«Descolocados»: Aunque la mona se vista de seda...

Quizá el personaje más interesante de la serie al margen de la propia Ruth sea Carter, el ex soldado, que descubrirá lo útil que la marihuana resulta para aliviar el síndrome de estrés

Pete, Carter y Ruth en la tienda de cannabis medicinal donde transcurre «Descolocados»
Pete, Carter y Ruth en la tienda de cannabis medicinal donde transcurre «Descolocados»

Quizá el personaje más interesante de la serie al margen de la propia Ruth sea Carter, el ex soldado, que descubrirá lo útil que la marihuana resulta para aliviar el síndrome de estrés.

Es posible que «Descolocados» provoque dos malentendidos. Por un lado, habrá quien al ver que está protagonizada por la gran Kathy Bates y que la ha producido Netflix y que su asunto es la marihuana la tome por una serie innovadora. Pero no. Puede que sus diálogos estén trufados de «Mierda» y «Joder», y que sus episodios incluyan virguerías como anuncios falsos y alguna secuencia de animación y varios números musicales –que, por cierto, dan bastante vergüenza ajena–; pero en realidad es la típica sitcom apolillada, con risas incorporadas a la banda sonora y chistes fáciles y a menudo vulgares. ¿Ejemplo? Una joven asiática habla por teléfono en chino con su madre, y de fondo suenan las carcajadas. Hablar en chino es la monda.

Por otro, y dado que los fumetas suelen ser grandes usuarios de Netflix –están tan puestos que ni pueden usar el mando a distancia, y por eso la reproducción automática les es tan útil–, habrá quien dé por hecho que la plataforma produjo «Descolocados» con ellos en mente. Y tampoco. Pese a echar mano de los chistes porreros más obvios, que transcurra en una tienda de cannabis medicinal es irrelevante. Podría hacerlo en un locutorio o en la consulta de un veterinario.

De hecho, su principal modelo parece ser «Cheers», que rendía tributo al típico bar de barrio al que gente decente va a relajarse y departir con amigos y amantes, y donde todo el mundo sabe tu nombre; los personajes de «Descolocados» se contentan con ponerse finos y perder el tiempo en compañía mutua en el local de Ruth (Bates), antigua activista para quien fumar hierba no es solo una solución terapéutica sino ante todo un acto de rebeldía.

A su alrededor pululan su hijo Travis (Aaron Moten), que acaba de completar un Master en Administración de Empresas; un grupo de empleados que incluye a la mencionada asiática, un jipi que habla con sus plantas, un veterano del ejército con síndrome de estrés postraumático y una muchacha que parece existir solo para ser el interés amoroso de Travis; y clientes habituales como un par de desquiciadas estrellas de internet, una madre de familia que un día entró en el local buscando un alivio y ahí sigue, y el encargado del dojo de al lado, que odia la presencia de una tienda así en el vecindario y suele ser blanco de burlas que no pilla.

Por lo que respecta al argumento, no hay mucho. Travis quiere que su madre adopte técnicas empresariales más pragmáticas –guardar el dinero en un banco y no en el techo, por ejemplo– y trata de hacerle entender las oportunidades de negocio que la marihuana ofrece, y poco más. Los personajes son meras excentricidades andantes, algunas de las cuales son tolerables y otras no, y hablan a todo volumen porque quizá así lo que dicen parecerá más gracioso.

Por lo que respecta a esos supuestos chistes, decíamos, la mayoría de ellos tienen que ver con lo que le pasa a uno cuando está fumado: los fallos de memoria, la motivación reducida, los ataques de hambre..., el tipo de humor que dejó de ser mínimamente transgresor después de que Cheech y Chong abusaran de él hace 40 años.

De hecho, «Descolocados» hace honor a su propio título: parece haber sido escrita por gente que no se ha colocado en mucho tiempo, o que nunca se ha colocado, o que una vez se fumaron un porro de algo que parecía marihuana pero en realidad no era más que tomillo –un aviso: su creador es Chuck Lorre, culpable de perpetrar «Dos hombres y medio» y «The Big Bang Theory»–. Dicho esto, quien la vea fumado probablemente se reirá. Aunque, por otra parte, quien vea «Documentos TV» fumado probablemente también se ría.