en el corazón de Manhattan, concretamente en el Midtown de Nueva York.

La pareja quiere vivir en la ciudad varios meses y ya tiene apalabrado un piso cerca de la Quinta Avenida y Central Park, que habitarán en noviembre.

Una persona muy cercana a Isabel Preysler y Mario Vargas Llosa descubre a LA RAZÓN uno de los secretos mejor guardados por la mediática pareja: «Quieren vivir en Nueva York varios meses al año, porque Mario imparte en Princeton cursos sobre literatura hispanoamericana. El escritor ha sido invitado en diferentes ocasiones, desde 2008, como profesor visitante a esa Universidad, principalmente, en el área de literatura. Y en este final de año le esperan tres meses junto a sus alumnos americanos, por lo que tendrá que residir en Estados Unidos. A la vista de las circunstancias, ha estado viendo inmuebles con Isabel, porque la intención es comprarse una casa en la ciudad de los rascacielos. Ya tienen apalabrado un piso cerca de la emblemática Quinta Avenida y de Central Park. Están tan entusiasmados que han entregado una señal. Digan lo que digan, Preysler va a seguir a su pareja por todo el mundo, le ha contado a sus hijos su intención, y a todos les ha parecido bien, porque lo que prima aquí es la felicidad de su madre».

El piso es de lujo, con una superficie de más de doscientos metros cuadrados y unas vistas extraordinarias. Si tenemos en cuenta que Cristiano Ronaldo acaba de desembolsar dieciocho millones de dólares por un ático en esa zona, podemos imaginarnos que la propiedad que entregarán a Isabel y Mario en noviembre –porque ahora mismo está ocupada y necesita alguna reforma– estará muy cercana a esa cifra. No se conocen las condiciones del contrato, ni si la pareja asumirá los costes a medias. Todo es muy secreto. Pero es evidente que las cuentas de ambos no bajan de los seis ceros.

El inmueble más caro hasta el momento es el que ha puesto a la venta la multimillonaria compositora Denise Rich –autora de canciones para figuras de la talla de Aretha Franklyn o Mandy Moore–, que pide 65 millones de dólares por los mil cien metros cuadrados de la que hasta ahora es su vivienda, un exclusivo ático con vistas a Central Park.

Pero el hispanoperuano se enfrenta a un duro proceso de divorcio de la que ha sido su esposa durante décadas, Patricia, y no conviene hablar de cifras cuando hay tanto dinero a repartir entre las dos partes. No olvidemos que Patricia, que aparte de esposa, fue secretaria, administradora y confidente de su marido, conoce al dedillo el contenido de todas las cuentas y posesiones familiares.

Decisión meditada

Curiosamente, Patricia empieza a asumir que la separación matrimonial es irreversible. Hace apenas unos días declaraba que «sigo en contacto con Mario», pero no quiso referirse a la anécdota de que, mientras su ex participaba en la fiesta de inauguración neoyorquina de Porcelanosa, ella y sus hijos cenaban a escasos trescientos metros de donde se celebraba tan mediático evento.

La última vez que se vio al matrimonio juntos fue el pasado mes de mayo, mientras festejaban en Nueva York su cincuenta aniversario. Aquella reunión familiar no se anuló porque estaban invitados todos los hijos y nietos, y aunque la ruptura flotaba en el ambiente, la celebración, según un amigo de Mario, «quiso hacerse porque, a pesar de todo, el matrimonio vivió momentos muy felices en ese medio siglo de unión. No era el momento para anunciar una separación».

El futuro es un nuevo matrimonio de Isabel, que lo deja muy claro en su revista de cabecera, al afirmar que Mario y ella están juntos, y bien juntos, y que la decisión no fue precipitada, sino muy meditada. Que nada se ha hecho a la ligera y que no ha roto ningún matrimonio, porque el del escritor ya estaba hecho trizas cuando el destino les unió a ellos dos. A sus amigas les ha dicho que espera que Mario sea un hombre definitivo en su vida.