El consejero espontáneo

La Razón
La RazónLa Razón

El consejero de Economía y Empleo es una «rara avis» dentro del Ejecutivo. Su perfil es más académico que político, practica más la espontaneidad que la frase recién sacada del argumentario oficial. Tiene cierta gracia, hay que decirlo, en algunos momentos. Aunque las respuestas de «Pepín» –así llaman sus colegas de gobierno a este catedrático de Hacienda Pública– igual no hacen tanta gracia en San Telmo y aledaños. Ayer le preguntaron al consejero en un acto público por las críticas del secretario general de CC OO-A. Carbonero ha dicho que la Junta «no anuncie tanta caridad y cumpla los compromisos con los andaluces». El consejero, en lugar de tirar de manual –lo habitual en estos casos–, ratificó la filípica del dirigente sindical: «La época de la beneficencia ya pasó. Los responsables políticos debemos cumplir el programa electoral y garantizar los derechos de los ciudadanos». Es fácil imaginar la cara que pondrían ayer en altas instancias del Ejecutivo. Beneficencia ha sido precisamente la palabra más utilizada por el Partido Popular para censurar algunas medidas puestas en marcha por la Junta: el proyectado decreto para pagar la luz y el agua a los que sólo tienen un salario social o la medida contra la exclusión que garantiza tres comidas al día a los niños más desfavorecidos. Medidas en profundidad y de calado y menos beneficencia ha sido un mantra repetido en boca de dirigentes del PP, al que ahora se suma también el espontáneo consejero de Empleo. La sinceridad y la espontaneidad son saludables y bienvenidas en política, aunque raramente bien digeridas en los partidos, donde reina la disciplina castrense. Es muy probable que Susana Díaz haga una crisis de gobierno después de coger el timón del PSOE-A. La presidenta estará tomando nota. Y no hay que olvidar que Sánchez Maldonado entró en su Ejecutivo de la mano de Griñán, no de la suya.