Rocío Carrasco: mi mamá no me mima

No es una madre ejemplar y, menos, una madraza. Ni siquiera podría calificársela de «mater amantísima». Fue, sin embargo, la niña de los ojos de su padre, Pedro Carrasco, que la acompañó hasta el altar en su boda con Antonio David, siempre repudiado porque sabían, o intuían, tras lo que iba. Con él tuvo dos hijos, ahora ya mayores de edad, Rocío y David, que no pasarán el Día de la Madre a su lado. Ya se sabe, cada uno recoge lo que siembra. Y ella sembró tempestades

Rocío Carrasco vive junto a su marido, Fidel Albiac, pero sin sus hijos

No es una madre ejemplar y, menos, una madraza. Ni siquiera podría calificársela de «mater amantísima»

Apesar de los años transcurridos desde el fallecimiento de su madre–este año se cumple el once aniversario–, el distanciamiento colectivo y los parece que 500 millones de euros heredados de «la más grande» del que le administra Fidel Albiac, la sigo llamando Ro como hacíamos los habituales del matrimonio Carrasco Jurado. Soy de los pocos que puede afirmar que estuvo en las dos bodas de la chipionera. La primera celebrada en un soleado día del mes de mayo. Pedro Carrasco estaba en la cumbre del éxito como campeón de los pesos ligeros y la fama de la cantante subía tras ser descubierta por Concha «la del Johnny» que se la recomendó a Pastora Imperio.

El boxeador tenía un atractivo físico que contrastaba con su buen carácter, herencia de don Antonio, al que Rocío Jurado, ya separada, mantuvo en su casa de la urbanización madrileña de La Moraleja lleno de atenciones. Cuando Isabel Pantoja protagonizó la película «Yo soy esa», la puse por las nubes tras un estreno donde lució unos preciosos pendientes de corales que la periodista Encarna Sánchez había encargado al joyero barcelonés que entonces representaba Cari Lapique. Eran una pieza única, irrepetible, y yo los había calado porque rompían modernizando. El suegro de Rocío, que era calmado y educadísimo, me recriminó, sin embargo, esos elogios:

–Nunca creí que te escucharía cosas así –dijo, en tono casi acusador, sintiéndose herido por uno de los suyos. Desde su silla de ruedas, le bastó para desmontarme. Me sentó como una jarra de agua fría. Rocío, que lo escuchó, no dijo nada, probablemente entendiendo mi trabajo.

La artista no tuvo suerte en el cine, ni siquiera cuando Fernando Fernán-Gómez dirigió «La querida» o destrozando «La Lola se va a los puertos» con Josefina Molina. Fallaron las dos, pero especialmente Rocío, que en pantalla resultaba estática y muy poco fotogénica. Su íntima amiga Lola Flores siempre decía al verla en la televisión: «¡ Cómo se puede tener esa cara tan grande!», un juicio hecho desde el amor y el respeto que le tenía. Fue la primera persona que intuyó lo que Jurado llegaría a ser en España y también en México, donde grabó un disco de rancheras, convertido hoy en auténtica pieza de coleccionista. Eran temas con bravura y, en concreto, el «Si amanece» azteca supera en mucho al original para el que Manolo Alejandro creó trajes a medida superiores incluso a «Soy de España», que fue de forma inmediata eliminada del repertorio musical porque criticaba premonitoriamente a «los que rompen mi patria en mil pedazos».

Mejor fortuna tuvo el tema «Un clavel, un rojo, rojo clavel», acaso su primer «hit». Pero el «boom» nació con canciones convertidas ya en himnos de la Jurado entre los que estaban «Señora» y «Como una ola». A partir de ahí comenzó a venderse la irreal imagen sexy de Rocío tras aparecer en el programa de TVE «Pasaporte a Dublín» con escotes provocadores para la época. Eran los años 70.

Distorsionaron su fama de cantaora y Mingote, que la adoraba igual que Isabel, le dedicó más de un «mono». Eran crónicas humorísticas, satíricas, la pechuga de Rocío en boca de todos. Primero la hizo crecer y luego, ya casada, la redujo por aparatosa y rompedora de moldes. Con la cabeza hacia atrás y los brazos disfrazándola sexualmente, fue gancho de muchas portadas pero personalmente estaba más auténtica con mantilla y peineta, bailones los pendientes de corales largos obsequio de su gran amiga Cuqui Fierro en el antológico «Canciones de España» desde «La parrala» al goyesco «Olé, catapún» creado por Imperio Argentina. Rocío siempre superó las versiones originales incluso las de doña Concha Márquez Piquer.

