Compañeros al fin

En su humillante demostración de poder se gestó una rivalidad que degeneró en casi odio, ahora mitigado por el 28 de abril

Susana Díaz y Pedro Sánchez / Foto: Ke-Imagen
Susana Díaz y Pedro Sánchez / Foto: Ke-Imagen

En su humillante demostración de poder se gestó una rivalidad que degeneró en casi odio, ahora mitigado por el 28 de abril

Por primera vez desde hace casi un lustro, desde el verano de 2014, los intereses de Pedro Sánchez y los de Susana Díaz confluyen. Nada cambió en el mitin ofrecido el sábado con respecto a comparecencias conjuntas anteriores... excepto que lo que siempre había sido mascarada, son ahora sinceros deseos de mutuo beneficio. (Guárdense los entusiastas, eso sí, de recurrir a palabras grandes como «cariño» e incluso «compañerismo», porque la ojeriza es irreversible). El vencedor y la derrotada de las cruentas primarias de 2017 unieron brevemente sus destinos tres años antes, cuando ella maniobró para que él escabechase a Eduardo Madina y lo paseó al día siguiente de su entronización en la secretaría general socialista, calle Ferraz abajo, como atado a un ronzal, igualito que pasea a su lindo caniche la orgullosa ama. En esa humillante demostración de poder se gestó una rivalidad que enseguida degeneró en enemistad, casi odio, ahora mitigada porque el 28 de abril, según la totalidad del millar de encuestas publicadas en los últimos días, ambos se verán en idéntica tesitura: de cabezas de cartel de la fuerza más votada e incapaces de urdir una mayoría parlamentaria. Perdido el poder institucional, Sánchez se amarrará al salvavidas orgánico igual que hace Díaz en el PSOE-A. «No me muevas la silla en Madrid y dejaré de movértela en Sevilla», será la única cláusula del pacto. Un poco como el viejo chiste del paciente que agarra al dentista por la entrepierna mientras, amenazante, pregunta: «¿Verdad que no nos vamos a hacer daño?». Que el uno mire más a Podemos como socio preferente en el futuro y la otra no deje de hacerle carantoñas a Cs es ahora lo de menos. Lo importante son las cosas de comer, es decir, que cada cual coloque a su gente en las listas para las municipales.