Política

La defensa del ser humano y de la honradez marcan la entrega del Reina Sofía de Poesía

El venezolano Rafael Cadenas recibe de manos de Doña Sofía el codiciado galardón en un conmovedor acto

muestra el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana a los invitados en el Paraninfo, ante el aplauso de Doña Sofía, el presidente de Castilla y León, Juan Vicente Herrera
muestra el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana a los invitados en el Paraninfo, ante el aplauso de Doña Sofía, el presidente de Castilla y León, Juan Vicente Herrera

Se la veía feliz: «¡Qué suerte! Ya estamos aquí otra vez». Doña Sofía saludó uno a uno a los cientos de invitados a la entrega del XXVII de Poesía Iberoamericana que lleva su nombre. A las puertas del Paraninfo de la Universidad de Salamanca fue recibida con muestras de cariño de los salmantinos y vítores. Le llamaron guapa y le dijeron a voz en grito cuanto le querían.

«¡Qué emocionante y conmovedor ha sido todo!», repitió al abandonar la capital salmantina. Poco antes había entregado el premio de poesía más importante del mundo hispano y Portugal a un poeta de hondura y hombre bueno. Rafael Cadenas recibía emocionado a sus 88 años el codiciado galardón. El acto se celebró este año por primera vez fuera del Palacio Real de Madrid. En el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, por coincidir con el 800 aniversario de este Estudio General.

Rafael Cadenas jugó con la «s» de Sofía que es la «s» de sabiduría, y dejó claro que coger un avión en Caracas y aterrizar en Madrid a su edad, compensaba todas las fatigas por estrechar la mano de la Reina Sofía y encontrarse en la primera Universidad del mundo hispano.

«Ensalzar la poesía es la mejor manera de reivindicar al ser humano», recalcó con la voz pausada y empañada de sentimiento este poeta venezolano que representa una de las voces más valientes y más libres de la Literatura Iberoamericana.

«Nacionalismos abominables»

Rafael Cadenas no se mordió la lengua, una vez más. Denunció la situación de Venezuela, la falta de libertad y la tiranía, y acabó su intervención: «los nacionalismos son abominables: traen miseria y odio; dividen y aniquilan».