Estupenda amiga según Alba Carrillo, la modelo y despechada ex mujer de Feliciano López, Rocío Carrasco Jurado no es madre ejemplar. Sí, dista mucho de ser una madraza. Y ni siquiera podría calificársela de «mater amantísima». No fue una hija modélica aunque sí venerada por Pedro Carrasco que la llevó al altar cuando, con traje absurdo y corona de trenzas, en la ermita de la finca familiar «Yerbabuena» se unió al Antonio David siempre repudiado porque sabían, o al menos intuían, tras lo que iba.

Recuerdo la primera entrevista de Rocío con la familia de su novio. Fue de madrugada tras uno de los recitales que ella daba cada l5 de agosto por la Virgen de la Paloma en el Hotel Don Pepe que la estremecía con su piscina ante el escenario. «Es como cantarle a un iceberg», se quejaba. Era lo que había. Tras actuar sostuvo un duro mano a mano con el matrimonio procurando ganárselos. Lo tenían claro conociendo el ultimátum de la niña: «Me dejáis estar con David, o a los l8 me marcharé con él». Deshecha, acabó llorando . Así la vimos Hilario López Millán y este menda animándola hasta el hotel. Rociíto se prendó del ex guardia civil expedientado por quedarse con un compañero 20.000 de las antiguas pesetas de una multa impuesta a un conductor. La Benemérita estaba decidida a expulsarlo del cuerpo, pero la Jurado medió en su favor yendo a las alturas y todo quedó finalmente en un traslado a la barcelonesa Casa-Cuartel de Argentona donde la pasión del joven matrimonio comenzó a fracturarse sin posibilidad de arreglo.

Cristina Blanco, íntima amiga del clan Jurado, hacía de supuesta hada madrina. Se enteraba absolutamente de todo y no dudaba en contarlo, para humillación de Ro. No olvido los cumpleaños que Pedro Carrasco le montaba a su niña con tiovivos y payasos en el pequeño y descuidado jardín de La Moraleja, una casa con mas ínfulas que espacio. Pero el chalé estaba en el mejor sitio del entonces llamado «Beverly Hills» madrileño. Habitarlo suponía un privilegio y un estatus para los recién adinerados, un sitio pretencioso donde como hija única creció entre algodones. Pero ya mostraba desde temprana edad continuos enamoramientos, rebeldía e inconformismo típicos de ser una niña súper mimada y consentida. Massiel siempre me cuenta cómo al tontear Rociíto con su hijo Aitor rezaba para que la relación no cuajase y se quedara simplemente en un jugueteo infantil. A Ro, pese al admirado pedigrí y fama de sus progenitores, la invitaron educadamente a irse de varios colegios ante el lógico padecimiento de sus padresque siempre le decían intentando comprenderla: «Hija, pero, ¿a quién has salido?»

Su matrimonio con Antonio David acabó muy mal. Conoció después a su actual marido, Fidel Albiac, con quien lleva l7 años, los mismos que cumple sin relacionarse con ningún familiar. Sólo el tío Antonio, hermano del boxeador, le dio el brazo para apadrinarla en su reciente boda «donde sólo estuvieron los justos». Fueron sus palabras y lógicamente provocaron indignación.

«Caprichos» escondidos

Antonio David aprovechó varios «Tómbola» para detallar sin ningún prejuicio las infidelidades de su ex mujer. El primero de los programas en los que participó batió audiencia al lograr un 37 por ciento de cuota de pantalla. En aquella ocasión, contó con pelos y señales cómo le engañaba y metía en casa escondidos en el maletero del coche a sus circunstanciales caprichos. Sus dos hijos no han dudado en alejarse de su lado nada más cumplir la mayoría de edad. La mayor, íntima amiga de su prima Gloria Camila, fue la primera en abandonar el hogar materno y el niño aprovechó las últimas vacaciones de verano para no volver con ella. A juzgar por los hechos, no creo que a Ro le duela mucho no poder festejar el Día de la Madre junto a sus hijos. Cada uno recoge lo que siembra y ella, más que nadie, tiene lo que se merece.

LOS OTROS HIJOS DE LA POLÉMICA

BELÉN ESTEBAN

La madre «coraje» de Andrea Janeiro ha desvelado que el torero no está dispuesto a pagarle los estudios universitarios fuera de España a la niña. Jesulín opta por callar.

LUCÍA PARIENTE

La madre de Alba Carrillo, ex mujer de Feliciano López, estuvo demasiado presente en el matrimonio de su hija y no ayudó a calmar las aguas revueltas durante el divorcio.

ISABEL PANTOJA

Además de por la cárcel, si por algo es famosa la tonadillera es por la mala relación con su hija Chabelita, la cual siempre se ha quejado de no sentirse igual de querida que su hermano Kiko.