Fernando Savater: «Los vicios mueven el mundo: sin borrachos no habría destilerías»

«Seguro que el 90% de los indignados por la corrupción es porque no han podido corromper»

Fernando Savater / Fotografía de Pedro Martínez
Fernando Savater / Fotografía de Pedro Martínez

Le llaman filósofo, y puede que eso signifique alcanzar un pensamiento atemporal, como los clásicos que lideran su mente. Su extroplación de las ideas de Séneca a nuestros tiempos a la vez que defiende una buena tarde de western seguirán teniendo valor dentro de un siglo.

Le llaman filósofo, y puede que eso signifique alcanzar un pensamiento atemporal, como los clásicos que lideran su mente. Su extroplación de las ideas de Séneca a nuestros tiempos a la vez que defiende una buena tarde de western seguirán teniendo valor dentro de un siglo. Fernando Savater, donostiarra anclado en San Sebastián, responde con la claridad del que no teme, quizá porque lo que más temió que pasara ya ha sucedido.

Venía escuchando «My Way», de Sinatra. Habla de «pocos arrepentimientos», algo me dice que usted opina igual.

Los estoicos consideraban el arrepentimiento como algo malo. El hecho de mejorar es positivo, pero el dolor por el pasado, no. Hay cosas que ahora nos parece que no tienen sentido pero cuando se hicieron posiblemente sí lo tenía.

¿Se considera más estoico que epicúreo?

(Risas) Bueno, Séneca era una mezcla de las dos cosas. Él recomendaba a veces cogerse una buena borrachera.

Igual es necesario distanciarse con un buen whisky de Malta para poder analizar las cosas en profundidad.

Trato de castigarme lo menos posible, soy amante de muchas cosas.

De las carreras de caballos, por ejemplo. ¿Cómo se detecta a uno ganador en política?

Hay caballos que tienen una estupenda fachada y apariencia...

¿Sánchez, Casado, Rivera...?

No digo nadie (risas). Pero luego ves que esos aparentes en la pista van al trote. En cambio algunos de los ganadores más importantes en apariencia no eran tan lucidos.

Hay que saber analizar bien la musculatura.

Exactamente.

Dice que prefiere western a una película lacrimógena de ancianos con alzheimer. ¿Estamos empachados de sociedad de bienestar?

A mí me ha gustado siempre el cine que suele llamarse de entretenimiento. Me gustan los western e incluso los espaguetti western. Pero el cine sociológico no me gusta nada.

¿Es un poco exagerado desprestigiar cualquier película que sea comercial?

Pues sí. Leer fue mi primer y seguro que último placer que he tenido en mi vida. Ahora, si el primer libro que me hubieran puesto en las manos hubiera sido «En busca del tiempo perdido», de Proust», es probable que no hubiera vuelto a coger un libro.

Confieso que nunca he conseguido terminarlo.

Yo tampoco, y creo que ya no me dará tiempo. Mejor sigo con las novelas policíacas.

Dice que usted no es buen «material político», pero igual nos hace falta un poco de oratoria castelariana...

Soy negado para cualquier tema administrativo, pero sí es crucial que los políticos tengan también una función pedagógica. Un político debe ser capaz de hacer demandas inteligibles. Ser capaz de persuadir y de ser persuadido es función de todo buen parlamentario.

Dice que lo peor de los políticos es que se parecen mucho a nosotros, ¿llevamos el vicio en el ADN?

A los políticos debemos pedirles honradez, no santidad. Estoy convencido de que el 90% de las personas indignadas por la corrupción no tuvieron oportunidad de corromper. UPyD fue el partido que denunció toda la corrupción y la gente no nos votó.

¿Sobrevaloramos el voto útil?

Fíjese en lo que ha dicho, se considera voto útil votar al corrupto. Si a la gente realmente le horrorizara la corrupción habría votado al partido que luchó contra ella.

En su libro «Política para Amador» dice que para los griegos «idiotés» es quien no se metía en política porque solo le interesaba él mismo. ¿Tenían más presente el bien común?

Sí, pero fíjese, los políticos tienen defectos como todos los ciudadanos, pero a veces hay algunos que pueden ser útiles socialmente. Por ejemplo, la vanidad es un defecto, pero hay personas que por vanidad hacen grandes cosas para los demás.

¿El fin justifica los medios con matices entonces?

Mandeville escribió una obra muy interesante: «Vicios privados, virtudes públicas», en la que sostiene que muchas veces el grueso de nuestra sociedad funciona gracias a nuestros vicios. La coquetería femenina mantiene el negocio de la moda, los que somos borrachos mantenemos las destilerías de whisky. Si desaparecieran los siete pecados capitales desaparecería la sociedad.

