Una boda blindada

Rocío Carrasco dio el «sí, quiero» a Fidel Albiac, tras 16 años de relación, en un hotel convertido en un auténtico «búnker» para proteger la exclusiva, alrededor de 150.000 euros. La gran ausente fue su hija Ro.

Miguel Poveda
Miguel Poveda

Rocío Carrasco dio el «sí, quiero» a Fidel Albiac, tras 16 años de relación, en un hotel convertido en un auténtico «búnker» para proteger la exclusiva, alrededor de 150.000 euros. La gran ausente fue su hija Ro.

Un búnker blindado con más de una docena de guardias de seguridad, dos coches de vigilancia, inhibidores de drones y... un calor asfixiante. El Hotel Valdepalacios de Torrico (Toledo) acogió, y escondió, ayer a los 230 invitados a la boda de Rocío Carrasco Mohedano y Fidel Albiac, con amplias medidas antipaparazzis. La tensión entre los fotógrafos y algunos de «los hombres de negro» fue inevitable.

Las altas temperaturas obligaron a la pareja a aplazar la ceremonia civil dos horas, por lo que finalmente se celebró a las 20:30. Una hora antes fueron llegando a los invitados más tardíos: María Teresa Campos y Bigote Arrocet, Fabiola Toledo, el abogado Javier Saavedra, Luis Rollán y su marido, la presentadora Carlota Corredera, Ángel Nieto y la gran sorpresa, la cantante Paulina Rubio, que actuó en la fiesta posterior junto a Juan Peña y Miguel Poveda, otros de los asistentes. En el patio central –de suelo empedrado, presidido por una fuente y decorado el pasillo con velas y nardos blancos–, Rocío Carrasco, que lucía un colgante de su madre con una cruz de brillante, pronunció el «sí, quiero» a Fidel –vestido con chaqué azul–, con la misma emoción que no pudo evitar en cada uno de los guiños que se dedicaron en la ceremonia a los padres de la novia, como cuando de las teclas del piano de media cola brotaron notas de algunas de las canciones de Rocío Jurado.

Tras la boda civil se celebró una cena informal a base de 20 platos pequeños de un amplio abanico gastronómico: desde pulpitos a la brasa, salmorejo y calamares hasta jamón de pichón, pluma de cerdo ibérico y arroz caldoso con gambas. Todo distribuido en 25 mesas por los jardines y tres puestos con quesos, comida asiática y pescaíto frito.

Tres días de fiesta

Los novios aterrizaron en el hotel Valdepalacios el pasado martes, el primero de los tres días de la fiesta-boda. Rociíto aseguró entonces: «No estoy nerviosa, pero sí impaciente por casarme». Esa misma noche ofrecieron una parrillada en los jardines del complejo a base de verduras, carne, marisco y pescado a la plancha. Luego, las copas y la juerga flamenca se prolongaron hasta las 7 de la mañana. Disfrutaron de ella Lara Dibildos, Hannibal Laguna –diseñador del vestido de la novia–, Terelu Campos, su hermana Carmen, Miguel Poveda, Carmen Janeiro, Alba Carrillo, Sandra Barneda, Mónica Martínez y Yolanda Ramos, entre otros. Cincuenta de los invitados se alojaron en el hotel y el resto en un parador cercano.

El chef José Carlos Fuentes declaró a LA RAZÓN en los prolegómenos que «lo único especial que me han pedido los novios es fritura de pescado; el resto del menú es el habitual: pequeños platos gourmet. No habrá grandes sorpresas», añadió. La directora del complejo, María del Carmen Fernández, nos dijo que «he visto a Rocío y Fidel muy tranquilos». María Teresa Campos dejó claro que sus hijas y la Carrasco «son como hermanas». «La relación que les une es muy especial», añadió la matriarca de las Campos, que eligió para la boda un diseño de Alejandro de Miguel, un vestido en tono coral con canutillos de cristal. Terelu, uno en color verde esmeralda, con flores de seda y cristal bordadas sobre tul. A María Teresa también le hizo ilusión que Rocío aceptara llevar prestados los mismos pendientes, unos chatones, que lucieron sus hijas en sus bodas.

Al mediodía previo al enlace se ofreció un «brunch» con platos tradicionales. Una fuente cercana a la novia nos desveló que «Rocío se siente inmensamente feliz, ha cumplido el sueño de casarse con Fidel tras 16 años de relación». Pero, en silencio, llora las ausencias porque no aparecieron por allí sus hermanos, José Fernando y Gloria Camila, el padre de éstos, José Ortega Cano, su tío Amador y su tía Gloria. Aunque, sin duda, la gran ausente fue su hija Ro, que no se habla con su madre desde hace cinco años. Gloria Camila ya había confirmado ayer que no iba a la boda, ni su padre ni su hermano, y se negó a declarar si había felicitado a su hermana. Los únicos representantes de la familia fueron Antonio y Manuel amén de Chayo Mohedano y Antonio Carrasco, hermano de su padre. Rosa Benito no acudió finalmente y una fuente confirmó haberla visto en un tren destino Chipiona, donde acudirá con seguridad a las fiestas de la Virgen de Regla, de la que su cuñada era fiel devota.

El viaje de novios es una incógnita. Más clara está la exclusiva bien pagada por la revista de cabecera de la pareja. Se habla de unos 150.000 euros.