La nueva ilusión de Alfonso Díez

El duque viudo de Cayetana de Alba no se deja ver con esa persona especial, con la que el jueves celebró su 68 cumpleaños, pero son inseparables desde hace cuatro meses

Alfonso Díez ni ejerce ni presume de duque, un título que heredó de su matrimonio con Cayetana de Alba

El martes se cumplirá el cuarto aniversario de la muerte de la duquesa de Alba, y su viudo, Alfonso Díez, podría «haber encontrado una nueva ilusión sentimental en una persona más joven que él», según desvela a LA RAZÓN el entorno del duque y los paparazzi que habitualmente le siguen.

El martes se cumplirá el cuarto aniversario de la muerte de la duquesa de Alba, y su viudo, Alfonso Díez, podría «haber encontrado una nueva ilusión sentimental en una persona más joven que él», según desvela a LA RAZÓN el entorno del duque y los paparazzi que habitualmente le siguen. «Se conocen desde hace tiempo, pero parece ser que su amistad se ha afianzado mucho en los últimos cuatro meses. La fuente es la misma que descubrió la relación de Díez con la duquesa de Alba cuando no se conocía el noviazgo», informan. El jueves Díez celebró su 68 cumpleaños. Una edad que no se le presume porque parece mucho más joven. Como no es muy amigo de grandes festejos, tan solo reunió a algunos de sus hermanos y a miembros de su círculo más íntimo de amistades durante una cena en su casa madrileña. Entre ellos, estuvo su «nueva ilusión». Alfonso es un hombre muy discreto y no se deja ver en público con esa persona tan especial. Quedan en casas de amigos o se encuentran en el cine, pues los dos son grandes apasionados del séptimo arte. En este aspecto se compenetran a la perfección. También nos cuentan que el hoy duque viudo de Alba ha instalado una pantalla gigante en una de las salas de su nueva casa para ver la colección de películas de vídeo que atesora desde hace años. Son muy pocos los que asisten a esas sesiones cinematográficas caseras y la persona a la que nos referimos está entre las afortunadas.

En estos años de viudedad no es la primera vez que se vincula al ex funcionario con alguien en el terreno sentimental. Ya lo hicieron, y metieron la pata hasta el fondo, los que insinuaron que Alfonso y Doña Sofía eran algo más que amigos. Nada más lejos de la realidad. Sin embargo, el bulo consiguió que se debilitara la amistad entre ambos. En el último acto público en el que coincidieron ni se saludaron, ni, por tanto, se dirigieron la palabra. Fue Cayetana quien les presentó y congeniaron al momento, pero su amistad ha quedado en el baúl de los recuerdos. En una cena con amigos, uno de ellos le preguntó qué había de cierto en este rumor y él fue contundente y directo: «Hay una relación buena, cordial, pero no hay nada más que una amistad».

Díez vive bien con su pensión de funcionario jubilado y lo que recibe de la Casa de Alba. Se le puede ver paseando a su perro en los alrededores de su domicilio o comprando los periódicos a diario. Nos dicen que tiene una señora que le cocina y le hace las labores de limpieza, y que suele visitar a su familia de Palencia y a sus amigos de Sevilla, entre ellos, Carmen Tello y Curro Romero, todos los meses.

Cuando vuelve a Sevilla se queda en un hotel con encanto propiedad del duque de Segorbe, nunca en el palacio de las Dueñas, donde falleció la duquesa y que ahora está abierto a visitas al público. Con los hijos de la duquesa, Díez no tiene casi contacto. Su relación con Cayetano es cordial; con el actual duque, Carlos, de respeto, y con el resto, prácticamente inexistente, aunque se supone que el martes todos coincidirán en la misa funeral por el alma de doña Cayetana. Desde que la duquesa falleció han sido múltiples las ofertas recibidas por el ex funcionario para que cuente su vida al lado de la mujer a la que tanto amó, pero, a excepción de una entrevista gratuita concedida al programa «Lazos de sangre» de TVE, siempre ha declinado los ofrecimientos. Él mismo confiesa que «me han ofrecido y me ofrecen altas cantidades de dinero por hablar y hasta por hacer publicidad, pero esas cosas no entran en mi cabeza. Yo no estuve casado con Paquita Rico, que en paz descanse, sino con Cayetana, y lo tendré siempre en cuenta».

Ni ejerce ni presume de duque, ni le unen lazos especiales con la alta aristocracia. El título es para Alfonso algo simbólico y la única importancia que le otorga es que lo «heredó» de su adorada Cayetana. Y en honor a ella aceptó tal papel. Pero, como ya hemos indicado, sus amigos son más plebeyos que aristócratas.

Su silencio es comparable a la gran admiración que sentía por su esposa, y al recuerdo que le queda de ella. Precisamente, en ese programa dejó muy claro que «Cayetana es lo mejor que me ha pasado en la vida, la diferencia de edad entre los dos nunca fue un problema porque era una mujer muy divertida e inquieta. Cuando no estaba bien de salud, y la cosa no pintaba bien, para animarla compraba todo lo que veía de cine en dramas y suspense... Pero no podía repetir una película, no le gustaba verla dos veces. Era una mujer en toda regla, una persona maravillosa... También era muy generosa. Ella pensaba que no había que vender la moto a nadie, sino que había que hacer las cosas directamente, sin llevarse crédito por ello. Se fue con enorme dignidad. Me cogía la mano para que no me fuera de la habitación: quería morirse conmigo...».

El pasado 5 de octubre hubiera celebrado sus siete años de matrimonio con Cayetana, tenían pensado irse a vivir a la casa que Alfonso tiene en Sanlúcar de Barrameda, esa que decoró ayudado por su esposa. Hoy, el inmueble está en venta y, entre los posibles compradores, se encuentra una conocida bodega jerezana. Esa es la casa en la que Cayetana soñaba que viviría algún día con su marido, pero la muerte le pilló mientras todavía se estaba reformando. Quizá los recuerdos hayan pesado más que las ilusiones, y para Alfonso, cada rincón del inmueble, supone una ilusión frustrada.