Hablando de pecados, en sus tiempos mozos dijo que cuando veía a alguien interesante en un bar le decía... «¿Y qué haces luego?» ¿Le resultaría interesante tomarse una copa con Iglesias?

(Risas). Eso lo saqué de un libro de Umberto Eco, que decía que incluso después de una orgía había quien quería un poco de intimidad. No me tomaría una copa con Iglesias. Estudié en una facultad en la que había bastantes Iglesias. Yo era antifranquista, pero el modelo leninista nunca me gustó. Si tengo que tomarme una copa con algún político que admire que sea con Inés Arrimadas.

Vargas Llosa, Marías o Carmen Iglesias reconocieron recientemente en un vídeo su «Coraje civil»... ¿Qué sintió usted?

Que son muy buenos amigos.

Los buenos amigos dicen lo bueno y lo malo, será meritorio entonces...

Una cosa es ser valiente, que a mí me gustaría mucho haberlo sido, y otra cosa es no ser cobarde. En una sociedad en la que en un momento determinado mucha gente lo era, el que no, parecía valiente.

¿No lo fue?

No, porque yo no he tenido miedos físicos: a mí un etarra con pistola nunca me ha dado miedo.

¿Qué miedos ha tenido entonces?

Perder personas a las que quería. Eso me ha dado miedo, sí (se le debilita la voz).

Entiendo que se refiere a Sara. ¿Hay algo que le gustaría haberle dicho y no hizo?

Primero rectificaría lo que dije de manera indebida. Hay cosas que no se van a enmendar nunca, por eso deberíamos tener mucho miramiento. La verdadera ética es la convicción de la vulnerabilidad de los humanos.

Quizá cuando una persona muere crece nuestro nivel de autoexigencia, igual ella se fue con otra sensación...

No lo sé. Son cosas que ya no se aclararán.

Aligeremos un poco. No le gusta el deporte, ¿defiende una musculatura dialéctica?

Pues mira, la palabra gimnasia viene de los griegos. Yo admiro muchos cuerpos en las playas, desde luego sé que nadie admira el mío, pero procuro no estropearlo más de lo que ya lo hice. Creo que unas pautas higiénicas no están mal, siempre y cuando no sea una obsesión.

Hablando de obsesiones a uno le viene la exhumación de Franco a la cabeza.

Exhumar a Franco es una cuestión que tiene muy poca importancia en la vida cotidiana de los españoles, eso es más estética política que otra cosa.

¿Sólo tiene memoria histórica una parte de la sociedad?

Sin duda, un hermano de mi madre –no digo tío porque no le conozco– fue asesinado en Paracuellos y está enterrado en el Valle de los Caídos. Del lado republicano también se cometieron atrocidades y asesinatos.

Usted dijo que para ser liberal o marxista hay que pensar, pero que para ser nacionalista basta con repetir «los de aquí».

El nacionalismo es la ideología al alcance de cualquier individuo. Cualquier ideología política exige unos estudios, pero en el nacionalismo basta con decir: «Somos los mejores». Es para gente cerrada de mollera.

Sin embargo, el letargo intelectual está dando verdaderos quebraderos de cabeza.

Desde la época romana te das cuenta de que la estulticia, la avaricia, la prosopopeya... han existido siempre, no se conoce sociedad con más sabios que tontos. Ese es el reto de la democracia, como todos los votos valen igual la educación es el pilar fundamental. Y sin pedagogía habrá demagogia inevitablemente.

¿Un asesino etarra puede reinsertarse en sociedad?

Conozco etarras arrepentidos que han revertido la situación y han dedicado su vida a defender los valores de la democracia. Pero para eso es necesario un arrepentimiento no ya como algo personal, si no como una condena explícita a ETA.

¿Estamos preparados para el multiculturalismo o es postureo?

En un país como el nuestro es muy importante respetar la cultura de la ley. Si un hombre tiene costumbre de desayunar pescado, bienvenido sea, pero no como costumbre corta el clítoris a sus hijas. Las leyes deben estar por encima de cualquier expresión cultural.

¿Qué lleva en la maleta?

No perdona un día de playa, a pesar de que para Fernando Savater es un «trozo de tierra» entre el mar y sus ojos. Nunca leería allí un libro, ni mucho menos «llevaría el bocata de tortilla», así que en su maleta no falta ropa cómoda para dar una vuelta por el paseo de La Concha y nuevos libros a los que dedicarse antes de salir a tapear «o lo que se tercie»