El incómodo oleaje de la corrupción

El PP ha retenido la iniciativa con el escándalo sobre las 'tarjetas black' y el dinero que presuntamente ha acabado en un prostíbulo de Sevilla

La Razón
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El oleaje de la corrupción vuelve a romper a las puertas del Palacio de San Telmo –antigua Universidad de Mareantes– después de algún tiempo de cierta calma chicha. Tras el desembarco de Juanma Moreno en Andalucía en el año 2014 el Partido Popular decidió abrir nuevos frentes vista la ineficacia de la ración diaria de los ERE para desalojar al PSOE de la Junta. Si la entrada en prisión tres días antes de las elecciones de un ex director general de Empleo y de su chófer, que declaró gastarse 25.000 euros al mes de fondos de parados en cocaína, no había sido suficiente para provocar una catarsis política y electoral, es que la vía de la corrupción pudiera estar amortizada. O probablemente es que el exceso de pólvora acabó inmunizando a una sociedad que terminó por ver la corrupción como un hecho cotidiano y, por tanto, menor. El caso es que en el PP hubo quien hizo con no pocas razones este análisis y el pistón de la corrupción bajó a medida que crecieron en casa propia algunos fuegos vivos como los papeles de Bárcenas y la cascada de escándalos de la Comunidad de Madrid. A partir de ese momento el Partido Popular se centró primero en la campaña fallida sobre el impuesto de Sucesiones y Donaciones, una vieja y constante reclamación de Arenas que –como se veía venir– la acabó patrimonializando Ciudadanos al exigir a cambio de apoyar los Presupuestos la exención del pago para las herencias de hasta un millón de euros; y después en los recortes y las carencias de la sanidad. Este último frente sigue abierto y espumará a medida que se acerque la manifestación de los sanitarios que tiene convocada Spiriman para el próximo 10 de junio en Sevilla. No obstante, el abanico se ha abierto. La corrupción ha retornado a la agenda política. El Partido Popular ha retenido la iniciativa con el escándalo sobre las «tarjetas black» y el dinero que presuntamente ha acabado en el pago de servicios sexuales en un prostíbulo de Sevilla. El sórdido asunto ha puesto de nuevo el foco en las alcantarillas mal selladas de la Junta de Andalucía. Y el mal olor, como en los momentos de mayor actividad de los ERE o el escándalo de UGT, ha cruzado Despeñaperros hasta el punto que a Susana Díaz la saludaron el lunes los periodistas en Madrid en un foro al que asistió junto a Felipe González y el presidente de Colombia con incómodas preguntas sobre las tarjetas y los prostíbulos. Otra vez la corrupción... Casualidades o no el mismo día apareció en la prensa que el letrado del PP cobra como secretario adjunto en el Consejo de Administración de la RTVA. El PSOE se pronunció sorprendido y enfadado al tiempo que la Radiotelevisión Andaluza abrió inmediatamente expediente. Una carambola que rememora la archiconocida escena de «Casablanca» cuando el capitán Renault acude a cerrarle a Rick el casino. «¡Qué escándalo, aquí se juega!», alega el preboste, mientras uno de sus alguaciles le da su parte de la tarta: «Señor, su ganancia». La noticia no es que el letrado del PP esté en el Consejo de Administración de la RTVA, sino quién no sabía a estas alturas –entró en 2008– que el letrado del Partido Popular estaba en el Consejo de Administración de la RTVA. Igual que están o han estado otros cargos del PSOE con una más que dudosa dedicación completa. ¡Qué escándalo, aquí se juega!... Lo que no es casualidad es que el PSOE se haga el sorprendido con esta información días después de que el PP pise el acelerador con el escándalo de las «tarjetas black» de la Faffe. Igual que no fue casualidad que Susana Díaz laminara a los miembros a propuesta del PP en el Consejo Consultivo justo una semana después de que este letrado pidiera que Susana Díaz declarara como testigo en el juicio de los ERE. A la presidenta de la Junta de Andalucía no le gusta el oleaje de la corrupción a las puertas de San Telmo.