Política

Los amores tardíos

El marqués de Griñón, Carlos Falcó, y Esther Doña / Foto: La Razón
El marqués de Griñón, Carlos Falcó, y Esther Doña / Foto: La Razón

Soy un creyente de que los amores o las pasiones no tienen edad, ni fecha en el calendario –volvemos a las finísimas fronteras que separan ambas situaciones–. En el caso del hombre que acumula más de 30 años de diferencia de edad con su novia o mujer la cosa tiene larga tradición. Hasta estaba bien visto que una joven de buena familia, pero que por los mayorazgos tuviese escasa herencia, se casara con un hombre que acumulara tanto dinero como años. Igualmente era así en una familia humilde casar a una de las niñas con el viudo un tanto achacoso pero que tenía la tienda de ultramarinos del barrio, con lo que al menos la comida la tenía asegurada. En los tiempos actuales todavía se siguen viendo con mayor naturalidad las uniones donde el varón duplica, incluso triplica la edad de su mujer. El cambio es que ahora las juveniles novias se autotitulan modelos, actrices o «it girls», que esto último da para todo . Ahí tenemos al marqués de Griñón y Esther Doña, que empezaron de pareja de hecho y terminaron en matrimonio feliz, sin descartar nada, la marquesa consorte ha afirmado que si ella se propone tener un hijo lo tendrá. No tengo la menor duda, pero falta la ratificación del noble vinatero, para que esto sea posible... Por favor maldades, no. Esta introducción –no sé si en este tema es adecuada la palabra– viene a los muchos comentarios que despertó el romance entre la siempre turbulenta Carmen Martínez Bordiú, a punto de cobrar la jubilación y otras herencias, y un joven australiano, que responde al nombre de Timothy, que se dedica a terapias emocionales–estas cosas las inventaron hace mucho los argentinos–. También es entrenador de la mente, podría ser al tiempo filibustero de líbidos inquietas. Se conocieron en un barco de amigos comunes, un verano en la Costa Azul. No es la primera vez que Carmen conoce a sus amores en las noches de agosto surcando el Mediterráneo, así pasó con el anticuario francés y más tarde con el arquitecto italiano. Pocos de estos amores, con 30 años de diferencia llegan a buen puerto en el caso de la mujer. La Bordiú y su libre vida no miran los tiempos, solo el día a día si compensan los alardes juveniles. De cara a la primavera, que ya está a punto de asomar por las esquinas, conviene tomar el ejemplo de las dos mujeres citadas, en este caso sin desigualdad, las dos representan las dos caras de la misma moneda.