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Otro bolondrón

Hace tan sólo once meses, cuando parecía que se eternizaría como presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz blasonaba de un sistema público sanitario que calificó como «joya de la corona». Cumplida la alternancia, y después de que el consejero Aguirre iniciase la legislatura con la invención del neologismo «bolondrón» para definir el volumen de las listas de espera (trucadas), resulta que ahora han desaparecido dosis de vacuna contra la gripe en cantidades millonarias. Desde hace un decenio, se inflaba el número de vacunados en unos 200.000 pacientes anuales, lo que suponía un alimento a la maquinaria propagandística del SAS y una distracción de fondos que a saber dónde habrán terminado. Resulta, o sea, que la alhaja de la que presumía Díaz era más bien bisutería de latón, brillante si acaso por el afán más allá del deber de un personal que trabaja en condiciones a veces infrahumanas. La hoy ministra de Hacienda, María Jesús Montero, se distinguió durante su permanencia en la Consejería de Salud en esta práctica de estadística creativa, costumbre que ha conservado en el conteo de los dineros del Estado –“Eso es poco, Chiqui, eso es poco”, despachaba la doña un descuadre de 1.200 millones de euros–. Se ha enarbolado el PSOE regional por lo que consideran una deslealtad del PP y anuncian que renuncian a la interlocución con Elías Bendodo, presunto monje negro del Gobierno de Moreno, pero uno más bien se inclinaría a pensar que la filtración ha sido una andanada de fuego amigo contra la persona, contra una de ellas, con la que Ferraz quiere madrugarle el liderazgo a la secretaria general que perdió el poder el 2 de diciembre. Cuarenta años de poder absoluto dejan en cualquier administración un poso de fidelidad que difícilmente se desvanece con el primer cambio de la guardia.

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