Insectos y otros usuarios de los esqueletos del ladrillo

Andalucía acumula más de 5.000 millones de euros de deuda hipotecaria. Hacia 2006 la construcción empleaba a 600.000 personas; en 2013, en torno a 60.000. Cada vivienda dejada de construir arrojó 5 desempleados directos. El parque de viviendas regional lidera el tope nacional con 4.398.534 inmuebles, estadísticamente más de uno para cada dos habitantes. Según los datos del Pulsímetro Inmobiliario (febrero 2014), elaborado por la Catédra del Instituto de Práctica Empresarial, hay más de 120.000 viviendas nuevas y vacías. Al margen, las desocupadas de segunda mano. El ritmo de drenaje de tal stock está ralentizado. Los expertos prevén que en un futuro los «muertos o esqueletos» serán disfrutados por «personas felices». Los mismos expertos dicen que el gran problema está en los más de 150.000 millones de euros de financiación pendientes de recuperar en suelos de distinta clasificación. Por la situación económica andaluza, la salida de las viviendas muertas depende de la posibilidad de atraer a compradores centroeuropeos con precio y seguridad jurídica. A la espera de su llegada redendora, el documental «Casas para todos», del alemán Gereon Wetzel, testimonia usos actuales de los miles de esqueletos. En la Costa del Sol son utilizados por pandillas de jugadores de paintball; en otros lugares, para dar clases de conducir autobuses, para patinar o para sacar a dar de pastar a las ovejas.