Luis García Montero

Luis García Montero: «Aquí ser bueno te da fama de tonto»

Luis García Montero
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Poeta y candidato de IU para la Comunidad de Madrid, tiene un hermano concejal del PP con el que no discute

Poeta granadino y militante de una organización fracturada, es posible que Luis García Montero se aviniera a ser candidato de Izquierda Unida a la presidencia de la Comunidad de Madrid por puro sentido de la lealtad. Desde luego, sus formas suaves y su carácter dialogante pegan en el actual panorama político como un pingüino en las Bahamas.

–¿Ha salido muy escaldado de sus primeras elecciones como candidato?

–En toda experiencia hay cosas buenas y malas. Estoy tristón y tranquilo. Tristón porque me hubiera gustado que IU no desapareciese de las instituciones madrileñas, y tranquilo, porque lo he intentado. La situación interna en IU es triste, una especie de suicidio programado desde un sector dominante hoy en el Partido Comunista. De haber salido diputado estaría metido en una guerra interna perpetua para la que no estoy preparado. No me divierte odiar ni calumniar a compañeros.

–¿Qué hace un poeta metido en política?

–No entré en política como poeta. Militaba en Izquierda Unida desde su fundación en 1986 y acepté la propuesta como militante en un momento en el que mi organización sufría una crisis muy dura. El asunto estaba muy complicado. Pero comprendí que iba a negociar mejor conmigo mismo la derrota que la idea de haberme quitado de en medio cuando mi organización me necesitaba.

–¿Ha oído cantos de sirena procedentes de Podemos?

–No, tengo amigos en Podemos y comparto mucho de lo que defienden, pero no es un proyecto con el que me identifique. Quizá se trate de un problema relacionado con mi experiencia personal. Hay un sector de Podemos que viene directamente de las guerras internas de Izquierda Unida y yo no comparto el rencor como línea de actuación. Los otros sectores, los nuevos, tienen poco que ver con mi historia y mi forma de pensar. Les deseo la mejor suerte, pero su barco ya no es el mío. Uno tiene que asumir también que el mundo cambia y que la jubilación no sólo es un derecho, a veces también es una obligación para no interferir en lo nuevo.

–¿Podemos e IU tendrían que unirse?

–Sería muy deseable. Milito en Izquierda Abierta, el partido que encabezan Gaspar Llamazares y Montse Muñoz, lo pusimos en marcha precisamente para pedir que se formaran nuevas mayorías sociales y fórmulas de democratización interna en los partidos. Pero lo que veo ahora es que se utiliza de manera muy engañosa la palabra regeneración y la palabra unidad. Pablo Iglesias está siendo muy ofensivo, humillando a la militancia de IU. Y dentro de Podemos impone modales de caudillo. Tampoco creo en los jóvenes dirigentes del Partido Comunista que quieren hacer con Podemos lo mismo que han hecho con IU, una máscara para sus ambiciones personales. Hablan de unidad y empiezan por expulsar en Madrid a cinco mil militantes. Se cargan una Federación porque no la controlan.

–¿En qué se va a diferenciar el Madrid de Carmena de un Madrid de Aguirre?

–En muchas cosas. Manuela Carmena es una mujer muy distinta a Esperanza Aguirre en su concepción de las instituciones y de la democracia. Las tramas de corrupción generadas en el PP de Madrid deben desaparecer. Hay mucha gente de derechas que no tiene nada que ver con la corrupción y la demagogia, y creo que eso representa Aguirre, un populismo propio de la dueña de un cortijo.

–¿Cómo se lleva con su hermano, el concejal del PP?

–Muy bien. Una cosa que debo a mis padres es haber formado una familia en la que las discusiones políticas no rompen la fraternidad. Cuando en Granada he defendido posturas contrarias a los intereses del PP, mi hermano me ha respetado y no ha convertido la diferencia de criterio en un problema personal.

–¿Qué tendríamos que hacer para que España dejara de ser un país cainita?

–Nos falta educación democrática. No convertir al adversario en enemigo o en canalla. Una de las cosas que más me deprimen de la política es que las denuncias por corrupción no suelen aflorar por los mecanismos de vigilancia y transparencia, sino por las peleas internas de los partidos. Unos compañeros devoran a otros. Aquí ser bueno te da fama de tonto. Por eso Antonio Machado tuvo que aclarar aquel verso: «Soy, en el buen sentido de la palabra, bueno».

–¿Le parece bien que se sigan buscando los restos de García Lorca?

–Ahí deben ser protagonistas las familias, la justicia debe ayudar a la familia de las víctimas. Yo creo que tiene razón la familia de Lorca. El barranco que hay entre Víznar y Alfacar es un lugar de memoria, yo lo visito conmovido desde que tengo 15 años. Junto a él, hay enterradas más de dos mil víctimas de la guerra. Más que el espectáculo mediático, soy partidario de declarar la zona como espacio histórico y poner un modesto memorial en recuerdo de todas las víctimas de la guerra. Si algún día se encuentran los restos de García Lorca y se los llevan de allí, me temo que quedarán desamparadas el resto de las víctimas.

–¿Cuando uno publica su «Poesía completa» es porque ya tiene casi todo dicho?

–Casi todo, sí. Yo empecé a publicar en 1980. Son 35 años y la mayor parte de lo que podía aportar a la tradición de nuestra lengua está ya dicho. El peligro es repetirse.

–Treinta y cinco años de poesía, ¿en qué se sigue pareciendo al poeta joven que fue?

–Conservo el amor por la poesía y la capacidad de admiración. Sigo siendo el muchacho que se quedó deslumbrado con un libro de Lorca o de Neruda, y que luego pasó a Luis Rosales, y luego a Gil de Biedma o Ángel González, o a José Emilio Pacheco. Con la edad, las agendas se llenan de tachaduras. La mejor lección que aprendí en mi amistad con Rafael Alberti fue la de saber respetar a los jóvenes.